Sábado 17 de abril de 2021

Los correntinos entregaron a San José el nuevo año pastoral

  • 2 de marzo, 2021
  • Itatí (Corrientes) (AICA)
El arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, presidió el 28 de febrero la misa de inicio del Año Pastoral de la arquidiócesis.
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Con una misa presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, la arquidiócesis dio inicio a un nuevo Año Pastoral, en la casa de la Madre de Itatí.

Este año, el lema elegido, en consonancia con el Año de San José convocado por el papa Francisco, es “San José, con corazón de padre, custodia nuestra fe”.

La celebración estuvo sujeta a las medidas dispuestas por la pandemia, por lo que contó con un número reducido de asistentes y fue transmitida a través de los distintos medios de comunicación.

En su homilía, el arzobispo expresó: “Aquí, junto a Ella, la Señora y tiernísima Madre de Dios y de los hombres, queremos iniciar el Año pastoral en nuestra arquidiócesis, como lo venimos haciendo todos los años”. 

“No queremos dar el primer paso sin Ella, porque en su compañía y contemplándola aprendemos a dejar que el Espíritu Santo ilumine y haga fecunda nuestra vida y actividad pastoral”, reconoció. “Además, el papa Francisco nos propuso dedicar este año a San José, al cumplirse 150 años de la declaración como patrono de la Iglesia Católica, a quien también invocamos hoy para que nos enseñe a responder sin demoras a las inspiraciones del Espíritu, así como lo hizo él aún en situaciones muy difíciles”.

Al mismo tiempo, señaló el prelado, “este año se cumplen cinco años de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, del papa Francisco, donde trata sobre el amor en la familia. Con motivo de esta conmemoración, el Papa anunció la celebración de un Año de la Familia, que se inaugurará en la próxima solemnidad de San José y concluirá con la celebración del Décimo Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Roma en junio de 2022. El Año de San José y el Año de la Familia no se superponen, sino que están estrechamente vinculados entre sí y por ese motivo el Santo Padre encomendó el Año de la Familia a ‘la Sagrada Familia de Nazaret, en particular a San José, el esposo y padre solícito’. Con creatividad pastoral iremos viviendo estrechamente vinculados los dos acontecimientos”.

En el marco de estos “dos simultáneos” el prelado invitó a reflexionar sobre la Familia de Jesús, “con un destaque particular a la figura de San José. Él, junto a Santa María, esposos y padres, ambos a la par se hicieron amorosamente responsables de su hijo Jesús, con el único deseo de hacer lo que Dios quiere y no lo que a ellos les parecía mejor”, destacó. 

“¡Cuántas veces se les hizo cuesta arriba obedecer lo que Dios quería para ellos! Recordemos, por ejemplo, cuánto le habrá costado a San José comprender la voluntad de Dios cuando tuvo que tomar al Niño y a su Madre y huir a Egipto para salvar sus vidas”, ejemplificó. “¡Con qué actitud varonil llevó a cabo esa empresa! Se hizo cargo de la vida de su esposa y de Jesús, los cuidó y acompañó sin perder la confianza en Dios, que jamás abandona a aquellos que confían en Él”.

“Hace mucho que se viene maltratando la identidad del varón y también de la mujer. Desdibujadas esas identidades, sufre la vocación a la maternidad y a la paternidad, dos notas esenciales que distinguen respectivamente a la mujer y al varón. Necesitamos recrear permanentemente la familia como Dios mismo la soñó al crear al hombre a su imagen y semejanza, tal como la recibimos sustancialmente de nuestros padres y abuelos, y está en nuestras raíces culturales y religiosas”, consideró. 

“Somos lo que hemos recibido y solo a partir de allí podemos crecer y madurar. El que corta sus raíces, deja de ser él y se convierto en otra cosa, seca su vida y, al final, la desperdicia y termina siendo infeliz. Por eso es providencial que el Papa nos brinde un año para destacar la figura de san José como un padre que refleja la ternura de Dios; es ejemplo de escucha y obediencia a la voluntad de Dios; se distingue por su grandeza en acoger a María tal como era y como estaba; muestra su valentía creativa para arreglarse con poco, no desesperarse y salir adelante; que trabaja para el sustento de su familia; y con esa capacidad de paternidad madura que goza con el crecimiento de su hijo, mientras él va desapareciendo en la sombra”. 

“¡Cuántas cosas profundas y bellas nos brinda el amor vivido en libertad y verdad! Y, ¡qué daño inmenso causa un pensamiento libertario que pretende romper con todo e instalar nadie sabe bien qué proyecto de ser humano y de sociedad! Empecemos el año contemplando la Sagrada Familia de Jesús, María y José, porque en ninguna otra parte vamos a encontrar valores tan humanos, ni proyecto más humanizador, que el modelo que Dios nos ofrece y que, en medio de la crisis de identidades y de proyectos, aparece cada vez más hermoso y deslumbrante”. 

Y refiriéndose al Evangelio que relata la transfiguración, estableció una comparación: “Así como los discípulos de Jesús tuvieron que pasar la dura prueba de la adversidad, así también le sucedió a José. Al verlo, impresiona su serenidad y su capacidad de enfrentar los contratiempos; cautiva con su inconmovible confianza en Dios, su perseverante resistencia en soportar situaciones de emergencia y precariedad junto con María y con Jesús. ¡Qué bien nos hace contemplar a san José fuerte, resiliente, y totalmente confiado en Dios! Nos anima a convertirnos en este tiempo de Cuaresma, disponiendo nuestro espíritu para iniciar con entusiasmo el año pastoral”, valoró.

Finalmente, invitó a los fieles “a que repitamos juntos el lema que nos acompaña durante este año: ‘San José, con corazón de padre, custodia nuestra fe’”. Y para mantener viva la memoria de estos dos años jubilares, animó, “alternemos al final de nuestras misas alguna de las hermosas oraciones a la Sagrada Familia y a San José que el Papa nos ofrece al final de sus respectivos documentos”.

E implorando a San José la gracia de la conversión, rezó “la bella y profunda oración” que está al final de la carta cuaresmal del papa Francisco: “Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén’”.+