Lunes 14 de junio de 2021

Mons. Cargnello llamó a las autoridades a "abrir las puertas a Cristo"

  • 8 de junio, 2021
  • Salta (AICA)
Con una misa presidida por el arzobispo, monseñor Mario Antonio Cargnello, la arquidiócesis de Salta celebró el 6 de junio la Solemnidad de Corpus Christi.
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El arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, presidió el 6 de junio la misa en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. 

La celebración tuvo lugar en la catedral del Señor y Virgen del Milagro, y el arzobispo dedicó su homilía al misterio de amor ofrecido por Jesús en la última cena, "a través del cual perpetúa su presencia, la presencia de su máxima entrega al hombre desde el corazón del Padre que lo ha enviado para estar así, entregado totalmente en su Pascua, en todo tiempo y en todo lugar".

En ese sentido, recordó: "Jesús les dice a los apóstoles: 'Vayan y preparen el lugar', ordenándoles disponer todo para la celebración de la comida pascual. Ahí el Señor se quedó con nosotros, para hacerse no sólo de toda la humanidad, sino de cada uno de nosotros, para ser para ti y para mí, para mostrar la relación interpersonal que desde el corazón del Padre Dios quiere establecer con cada uno de nosotros. Dios busca a los hombres como un amigo busca a su amigo", aseguró.

Al referirse al misterio de la Eucaristía, monseñor Cargnello consideró que "cuanto más se contempla más profundo aparece el océano del amor". "El misterio acontece en un banquete, en una comida que anticipa la Muerte y la Resurrección del Señor. Él ha querido quedarse en el banquete de la Eucaristía, que a su vez, anticipa el banquete definitivo del Cielo en el cual nos encontraremos con el Padre, el Hijo y el Espíritu", añadió.

"Es un banquete de vida, de dignidad y libertad, es un banquete de fraternidad, que une el pasado con el futuro en un presente que se carga de sentido, porque es un banquete que me da el Sacrificio mismo de Jesús, que muere y resucita por nosotros. Toda la fuerza del amor de Cristo en la Cruz se nos entrega en la Eucaristía", sostuvo. 

Por eso, desde una actitud contemplativa, "que no puede ser sino de agradecimiento, de adoración, de disponibilidad", animó a reflexionar: "¿Qué quiere decirme Jesús en la Eucaristía en este día, en este tiempo? ¿Qué quiere decirme en esta circunstancia especial como es la de la pandemia, que tiene características que parecen inéditas?", planteó.

"¿Qué nos puede decir el Señor? En primer lugar nos da la certeza que Él no nos va a abandonar, está con nosotros. Es una provocación a renovar la fe y la confianza en Él. Él va guiando a la humanidad y no nos va a soltar la mano en estas circunstancias", aseguró.

Y a pesar de los fallecidos a causa de la pandemia, "el Señor no nos ha abandonado", afirmó. "Desde esta certeza podemos ponernos de pie y preguntarle ¿Qué quieres de nosotros? ¿Cómo podemos servir a la humanidad nosotros que tenemos la certeza de tu cercanía?". E invitó a "ser testigos de esa Presencia, siendo testigos del amor de Dios que da su vida y se pone al servicio de los demás".

"Es necesario que, desde la experiencia del amor de Dios que nos convoca a todos a reunirnos alrededor de  la mesa de la Eucaristía, nos preguntemos cómo podemos cultivar responsabilidades y actitudes que ayuden a encontrar prontamente la solución al problema", consideró.

Y en primer lugar, alentó a una actitud humilde, para poder "estar abiertos al descubrimiento de la verdad científica, que puede ponerse al servicio de una curación, alguna vez definitiva, de esta enfermedad", porque "la soberbia no nos ayuda, no ayuda a nadie de la humanidad". Por eso, instó a "recurrir a Dios para que nos ilumine; a la oración, pedir ayuda a los hermanos y pedirle ayuda a Dios".

"Una segunda actitud que debemos cultivar es aceptar que nos necesitamos mutuamente. Es un grito que surge de la misma realidad. El llamado a vencer las divisiones entre nosotros. Cuando se encara sólo desde la perspectiva puramente económica, que quiere lucrar con la misma enfermedad, como de la perspectiva política, que quiere fanfarronear con supuestos logros o atacar desde supuestas debilidades, nos mostramos pusilánimes y somos destructores", lamentó. "La Eucaristía nos invita a ser humildes y abiertos a los demás, capaces de grandeza y magnanimidad".  

Dirigiéndose a los jóvenes en particular, el arzobispo animó: "Como aquellos jóvenes hebreos de la primera época de la historia de la salvación, son ustedes los que están llamados por el Señor a asumir este dar la vida de un modo nuevo, dando la vida de Jesús".

"Aprovechen este tiempo para pensarse a sí mismos como constructores de un mundo distinto. Aprendan a decir que ¡No! a lo que frivoliza la historia, su propia historia, su propia vida. Aprendan a descubrir el valor de la santidad como camino que hace que la vida tenga sentido y capacidad de transformación", alentó. "Aprendan a saber, a formarse para poder dar y poder servir de verdad con una actitud fraternal. De un modo particular, escuchen  el llamado a la santidad, que se hace un grito desde la Eucaristía. Es el Señor que se hace presente, que se dirige al discípulo amado que se puso junto al Corazón de Cristo en la Última Cena para escuchar la fuerza del latido de ese corazón que estaba dándose todo, para todos nosotros".

Finalmente hizo un llamado a las autoridades: "La disposición del decreto presidencial de necesidad y urgencia entierra la posibilidad de celebrar la Eucaristía. Yo me atrevo a pedir que se revise eso, por muchos motivos: porque el concepto de salud no puede negar lo religioso como un elemento que hace a la salud integral de las personas".

"Basta escuchar a la gente que viene a nuestros templos o al templo de algún otro culto u otra religión. El número de personas que se sienten afectadas profundamente por no poder rezar en sus templos, por no poder celebrar su fe es alto", señaló. "No teman. En su inmensa mayoría, los sacerdotes hemos respetado, seguimos respetando y vamos a respetar las disposiciones de los protocolos. No es posible que no vean como salvación para la gente y no se descubra la bondad del hecho que la gente se siente en un templo, tomando las distancias, abriendo las ventanas de los templos para pedirle a Dios, que es el Señor de la historia".

"Es necesario abrir la mente también, es parte de la humildad que nos permitirá salir adelante. Entiendo que se quiera ver desde pretendidas reflexiones de base científica, pero cuando se habla de las personas no hablamos de números simplemente.  Es necesario vencer todo falso temor a Dios. Nunca podremos olvidar el clamor del papa San Juan Pablo II, cuando comenzó su pontificado, el 22 de octubre de 1978: ¡No teman, abran las puertas a Cristo!", exclamó.

"No pedimos nada excepcional, sólo que la gente que todos los días va a las confiterías, va a las canchas de fútbol –jugadores- puedan estar aquí sin tocarse, tomando las distancias. Y de parte nuestra, limpiando el templo, los muebles y las imágenes y los pisos, como lo hacen nuestros voluntarios, ofreciendo el alcohol y la alfombra con lavandina para que se cuiden todos. Desde el corazón de la Eucaristía, éste es un ruego a quienes nos gobiernan", concluyó.+