Viernes 2 de diciembre de 2022

La Iglesia recordó al padre Carlos Mugica a 40 años de su asesinato

  • 12 de mayo, 2014
  • Buenos Aires (AICA)
Al cumplirse 40 años del asesinato del padre Carlos Mugica, la Iglesia lo recordó con un acto que presidió el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli, en el predio de la parroquia Cristo Obrero, en la villa 31, de Retiro, y una misa en un gran espacio abierto en la villa, que fue seguida de un festival artístico. El purpurado bendijo placas recordatorias y afirmó que el homicidio del Padre Mugica fue un verdadero martirio. Luego hubo una procesión por las calles del asentamiento, que confluyó en un amplio lugar abierto, donde en un estrado levantado cerca de la curva de la autopista Illia, presidió una misa el vicario general de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza. La misa fue concelebrada por los obispos Jorge Lozano, de Gualeguaychú; Oscar Ojea, de San Isidro, Enrique Eguía Seguí, auxiliar de Buenos Aires, y Alejandro Giorgi, auxiliar de Buenos Aires y varios sacerdotes, con mucha gente, a pesar de la lluvia y del clima destemplado.
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Al cumplirse 40 años del asesinato del padre Carlos Mugica, la Iglesia lo recordó con un acto en la parroquia Cristo Obrero, en la villa 21, de Retiro (donde está enterrado, parroquia que continúa la capilla en la cual se desempeñó) y con una misa concelebrada en un lugar abierto de la villa , que fue seguida de un festival artístico.

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, bendijo varias placas recordatorias y evocó al sacerdote fallecido recordando la liturgia del domingo del Buen Pastor, que entrega la vida por su pueblo. Dijo que "nosotros sabemos que el martirio es un don. No se puede buscar un don, un regalo de Dios. Es un regalazo también para la Iglesia y para el pueblo de Dios. El homicidio del padre Mugica fue un verdadero martirio. Mártir de veras por la causa de los pobres".

Luego hubo una marcha de muchas cuadras dentro de la villa 31, que confluyó en un amplio lugar abierto, donde en un estrado levantado cerca de la curva de la autopista Illia, presidió una misa el vicario general del arzobispado de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza. La misa fue concelebrada por los obispos Jorge Lozano, de Gualeguaychú; Oscar Ojea, de San Isidro, Enrique Eguía Seguí, auxiliar de Buenos Aires, y Alejandro Giorgi, auxiliar de Buenos Aires y varios sacerdotes, con mucha gente, a pesar de la lluvia y del clima destemplado.

Bendijeron placas
En primer lugar, hubo un acto de homenaje en el predio de la parroquia Cristo Obrero, donde se había levantado un estrado en el que había algunas placas dispuestas para ser bendecidas. Una de ellas era de Racing Club, equipo del cual Mugica era ferviente simpatizante, que decía "Al padre Carlos Mugica, quien continuará a través del tiempo siendo guía espiritual y modelo de compromiso social de nuestra institución". Cerca había también un cartelón con su foto, el escudo de Racing y una leyenda similar. Y entre los sacerdotes que se aprestaban a participar de los actos estaba el padre Juan Gabriel Arias, párroco en Barracas, quien participa de la conducción de Racing y juega al fútbol aquí y en Mozambique, donde va a misionar y se establecerá a fin de año para ejercer su ministerio.

Otra placa era de Carolina Stanley, ministra de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires (aunque no especificaba esta condición) y otra placa, de mármol, era de la Cámara de Diputados de la Nación "a quien supo enseñar con su testimonio que quien no vive para servir no sirve para vivir", con el nombre de su presidente, diputado Julián Domínguez. Había también otra placa, la más sencilla en su presentación material, de la Vicaría Episcopal para la Pastoral en Villas de Emergencia del Arzobispado de Buenos Aires, que decía: "A 40 años de su muerte, recordamos al padre Carlos Mugica por su entrega a la Iglesia y a los pobres".

El párroco actual
Andaba por allí, mientras iba llegando gente, el párroco, padre Guillermo Torre. Conversando con algunos presentes señaló al padre Mugica como un gran sacerdote, un modelo a seguir, que decidió vivir con los pobres y desde allí acompañar su vida. Consideró que fue muy emotivo "el regreso de Carlos al barrio sus restos" al llevarse sus restos a esta parroquia, por indicación del entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio. "La gente estaba feliz", dijo. Preguntado acerca de la posición del sacerdote sobre la violencia en los años 70, estimó que no hay que magnificar las cosas, que violencia hay y hubo siempre, y hay que verla en un sentido más amplio. Violencia es ir a buscar trabajo y no encontrarlo, ejemplificó. Pero señaló que el documento de los obispos señala que el amor es más fuerte, que el odio ha sido vencido por el amor. Y expresó: "Celebramos la vida de un cura que se jugó y dio la vida por sus hermanos".

El cardenal Poli llegó caminando solo
El primer acto estaba previsto para las diez, pero se fue demorando. A las 10.10 llegó el cardenal Mario Poli, vestido de clergyman, caminando solo. Aparentemente nadie lo estaba esperando y fue caminando en medio de la gente, sin que casi nadie lo advirtiera al principio. Se acercó luego a la tumba y al templo, y varios lo saludaron. Entre otros, estaban los obispos Joaquín Sucunza, vicario general del arzobispado porteño; Enrique Eguía Seguí, auxiliar de Buenos Aires y secretario general de la Conferencia Episcopal; Jorge Lozano, de Gualeguaychú y presidente de la Comisión de Pastoral Social; Oscar Ojea, de San Isidro y presidente de Caritas, y Alejandro Giorgi, auxiliar de Buenos Aires.

Había dos o tres puestos, donde se podía comprar algo para comer o artesanías en madera del Taller San José, y un gran cartelón referido al padre Carlos Mugica y los humildes, de la parroquia Cristo Salvador, de Monte Chingolo. A eso de las 10.20 llegaron una decena de muchachos con otras tantas banderas con el lema Descamisados. Corriente Peronista. Desde el estrado se pidió que se bajaran las banderas para que todos pudieran ver, y este grupo permaneció al costado. Había además algunos pocos jóvenes con camperas con alguna leyenda partidaria, como Nuevo Encuentro, Unidos y Organizados, o Proyecto Nacional (con una foto del vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto recibido por el papa Francisco), pero no era algo significativo dentro del conjunto. En todo caso, sí había algunas remeras más llamativas: eran las blancas o amarillas de algunos servidores que decían sólo "P. Carlos Mugica. 40 años de su martirio". Y no faltaba alguna camiseta de fútbol o remera con leyenda comercial. También había tres o cuatro con uniformes scouts, con Jorge Castagna, dirigente scout de La Paternal.

Los vecinos y la integración del barrio
Los sacerdotes de las villas de emergencia eligieron como lema para recordar al padre Mugica una frase suya: "Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia luchando junto a los pobres por su liberación".

El párroco agradeció a todos los vecinos que habían trabajado en la preparación del acto, poniendo el hombro todos más allá de las ideas, en unidad. Los sacerdotes y algunos presentes encendieron velas que fueron llevadas hasta la tumba del sacerdote recordado. A eso de las 10.35 se saludó la llegada del padre Lorenzo "Toto" de Vedia, con un grupo de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, de la villa 21, de Barracas, y a las 10.40 el párroco cedió la palabra al dirigente barrial Habla Tapia, para que diera un saludo en nombre de los vecinos del barrio. "Esperamos que esto sea muy lindo: el homenaje a Carlos Mugica a los 40 años ", dijo. "Ojalá estemos dentro de 40 años y el barrio sea uno más entre los demás. Carlos Mugica nos invita a superar las diferencias y buscar lo que nos une". Y pidió que siga acompañando y bendiciendo esta lucha para integrar al barrio en todos los barrios de la ciudad.

Un momento antes, había llegado Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, vestido con jean y una campera azul, quien permaneció entre la gente y luego iría caminando hasta el lugar de la Misa. Se vio, también en medio de los presentes, a Felipe Solá, Gabriel Mariotto y Juan Manuel Abal Medina, saludando a algunos, sin distinguirse demasiado. Estaba también Juan Carr, de la Red Solidaria. Y algunos parientes del sacerdote recordado. Arriba del estrado sólo estuvieron obispos y sacerdotes. Había en el estrado varias imágenes de la Virgen: de Luján, de Caacupé, de Guadalupe, del Rosario de San Nicolás, de Río Blanco... que luego fueron llevadas en procesión hasta el lugar de la misa, distante alrededor de un kilómetro.

"El martirio es un don"
A las 10.45, el arzobispo, cardenal Poli, comenzó unas palabras, confesando que no tenía la mejor voz y pidiendo a Dios poder transmitir su mensaje. Recordó los nombres con que había sido bautizado el padre Mugica "porque así Dios lo hizo su hijo: Carlos Francisco Sergio Mugica". Señaló que era el Día del Buen Pastor, y leyó las bienaventuranzas, que se refieren a quienes son perseguidos por practicar la justicia, los que son insultados, que deben alegrarse y regocijarse porque tendrán una gran recompensa en el cielo. "Y también recordamos esta frase del Buen Pastor: "No hay mayor amor que dar la vida por los amigos". ¡Que difícil que es dar la vida!"

"Nosotros sabemos que el martirio es un don. No se puede buscar un don, un regalo de Dios. Es un regalazo también para la Iglesia y para el Pueblo de Dios", dijo. Y afirmó: "El homicidio del Padre Mugica fue un verdadero martirio. Mártir de veras por la causa de los pobres. Así lo revelan los cuadritos que cuando entramos en las casas, en las villas, en los altarcitos, al lado de la Virgen de Luján, de San José, de San Expedito, siempre hay un cuadrito del Padre Mugica. Creo que es el mejor recuerdo, el recuerdo doméstico, los familiares, los que tienen en las casas. Ahí sí que se le reza, se lo quiere, se lo recuerda con cariño".

El cardenal dijo que lo conoció muy poco, que recordaba que iba a veces a jugar al fútbol al seminario, cuando Poli era seminarista. El cardenal se reconoció como "patadura" y dijo que monseñor Sucunza, que estaba a su lado, había jugado más con él.

Poli dijo que conoció a amigos de él, como el padre Héctor Botán, que fue coordinador de los sacerdotes en villas de emergencia y hoy está retirado en el Hogar Sacerdotal. Y él le contó que "cuando estaba la sentencia en el aire, cuando las amenazas iban y venían", sus familiares, preocupados, le sugirieron a Mugica: "Andate del país". Y Botan decía que les respondió: "¿Dónde se ha visto que un pastor abandone a su pueblo?" Reflexionando sobre las villas, el cardenal dijo que él pensaba que tenían que urbanizarse, pero integrándose a los demás barrios. "Aquí se vive, se ama, se trabaja", añadió.

Semillero de vocaciones; no venganza, sino perdón
El cardenal Poli recordó que el cardenal Bergoglio destinó a muchos curas para que acompañaran a quienes viven allí y deseó que sean realidades de unidad, de comunión, de vida. Manifestó que la siembra ha germinado en un semillero de vocaciones para el seminario. "El fruto de su martirio es el Seminario San Juan Bosco. Es un semillero de curas" (se refería a la casa sacerdotal San Juan Bosco, que funciona en la misma parroquia, y donde dan sus primeros pasos muchachos surgidos de las villas que han sentido el llamado de la vocación sacerdotal).

Afirmó que el padre Carlos tenía una gran fe en Dios, amar a Dios sobre todas las cosas y amar a su pueblo. "El Padre Carlos "dijo- enseñó las oraciones, bautizó, celebró tantas misas, casó, acompañó a alguien morir... se entregó de poquito, y el Señor le regaló el don del martirio.

Que el Señor nos conceda esta gracia y que sigamos su ejemplo. Padre Carlos, gracias por tu vida y por tu entrega".

"Finalmente "continuó-, yo me imagino al Padre Carlos en el cielo. Estos días vi un libro por ahí echando la culpa a alguien de su homicidio, vaya a saber. En algún momento se hará justicia. Pero supongamos que el Padre Carlos reciba a alguno de sus homicidas en el cielo: ¿qué le va a decir? ¡Él es cura! Le daría la mano. Lo que está pidiendo es que se convierta, que se arrepienta de lo que ha hecho. Eso es lo que pensamos los curas. Y en el corazón de él está eso. No queremos venganza de nadie. Queremos que se arrepienta y que se salve y que podamos compartir en el cielo. Y me imagino al Padre Carlos abrazándose (si alguno dejó de hacer sombra) con sus homicidas, seguro que se va a encontrar con él.

El arzobispo concluyó diciendo: "Que el Señor conceda a todos este corazón de paz, de paz para todos. Especialmente para nuestras villas". Un momento después, con la misma naturalidad con que había llegado, se había ido, sin que fuera notorio. Alguien comentó que tenía que celebrar misa en la Catedral un rato después.

Pero antes de irse, bendijo las placas y bendijo a todos con una cruz que llevaba un pedacito de ropa con sangre del padre Mugica. Se rezó un Padre Nuestro y un Ave María. A su vez, monseñor Sucunza bendijo unas estampas con una oración del padre Mugica.

Desgrabación del mensaje del Card. Mario Poli

Recuerdos personales: fútbol, asado, homilías, muerte
Luego, unos bailarines y músicos bolivianos, con trajes típicos, interpretaron bailes característicos. Otros músicos, con sombreros negros, tocaron trompetas. Cerca de ellos, Fernando "Pato" Galmarini, ex secretario de Deportes del gobierno de Carlos Menem y suegro del diputado Sergio Massa, bromeó glosando humorísticamente la referencia del cardenal Poli a cómo recibiría Mugica a quien lo mató. Señaló Galmarini, que lo conoció a Mugica, que éste le diría a su asesino que se hiciera hincha de Racing. A su vez, el ex diputado democristiano Angel Bruno dijo que no lo conoció a Mugica en la villa, sino que lo conocía de otros lados, también del fútbol.

Junto a una nuera de la hermana del sacerdote y a otros parientes, estaba una mujer que conoció mucho a Mugica, desde los doce años, Emma Almirón. Contó que ella era de Corrientes y que vino a trabajar a Buenos Aires; cuidaba a una bebita, a una cuadra de la parroquia de Nuestra Señora del Socorro, en Juncal y Suipacha. Empezó a ir a Misa a las 7 de la mañana y la celebraba el padre Mugica. Le impresionó como relacionaba a Dios con los pobres. Y cómo hablaba de Dios: "Era como si escuchara a mi abuela, que no hablaba castellano". Un día ella se fue a confesar. Y más adelante él la invitó a trabajar en la villa. Iban allí a ayudar chicos de colegios pagos. "Yo era la única laburante", comentó. "Aprendíamos mucho con él. Nos reuníamos en la casa de sus padres, en la calle Arroyo (luego se mudaron a la calle Gelly y Obes). Se leía el Evangelio. Era absolutamente exigente con el compromiso. Nos hacía cuestionar qué era ser cristiano". Un compromiso que cada uno canalizaría de distintas formas.

"Lo mataron el 11 de mayo, pero el 5 de mayo había sido mi cumpleaños. El le dio plata a un hermano mío para que hiciera un asado en la villa". Estima ella que había un aire de conflicto en el nivel político, y que era su cumpleaños, y había parientes de ella, pero que además él aprovechó para invitar a muchos amigos, como si necesitara estar cerca de todos ellos. Había una cama llena de carne para el asado. Ella trabajaba entonces en una peluquería. La gente empezó a llegar a una casa de un vecino que tenía más espacio, donde iban a compartir el asado. Lo estaban esperando cuando recibieron la noticia de que lo habían matado. Al rato estaba lleno de periodistas.

Marcha por las calles
Un sacerdote joven, Eduardo Drabble, invitó con entusiasmo a salir en marcha hacia el lugar donde se celebraría la Misa, al tiempo que decía que nada ni nadie podría alejarnos de Cristo. Invitó a caminar "para que todos vean como se festeja en la villa, lloviendo, con frío, el calor lo tenemos dentro".

La marcha se fue organizando, saliendo lentamente del ámbito del gran espacio abierto de la parroquia. Al salir, todos pasaron por un arco de globos con los colores amarillo y blanco de la Santa Sede. Tres religiosas de la congregación de Santa Martha, con largos hábitos blancos, toca y mangas largas, veían salir la marcha. Atienden una guardería para chicos en la villa de Barracas.

"Lo bueno de hoy es que no hay banderas políticas. Pienso que es un acto religioso", expresó Ricardo Busader, de origen árabe, perteneciente a la comunidad maronita, que trabaja en temas inmobiliarios. En realidad, había algunos carteles sueltos de agrupaciones políticas, pero no daban la tónica al acto. Este asistente, que en su época estuvo próximo a funcionarios del gobierno de Juan Domingo Perón, recordaba con agradecimiento que el padre Mugica le iba a llevar los sacramentos, en un departamento céntrico, a un hermano suyo, discapacitado.

La marcha fue primero por calles más amplias, empedradas y con desagües en el centro, y luego se internó por calles de barro, en medio de la lluvia, con restos de basura en algunos lados, con algunos pequeños negocios, iglesias evangélicas,casas de varios pisos y una "carpa católica" donde daban comida preparada por chicos del Hogar de Cristo. Todo en medio de guirnaldas de colores atravesando las calles, dando un ambiente de fiesta.

La misa, el altar cerca de la autopista Illia
Finalmente, tras caminar un rato, lentamente, se llegó a un gran espacio abierto, donde la autopista Illia hace una curva, para aproximarse a la avenida del Libertador. Allí se había montado un escenario. Un gran crucifijo en el centro, una gran bandera argentina y una gran bandera vaticana a ambos costados, una foto del padre Mugica en un costado, un altar en el centro flanqueado por floreros, un coro al costado. Allí presidió la Misa el obispo Sucunza, concelebrando con los obispos Eguía Seguí, Lozano, Ojea y Giorgi, y numerosos sacerdotes. Entre ellos, el vicario para la pastoral en las villas, padre Gustavo Ferrara.

Un camioncito llegó con la imagen de la Virgen de Caacupé, ornado por los colores paraguayos, por hilados típicos, bordados y banderas. Un momento antes de la misa, desde el estrado un vecino saludó la presencia de gente de distintos países: Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia... y mencionó la Patria Grande latinoamericana. También se advertía la confluencia en el acto de personas provenientes de distintos sectores sociales: no estaba limitado a quienes viven en las villas. Algunos presentes se guarecían de la lluvia con paraguas. Otros simplemente la sobrellevaban. Había asistentes en los balcones de casas de tres o cuatro pisos. Este cronista se subió por una escalera externa de hierro hasta el primer piso de una de las muchas casas situadas exactamente bajo la autopista Illia. Desde allí se podía ver bien todo el panorama. Igual, aunque estaba a menos de cien metros del estrado, no se oía bien, en parte por el murmullo de la gente y en parte porque no sonaban muy fuerte los micrófonos.

Morir por ellos
El Evangelio fue leído por el padre José María "Pepe" Di Paola. Con cierta dificultad pudo escucharse desde debajo de la autopista a monseñor Sucunza, que dio la homilía. En un momento, se descolgó de lo alto de la autopista un cartel muy grande, con una imagen del padre Mugica y una referencia a la villa 21, de Barracas. En la homilía, el obispo se refirió, en el domingo del Buen Pastor, a los sacerdotes fallecidos, que no sólo dejan su recuerdo o su obra, cada uno con su estilo propio, sino que en el cielo siguen siendo pastores. Ubicó entre ellos al padre Mugica y destacó el sentido especial de la Misa. Dijo que Dios conoce lo que cada uno de nosotros necesita pero igualmente quiere que se lo pidamos. Y que presentemos en la Eucaristía nuestras alegrías y tristezas a Dios.

Se rezó el Padre Nuestro. Una mamá y sus hijos con un cartel que decía Isla Maciel parecían muy concentrados en el rezo. Entre tanta gente, y sin que sonaran bien los micrófonos, no se oía fuerte el rezo. Había mucho rumor ambiente. Y algunos atrás del estrado o al costado, con trajes típicos o vestimentas y sombreros circenses, parecían estar esperando entrar en el espectáculo posterior más que estar atendiendo a la misa como hacía el grueso de quienes estaban en el centro de esa gran plaza.

Al llegar el momento de la paz, todo el mundo se comunicó, dándose la mano o abrazos, saludo que se extendió como un reguero entre los asistentes.

Luego varios sacerdotes bajaron y distribuyeron la comunión. Se formaron colas para comulgar. Al terminar, se dio la bendición y se rezó a la Virgen de Luján. También repitieron muchos con la estampa la oración del padre Mugica, que dice, entre otras cosas: "Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro; yo me puedo ir; ellos no". Y termina: "Señor, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos. Señor, quiero estar con ellos en la hora de la luz. Ayúdame".

El presidente de River Plate
Terminó la Misa, y más tarde habría un festival artístico, en el cual cantaría el "Chaqueño" Palavecino. En medio de la lluvia, algunos chicos, y no tan chicos, querían fotografiarse con el presidente de River Plate, Rodolfo D´Onofrio. Menos uno, que accedió a sacar fotos a otros pero no quiso sacarse con él, aclarando que era de Boca. Finalmente se abrazó a D´Onofrio y también se dejó fotografiar. El dirigente de fútbol comentó que cuando era joven iba con la Juventud Estudiantil Católica a la villa y colaboraba con el padre Mugica. La villa era más chica entonces. Dijo que le parecía extraordinario que el arzobispado de Buenos Aires reconociera a alguien que hizo tanto por la gente de las villas. Señaló que los clubes como River pueden hacer mucho por la formación e inclusión de los chicos, de los pobres, e informó que había organizado la copa Carlos Mugica, que se jugó allí y que el día anterior habían entregado la copa.

Seminaristas de las villas
Luego, Rafael, un muchacho de 27 años, nos acompañó a dos o tres periodistas y fotógrafos hasta la salida, bajo la lluvia. Originario de otra villa, la 21 de Barracas, lucía piercings en la nariz, en ambas orejas, se fue recuperando de la drogadicción, participa en actividades de la Iglesia y recuerda bien al hoy Papa Francisco, a quien veía con frecuencia y con quien conversaba con confianza en la villa.

Fueron bastantes cuadras y había que conocer dónde doblar para ubicar bien por dónde salir. Unos veinte metros más adelante iba el concelebrante principal, el obispo Sucunza, caminando acompañado por un muchacho. Este chico, de 23 años, proviene de una villa de emergencia y está haciendo su segundo año de una preparación para el sacerdocio en la Casa Vocacional San Juan Bosco, que funciona junto a la parroquia Cristo Obrero. En la misma villa donde en distintos momentos actuaron diferentes sacerdotes -desde el padre Carlos Mugica hasta el padre Julio Triviño- se están formando ahora doce nuevos aspirantes al sacerdocio.+ (Jorge Rouillon)