Viernes 7 de mayo de 2021

Mons. Barba destacó la Vida Consagrada de la diócesis

  • 2 de febrero, 2021
  • San Luis (AICA)
Al celebrarse la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el obispo de San Luis, monseñor Gabriel Barba, envió una carta a los consagrados de la diócesis.
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El obispo de San Luis, monseñor Gabriel Bernardo Barba, envió una carta al celebrarse el 2 de febrero la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que en la Argentina tiene su día el 8 de septiembre.

“Solo han pasado unos pocos meses de mi asunción como obispo de San Luis -expresa- y en este corto plazo, apenas si hemos podido conocernos con una primera aproximación en mis visitas por las casas religiosas y en mis encuentros con las distintas formas de vida consagrada, es decir, las que su consagración no implica la vida comunitaria, como el Orden de Vírgenes e Institutos Seculares. A algunos de estos últimos los he descubierto en mis visitas por las parroquias, lo cual me ha alegrado mucho saber de su presencia”.

“El tiempo por venir nos permitirá encontrarnos, conocernos en profundidad y reconocernos como compañeros de camino. Ese es mi gran deseo”, afirmó.

“En el año 2019 -recordó-, nuestro papa Francisco compartía en su mensaje a la Vida Consagrada esta reflexión: Simeón dice: «Mis ojos han visto la salvación» (Lc 2,30). Ve al Niño y ve la salvación. No ve al Mesías haciendo milagros, sino a un niño pequeño. No ve nada de extraordinario, sino a Jesús con sus padres, que llevan al templo dos pichones o dos palomas, es decir, la ofrenda más humilde (cf. v. 24)

Simeón ve la sencillez de Dios y acoge su presencia. No busca nada más, pide y no quiere nada más, le basta con ver al Niño y tomarlo en brazos: «Nunc dimittis, ahora puedes dejarme ir» (cf. v. 29)”.

Al respecto, afirmó: “Ustedes son este don de Dios. Son profecía de la sencillez. Exaltación de lo pequeño. Grandeza de lo escondido, en donde Dios pone su mirada y nos ayudan a mirar con los ojos de Dios levantando y extendiendo nuestras miradas desde sus carismas y dones propios. Profetas de la sencillez. Alegría y vida que enriquece a la Iglesia”.

“Siento que todavía, en la Iglesia, a muchos les falta terminar de conocer la grandeza de la presencia de la Vida Consagrada con toda su riqueza y amplitud, y la limitan solo a la Vida Religiosa, cuando en realidad es mucho más que esa forma propia”, advirtió. “Por eso me parece importante catequizar y catequizarnos poniendo el acento en todas las formas de Vida Consagrada. El Espíritu Santo es quien nos va regalando como Pueblo de Dios nueva vida divina, al seguir suscitando carismas locales que se abren a todos, animando a la Iglesia con sus variados dones, carismas que han de ser proféticos para la sociedad toda”.

“Al pensar particularmente en nuestra diócesis, siento como primera misión hacer un camino de conocernos en profundidad, para reconocernos luego; valorarnos y aprender a compartir y caminar juntos”.

“Desde la vida comunitaria y clausura, hasta la más profunda inserción en el mundo desde la consagración individual, cada uno de ustedes con su particular llamado, enriquecen a la diócesis, nos enriquecen… por ello necesitamos profundizar la unidad y comunión. Allí está mi primer servicio para ustedes. Y en ello trabajaré”.

“Debo conocer bien sus carismas, pero al mismo tiempo a cada uno de ustedes, que personalizan y hacen actual ese carisma en su llamada particular. Para eso solo hará falta tiempo. Y ese tiempo ya se ha puesto en marcha”, reconoció.

“Somos parte del Pueblo de Dios que peregrina en San Luis y junto a los sacerdotes y laicos, en profunda comunión seguiremos trabajando para intensificar la misión evangelizadora y hacer una Iglesia viva y presente, que llegue a todos… a cada necesidad y a cada rincón y paraje”.

“Sé que desde el anuncio de mi llegada me tienen en sus oraciones y yo los tengo a ustedes. Quiera Dios que, desde la fe y la comunión nos una la alegría de una amistad fraterna y sincera. De manera especial les pido por una intención muy particular que tiene que ver con los consagrados”.

Y explicó: “Tenemos la gracia de tener en nuestra diócesis dos monasterios. Dos casas de vida contemplativa. Pero una de ellas, la comunidad del Suyuque, de las queridas hermanas Benedictinas, necesita de nuestro especial apoyo y oración para que salgan de este peligro de no contar con suficientes miembros. Necesitan urgente de vocaciones, de mujeres que con alegría encuentren allí el llamado de Cristo. Para ello les encomiendo dos cosas bien concretas: en primer lugar, oración; y unida a ella les pido expresamente el apoyo práctico y concreto que, como Juan Bautista, ayudemos a preparar el camino para el encuentro con el Señor”. 

“Seamos puentes facilitando el acceso a aquellas jóvenes que tienen inquietud y puedan ser posibles vocaciones. Ayudar a que muchas mujeres conozcan el monasterio a través de la participación en retiros espirituales, en cercanía y compartiendo la experiencia con monjas; cada uno desde nuestro lugar asumamos el compromiso de ayudarles a que se acerquen. Este es un pedido muy serio y profundo que confío en sus manos. Oración y acción. Nuestras hermanas benedictinas nos necesitan y este es un momento crucial para que crezca la vida en esa comunidad”.

“Desde ya les doy las gracias porque no dudo que cuento con todos ustedes. Que Dios los bendiga y la Virgen y San José los protejan siempre”.+