Jueves 11 de agosto de 2022

La "sensibilidad espiritual" de los ancianos rompe el conflicto entre generaciones, dijo el Papa

  • 30 de marzo, 2022
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Continuando con su ciclo de catequesis sobre la vejez, el Papa reflexionó hoy sobre las figuras bíblicas Simeón y Ana que son ejemplo de una vejez "capaz de reconocer los signos de Dios".
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El Santo Padre continuó este miércoles 30 de marzo con su serie de catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, reflexionando en esta ocasión sobre las figuras de Simeón y Ana, dos ancianos que -narra el evangelista san Lucas- en el templo de Jerusalén esperaban ver "al Cristo del Señor". De estos "ancianos llenos de vitalidad espiritual", afirma el Papa, aprendemos que "la fidelidad de la espera agudiza los sentidos",

“Su razón de vida, antes de despedirse de este mundo, es la espera de la visita de Dios. Simeón sabe, por una premonición del Espíritu Santo, que no morirá antes de haber visto al Mesías. Ana iba cada día al templo dedicándose a su servicio. Ambos reconocen la presencia del Señor en el niño Jesús, que colma de consuelo su larga espera y serena su despedida de la vida”, señaló el Papa.

En esta línea, el pontífice destacó la enseñanza “de estas dos figuras de ancianos llenos de vitalidad espiritual” que permite aprender que “la fidelidad de la espera afina los sentidos”.

“Hoy más que nunca necesitamos esto: una vejez dotada de sentidos espirituales vivos y capaz de reconocer los signos de Dios, es más, el Signo de Dios, que es Jesús. Un signo que nos pone en crisis -es ‘señal de contradicción’- pero que nos llena de alegría”, indicó el Santo Padre.

Por ello, el Papa recordó que “el Espíritu Santo ilumina los sentidos” y animó a rezar el himno “Veni Creator Spiritus” para invocar al Espíritu Santo que “encienda una luz para los sentidos”.

“El Espíritu es capaz de hacer esto: agudiza los sentidos del alma, no obstante, los límites y las heridas de los sentidos del cuerpo. La vejez debilita, de una manera u otra, la sensibilidad del cuerpo. Sin embargo, una vejez que se ejercitó en la espera de la visita de Dios no perderá su paso: es más, estará también más preparada a acogerla”, explicó.

De este modo, el Santo Padre pidió tener cuidado de anestesiar “los sentidos espirituales, en la excitación y en el entumecimiento de los corporales, es un síndrome generalizado en una sociedad que cultiva la ilusión de la eterna juventud, y su rasgo más peligroso es el hecho de que esta es mayoritariamente inconsciente. No se da cuenta de estar anestesiada”.

Además, el Papa advirtió el peligro de la influencia de “una sociedad que ejerce principalmente la sensibilidad por el disfrute, disminuye la atención a los frágiles y prevalece la competencia de los vencedores”.

Sin embargo, el Santo Padre reconoció también que “en la vida real podemos observar, con gratitud conmovida, muchos jóvenes capaces de honrar hasta al fondo esta fraternidad. Pero precisamente aquí está el problema: existe un descarte, un descarte culpable, entre el testimonio de esta savia vital de la ternura social y el conformismo que impone a la juventud contarse a sí misma de una forma completamente diferente”.

“De la historia de Simeón y Ana, pero también de otras historias bíblicas de la edad anciana sensible al Espíritu, viene una indicación escondida que merece ser llevada a primer plano. ¿En qué consiste, concretamente, la revelación que enciende la sensibilidad de Simeón y Ana? Consiste en el reconocer en un niño, que ellos no han generado y que ven por primera vez, el signo seguro de la visita de Dios. Ellos aceptan no ser protagonistas, sino solo testigos”, concluyó el Papa.

Luego, el Santo Padre al saludar a las personas de lengua española, pidió que en esta Cuaresma “el Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos espirituales para que descubramos los signos de Dios en nuestra vida y seamos testigos alegres de su presencia en medio del mundo”.+