Jueves 20 de junio de 2024

Mons. Barba: 'De nada nos valdría dar la vida, si no lo hacemos desde el amor'

  • 21 de marzo, 2023
  • San Luis (AICA)
El obispo de San Luis, en una ceremonia en la catedral de su jurisdicción, ordenó diáconos a los seminaristas Luis Castro, Nicolás Figueroa, Ricardo Prieto y Tomas Baron.
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En una emotiva ceremonia en la catedral de San Luis, los seminaristas Luis Castro, Nicolás Figueroa, Ricardo Prieto y Tomás Baron recibieron de manos del obispo diocesano, monseñor Gabriel Barba, la ordenación diaconal el pasado sábado 18 de marzo.

La Iglesia se vio llena de fieles, familiares de los diáconos y sacerdotes, que llegaron desde todos los puntos de la diócesis para acompañar a estos cuatro jóvenes.

En su homilía, el prelado reflexionó sobre la paternidad divina, acerca de un Dios que “sigue eligiéndonos y caminando a nuestro lado”, y también sobre san José, quien fuera el padre adoptivo de Jesús: “Toda la tradición daba sustento a su ser y a su fe, que compartió desde el silencio de Nazaret junto a su Hijo”.

“Estas ordenaciones diaconales las vivimos en el marco de la novena a San José y casi en las vísperas de su solemnidad. Ha sido elegida esta fecha justamente por san José”, explicó el obispo de San Luis.

“Ustedes han tenido la gracia de rezar y meditar su vida a lo largo de una semana de retiro espiritual, donde se han podido meter como partícipes del misterio de la vida oculta de Jesús junto a su Madre y a su padre”, recordó, destacando que “ a aquel Hijo del Padre Eterno…, a aquel Hijo de José, hoy lo vemos y nos ilumina desde una realidad muy particular, la del servicio”.

“Esta Sagrada Ordenación los coloca canónicamente en un lugar distinto, en una nueva realidad eclesial, la de ser clérigos, por el hecho de la imposición de las manos”, detalló, indicando que “este sin duda es, no solo un cambio como miembros del Pueblo de Dios, sino que los pone en un particular lugar: el de ser servidores, servidores en el amor. De nada nos valdría siquiera dar la vida, si no lo hacemos desde el amor”.

Asimismo, les recalcó que “la jerarquía a la cual pertenecen ustedes a partir de hoy se distingue conceptual y esencialmente de la jerarquía del mundo. Ustedes ya son hombres de Dios al servicio del pueblo. Nada sin Dios, nada sin el pueblo. Nada para ustedes mismos. La jerarquía del Evangelio no es superioridad sino todo lo contrario: inferioridad. Quien quiera ser grande, debe hacerse servidor de todos”.

Por ello, explicó que serán sobre todo testigos del Evangelio, por lo que animó a anunciarlo desde sus propios testimonios de vida. “Ustedes serán entonces servidores y testigos de este misterio del amor de Dios, que sigue dándose sin límites…; esto tiene que reflejar la vida y obra de cada uno de ustedes”.

“Decíamos que este sacramento del Orden que reciben hoy va camino al sacerdocio. Pero tiene sentido y plenitud en sí mismo. Por eso deberán vivirlo a fondo en ese mismo Espíritu de ser como el mismo Jesús ha sido: servidor”, recordó.

Por otro lado, animó: “Tanto la tradición del pueblo de Israel como la misma realidad de José deben ser entonces ese marco que les enseñe a llegar a ser padres, compartiendo esa paternidad del mismo Dios, que se hace providente por medio de aquellos mismos que Él ha elegido haciéndolos protagonistas de la historia, que por su intervención se ha hecho historia y camino de salvación”, animó.

“Si entienden y practican esto… entonces, el diaconado será fecundo y, a su vez, los irá preparando para aquello que también Dios querrá encomendarles a futuro a través del sacerdocio”, aconsejó.

Para finalizar, el obispo agradeció a Dios por cada uno de los diáconos, con sus particulares historias, carismas y tiempos de maduración, “para que todos sean cauce de la Providencia de Dios para con su Pueblo que peregrina en San Luis”.

“No dejen de tener a san José como padre…, para que también ustedes sean como él, verdaderos padres que velan por sus hijos que les han sido encomendados. Cuiden con delicadeza a cada uno de ellos y, sin duda también como San José, no dejen de ser hombres de profunda oración, desde donde se lleva y plenifica toda tarea apostólica”, concluyó.+