Jueves 30 de junio de 2022

Mons. Buenanueva: La Santísima Trinidad, profunda relación de amor, diálogo y alegría

  • 14 de junio, 2022
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre el Evangelio de este domingo en el periódico "La Voz de San Justo".
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Con el título "Estupor", el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, introdujo su tradicional reflexión sobre el Evangelio en el domingo de la Santísima Trinidad.

El prelado comenzó su columna citando un pasaje del Salmo 8: “¡Señor, nuestro Dios, que admirable es tu Nombre en toda la tierra! Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? …”.

Al respecto, recordó que en su primera encíclica, san Juan Pablo II señaló que “ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre”, que experimentaba ya el salmista (como todo genuino orante), “se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo".

Y señaló: "Terminó el tiempo pascual. La fiesta de hoy -la Santísima Trinidad- recoge ese impulso que nos ha hecho cantar Aleluya: damos gloria al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo; un solo Dios en tres Personas, tan unidas como diversas, en profunda relación de amor, diálogo y alegría".

"Es el Dios que nos ha salido al encuentro, nos ha buscado y no deja de desandar todos nuestros caminos. Y lo hace una y otra vez, por su Espíritu y su Hijo que resucitó, no para alejarse, sino para estar más adentro de nuestra historia humana; de nuestras oscuridades, no menos que de nuestras esperanzas y proyectos", explicó.

"Sí. Hoy sentimos estupor. Porque Dios nos ha revelado su Rostro trinitario y, al hacerlo, nos ha mostrado la hondura de nuestra dignidad como seres humanos. Y, el estupor se vuelve oración, canto y danza: '¡A Ti, Dios amor, la gloria y el honor! Tu alegría y tu vitalidad trinitaria se han hecho nuestras, transfundidas por la Sangre de Cristo. Que, según Él mismo lo prometió, el Espíritu nos introduzca en la Verdad completa, la que nos hace libres. Somos tu imagen, tus hijos. Que nos sintamos hermanos. Aquí en la tierra y, un anhelado día, en la bienaventuranza del cielo. Amén'", concluyó.+