Martes 4 de octubre de 2022

Mons. García: Los abuelos, raíces a las que aferrarse para que la vida crezca linda

  • 27 de julio, 2022
  • San Justo (Buenos Aires) (AICA)
En la festividad de San Joaquín y Santa Ana, el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, presidió una misa por el "Día de los Abuelos".
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Organizada por la Pastoral de la Tercera Edad y presidida por el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, en la tarde del martes 26 de julio se celebró en la parroquia San Roque González, la misa por el Día de los Abuelos, en honor de San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús.

En su homilía, el obispo preguntó: "¿Hay acá algún viejo? No hay ningún viejo, acá hay sobrevivientes de la juventud, que es muy distinto. Viejos son los trapos, viejos son los muebles. Puede ser que haya algún antiguo, bromeó.

"Viejo suena feo, viejo suena a lo que no sirve. Nosotros no somos ni muebles, ni trapos, ni cosas. Así que decir 'viejo' es un insulto, es una falta de respeto".

"Cuando se habla de viejos, lamentablemente dicen eso los que no pasaron los años en su vida todavía, y no pueden descubrir que también en este paso de los años, que todos inevitablemente vamos a tener, se va encerrando una historia".

"A medida que pasan los años, vamos acumulando historia, ¡y qué historias! Si nos pusiéramos a preguntar a cada uno de ustedes sus historias, cuántas cosas descubriríamos, con cuántas cosas que contaran muchos de ustedes nos quedaríamos sorprendidos, con cuántas cosas nos quedaríamos admirados, y con cuántas cosas tendríamos ganas de dejar que las lágrimas se suelten. Mucha historia: lo que vivimos, lo que amamos, lo que luchamos, lo que sufrimos, y también esos silencios que tantas veces tuvimos que hacer para que la vida de los otros siga andando", destacó.

"Muchos de ustedes han criado familias, de sangre y de corazón, de esa que no viene sino que se elige, y cuando se elige desde el corazón, uno no va al shopping de los hijos y de los nietos a buscar al mejor y al más caro, uno va a la vida y elige al que quiere depositar su propia vida, porque lo lindo y lo grande es que a esta edad, lo más fuerte que tenemos para dar es la herencia. No la del banco, sino la otra: la herencia del corazón, que ya aprendió muchas cosas y que está 'de vuelta' de muchas cosas, que va oliendo la vida sin decir nada, y que va sabiendo: 'esto va por acá, esto va por allá'".

"Esta herencia es la sabiduría de los ancianos, dice el papa Francisco, que no se aprende en los libros, se aprende viviendo, se aprende pariendo vida, se aprende pariendo dolor, se aprende apretando los dientes muchas veces, se aprende acompañando, a veces incluso hasta el borde del precipicio para pegar el último agarrón y decir 'hasta acá te dejé llegar pero no puedo más'".

"Nuestro lugar es ese, no el de los viejos que se arrinconan, es el de los sabios por la historia vivida que hay que aprender a mirar, no solamente a escuchar, hay que aprender a mirar la vida de los otros y que la vida del otro le diga a mi vida muchas cosas".

"Qué lindo que la iglesia esté llena, que podamos juntarnos, que comencemos la misa cantando con mucha alegría y con mucha fuerza. No hay que resignarse al lugar en el que nos quieren poner, sino que hay que ser capaz de decir: Este es mi lugar y aquí estoy".

"Somos las raíces a las que hay que aferrarse para que la vida crezca buena, la vida crezca linda, la vida crezca con esa savia de la memoria, de la historia y de la sabiduría que tienen las raíces. Pasarle la sabiduría a los jóvenes que 'se las saben todas' y así vienen los porrazos. Seguir pasando la savia de la sabiduría, de la vida vivida, la savia de las alegrías que llenan el corazón, y también de los dolores vividos con fe y con esperanza, que no derribaron la vida porque sigue en pie".+