Miércoles 27 de enero de 2021

Mons. Fernández ordenó dos nuevos sacerdotes platenses

  • 24 de noviembre, 2020
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de La Plata les recordó a Mariano Dobler y Carlos Rivero Cecenarro que son ordenados curas, principalmente, para consagrar la Eucaristía en la misa y absolver los pecados.

El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, ordenó sacerdotes a los diáconos Mariano Dobler y Carlos Rivero Cecenarro en el marco de una misa celebrada el 21 de noviembre en la catedral platense y transmitida en vivo por redes sociales.

“Quiero recordarles que, si uno se pregunta para qué están los curas podríamos dar muchas respuestas, porque hay curas muy distintos entre sí, y hacen muchas cosas diferentes. Pero en algún momento hay que preguntarse: a ver, ¿qué puede hacer un cura que no pueda hacer otro?”, planteó en la homilía.

En ese sentido, el arzobispo platense detalló que “son ante todo dos grandes cosas: consagrar la Eucaristía, en la misa, y absolver los pecados”.

“Para eso recibe la ordenación, y si no es ordenado cura puede hacer mil cosas, pero no puede hacer esas dos. La Eucaristía, es la presencia real de Jesús que viene a alimentar a su pueblo. Y el cura es instrumento para que el pan de vida llegue a los demás”, subrayó, al tiempo que indicó que “desde la Eucaristía toma su mayor sentido la preocupación social del cura y el ministerio de la caridad”.

Tras aclarar que “el cura no puede dejar de dar ante todo el alimento espiritual, y sobre todo no puede negarles a los pobres ese alimento que les da consuelo, fuerzas para seguir adelante", afirmó que "no hay que separar nunca la animación espiritual del compromiso social porque separándolas se empobrecen las dos dimensiones”.

Monseñor Fernández instó a los ordenados a que “vivan cada misa, con el corazón necesitado y déjense sostener por Jesús, y en cada misa descansen y recuperen el sentido de su sacerdocio. No importa cuántas veces la celebren sino que cada vez sea la fuerza y el alimento y nunca una obligación”.

“Esta unión tan especial entre el cura y la Eucaristía no se borra más, porque es la gran marca que el ordenado lleva dentro, es parte esencial del ‘carácter’ del orden sagrado”, agregó.

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El arzobispo platense les recordó que “la ordenación también los capacita para absolver los pecados, y eso es maravilloso” y les pidió que “no le cierren a nadie esa fuente de la gracia y la misericordia”. También les recomendó que se equivoquen “por ser demasiado comprensivos pero nunca se conviertan en un juez despiadado, nunca hagan sufrir a nadie por favor. Para eso no están los curas”.

“No se conviertan nunca -les pidió- en profesionales, que tratan de demostrar sus capacidades, que necesitan sentirse reconocidos, que buscan un sueldo, o que anhelan ocupar un lugar en la arquidiócesis o en la sociedad. No sigan malos consejos que terminan bastardeando y volviendo mediocre el ministerio”.

El arzobispo los animó a que más bien “vivan su sacerdocio como instrumentos confiados en las manos de Dios, con una infinita confianza y que se realice en ustedes esa figura preciosa del sacerdote que: cuida, protege, alimenta, educa, orienta,  acompaña, espera y comprende, consuela y da esperanza”.

Por último, monseñor Fernández les recordó a los nuevos sacerdotes que “el orden sagrado que ahora reciben, entonces, no es el título que ganaron al final del Seminario, qué superficial sería eso”, sino que “es la semilla que Dios planta ahora con su gracia, y a partir de hoy recién comienza la maravillosa aventura del sacerdocio, sin mirar atrás”.

» Texto completo de la homilía

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