Martes 16 de agosto de 2022

La Legión de María recordó a Alfie Lambe

  • 1 de julio, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
La entidad evocó a quien fue su iniciador en la Argentina y países limítrofes: un entusiasta joven irlandés que falleció a los 26 años en Buenos Aires en 1959 y está en proceso de beatificación.
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Alfie Lambe hubiera cumplido noventa años el viernes 24 de junio último. Ese día la Legión de María lo recordó en una misa en la basílica del Pilar, en el barrio porteño de Recoleta, y al día siguiente realizó una caminata desde la parroquia de Loreto hasta esa misma basílica para ofrecer otra misa en su memoria.

¿Quién es Alfie Lambe, fallecido en 1959 y recordado con afecto tantos años después en Buenos Aires, donde fue enterrado en el cementerio de la Recoleta? Fue un joven irlandés que inició la Legión de María en la Argentina, de donde la extendió a Uruguay, Paraguay y otros países.

En 2015 se cerró en esta ciudad la fase diocesana de su proceso de beatificación, que ahora se encuentra en Roma en el Pontificio Consejo para las Causas de los Santos.

El viernes 24 de junio se presentaron dos libros sobre su vida: “Palabras de fuego”, de Leonardo Puppio, de Montevideo, Uruguay, y “El apóstol de sandalias y ao po’i”, del padre Pedro Gennaro, director espiritual de la Legión de María en el Paraguay. La ao po´i es una típica camisa bordada de vestir paraguaya, de buena calidad, que no se regala a cualquiera y a Lambe, a quien querían mucho, le regalaron cinco cuando fundó la Legión en ese país.

 La presentación de esos libros se hizo en el Instituto de Cultura Religiosa Superior, calle Rodríguez Peña 1054, donde fue velado Alfonso Lambe cuando falleció, teniendo 26 años, el 21 de enero de 1959. Asistió la embajadora de Irlanda.

El sábado 25, antes de realizarse la XVII caminata por el natalicio de Alfonso, miembros de la Legión de distintos lugares del país se reunieron en una adoración al Santísimo Sacramento en la parroquia Nuestra Señora de Loreto, en la avenida Coronel Díaz y Juncal, y luego compartieron un almuerzo a la canasta alrededor de una larga mesa.

Había hermanos de la Legión de María de varios barrios porteños y de Salta; Rosario, Granadero Baigorria y Villa Gobernador Gálvez(provincia de Santa Fe); Lomas de Zamora, Adrogué –donde funciona el Senatus, consejo superior de la organización en el país; Rafael Calzada, Avellaneda, Derqui, Lanús, Claypole, Florencio Varela, Vicente López, San Isidro, La Plata, Quilmes, Guernica, etc. Había venido también especialmente una legionaria del Brasil.

En las paredes había cartulinas con máximas de Alfonso Lambe: “Debemos llevar la Legión a todas partes hasta que no quede una sola alma alejada de Dios”. “Comprenderán mejor la Legión de María cuando intenten explicarla a otro”, “Piensen que en cada lugar que visitan, María los está esperando para regalarles la gracia por haberla servido”, “Poco importa dónde estamos si Dios está con nosotros”.

En esa reunión, en un clima de fraternidad, hablaron varios de los presentes; entre ellos, Estela Schwerthöffer, de San Isidro, involucrada en la causa de beatificación; el presidente de la Regia Buenos Aires (circunscripción de la Legión en la Ciudad, regiadebuenosaires@gmail.com, 114-557-8442), Mariano Tomatis y José Luis López.

Este último contó que a los 18 años estaba alejado y en contra de la Iglesia, y una vez la que hoy es su esposa lo invitó a una reunión de la Legión. “Me sentí recibido”, dijo, y agregó: “La Legión de María es para que seamos santos y santificar a los demás”. Dijo que “la Santísima Virgen nos invita a desarrollar nuestros talentos… en un tiempo de realidades que parece que nos juegan en contra”. Pidió que María “vaya adelante nuestro” y expresó: “Cuando rezamos la oración final se nos suman todos los legionarios que pasaron por nuestra vida y se nos suman desde el cielo los que ya fueron llamados por Dios”.

Al final de esa reunión, antes de emprender la caminata, se vivió un emotivo momento, al escuchar los presentes una grabación que envió desde Córdoba Alicia Inzúa, una mujer que conoció a Alfonso Lambe en 1957, en la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos, en Olivos, provincia de Buenos Aires. Lambe había citado allí a varias personas un sábado por la tarde. Ella estuvo en el lugar una media hora antes y tuvo el placer de conversar a solas con él. “Me maravilló su forma de ser…transmitía una convicción profunda de su fe”. Más adelante, le encargó a ella y otras mujeres formar grupos en parroquias que él les indicaba. Lo veían casi todos los días y les encargaba tareas. También lo acompañaron en su enfermedad. Siempre estaba sonriente, ni un gesto de dolor o molestia. Las enfermeras se preguntaban qué tenía esa persona que no pronunciaba jamás ni una pequeña queja. “Ahí empiezo a darme cuenta de que ese hermano era un santo”, reflexionó Inzúa.+ (Jorge Rouillon)