Jueves 27 de enero de 2022

Mensaje del Cardenal Mejía al Club Gente de Prensa

  • 3 de diciembre, 2013
  • Buenos Aires (AICA)
Con motivo de la cercana celebración (13 de diciembre) de los 50 años del Club Gente de Prensa, el cardenal argentino Jorge Mejía, de 90 años (el 31 de enero cumplirá 91), que reside desde hace 36 años en Roma y es archivista y bibliotecario emérito de la Santa Iglesia Romana, envió un afectuoso saludo al Club Gente de Prensa al que él estuvo muy allegado cuando entre los años 1957 y 1977 era director de la revista Criterio. El mensaje del cardenal Mejía tiene fecha del 15 de noviembre y su texto fue hecho público por el presidente del Club Gente de Prensa, Jorge Rouillon.
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Con motivo de la cercana celebración (13 de diciembre) de los 50 años del Club Gente de Prensa, el cardenal argentino Jorge Mejía, de 90 años (el 31 de enero cumplirá 91), que reside desde hace 36 años en Roma y es archivista y bibliotecario emérito de la Santa Iglesia Romana, envió un afectuoso saludo al Club Gente de Prensa al que él estuvo muy allegado cuando entre los años 1957 y 1977 era director de la revista Criterio.

El mensaje del cardenal Mejía, fechado el 15 de noviembre y cuyo texto hizo público el presidente del Club Gente de Prensa, Jorge Rouillon, dice:

Mensaje para los 50 años del "Club Gente de Prensa"
Tengo un grato recuerdo de los primeros años del Club, cuando yo me ocupaba todavía de la revista "Criterio" en lo que ahora me aparece como la prehistoria, después de mis 36 años en el Vaticano, dedicado a muchas cosas menos a la prensa. Además, como todos sabemos, entonces, cincuenta años hace, la "prensa" era una actividad bien definida y fácilmente identificada: se trataba de la palabra impresa. Hoy ese don de comunicación entre las personas y los grupos, se ha diferenciado al infinito. O casi. Inútil enumerar los instrumentos de transmisión del propio pensamiento a quien fuera. La lista es ya larga y nadie puede afirmar que no será ampliada (y complicada) en los tiempos que vienen. Si nos comunicamos todavía por el papel impreso, ese mismo papel nos llega y es leído por otros medios a través de recursos cada vez más exquisitos. La misma Santa Sede procura estar a la altura, o por lo menos no quedar demasiado rezagada en esta especie de carrera independiente cada vez más del tiempo y del espacio.

Sin embargo, a lo largo de estas trasformaciones ya difíciles de seguir aunque de ellas todos nos servimos, permanece siempre, a Dios gracias, el valor de base, que es la communicación de un pensamiento a los posibles interlocutores, y hay que añadir en seguida, con la mayor participación de los mismos. No me cabe duda que el venerable Club Gente de Prensa sigue y se adapta a estas nuevas vías de expresión y trasmisión del propio pensamiento. Aquello que llevó a los primeros miembros del Club y a sus fundadores, a encontrarse y colaborar, permanece en lo esencial intacto, si bien esos ilustres pioneros, que tengo bien presentes todavía, no vacilarían en entrar en el nuevo mundo de las comunicaciones electrónicas y de ejercer su tarea, que consideraban desde el principio evangelizadora y apostólica, con los medios actuales. Es lo que hacen, no me cabe duda, los miembros hoy día del mismo Club, sucesores y herederos de aquellos tiempos que hoy nos parecen heroicos.

Un signo de esta continuidad fundamental y propia de la identidad de ese grupo de personas, hoy sustitituidas por otras, es la Misa anual destinada, como corresponde, a poner bajo la protección y a la zaga del ejemplo de Aquel que con los medios de hace cincuenta años, con los contemporáneos más actuales y con los que pudieran eventualmente venir, se comunica siempre. El, que de sí no necesita de ningún medio, porque todo es "abierto a su Palabra y a sus ojos" (cf. Hebr. 4,13), bendice, anima y protege los esfuerzos de los comunicadores del presente. Yo, desde donde ahora estoy y con lo que todavía, a Dios gracias, puedo llevar a cabo, me asocio a esa celebración y encomiendo las actividades y empeños del Club, sirviéndome de los mismos medios que recién ponderaba. Y sé bien que así se me considerará tan presente como hace cincuenta años.

Con los mejores deseos. Ciudad del Vaticano, 15 de noviembre 2013. Jorge cardenal Mejía.+