Viernes 12 de julio de 2024

La Iglesia en Mongolia espera a Francisco con 'entusiasmo y fervor'

  • 30 de agosto, 2023
  • Ulán Bator (Mongolia) (AICA)
En vísperas de su viaje apostólico a Mongolia, el Papa Francisco pidió a los fieles que acompañen su visita con la oración
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El Papa Francisco llamó a los fieles a acompañar de manera especial con la oración su inminente viaje apostólico a Mongolia, al saludar a los peregrinos de habla hispana tras la audiencia general semanal celebrada hoy, miércoles 30 de agosto, en el Aula Pablo VI del Vaticano. El pontífice partirá hacia el país asiático el jueves por la noche, donde pasará cuatro días en la nación asiática para mostrar la cercanía de la Iglesia a sus cerca de 1.500 fieles.

"Mañana por la tarde partiré hacia el continente asiático para visitar a mis hermanos y hermanas en Mongolia. Les pido que me acompañen en este viaje con su oración", dijo.

Abrazar a un pequeño rebaño
"Nos hará sentir el centro de la Iglesia", expresó el cardenal Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator, capital de Mongolia, ante la inminente visita país por parte del Papa Francisco, del 31 de agosto al 4 de septiembre. Se trata de la primera visita de un pontífice a esa nación, donde la comunidad católica representa el 0,02 de la población total.

En una entrevista a los medios vaticanos, Marengo manifestó que la visita del Santo Padre “es una gracia especial y un gran honor. Poder tener entre nosotros el Papa es un don inmenso”. 

El prefecto apostólico de Ulán Bator cree que la presencia del Papa “ayudará especialmente a los fieles católicos mongoles a sentirse verdaderamente en el corazón de la Iglesia. A nosotros, que vivimos geográficamente en una zona del mundo muy periférica, la presencia del Santo Padre nos hará sentir no lejanos, sino cercanos, en el centro de la Iglesia. Y además, será importante para el fortalecimiento de las relaciones entre la Santa Sede y el Estado mongol, que ya son buenas”

Y agregó: “Esta visita es muy importante para nosotros, y por eso hemos querido precederla de la peregrinación con la estatua de la Virgen María que fue encontrada, hace algún tiempo, en un vertedero del norte del país por una mujer pobre no cristiana. Esta estatua visitó las distintas comunidades católicas, donde se rezó el Santo Rosario para invocar bendiciones para este viaje”.

Los católicos en Mongolia son alrededor de unos 1.500, reunidos en 8 parroquias y una capilla. Cinco de ellas están situadas en la capital y las demás en zonas más periféricas. “El 70% de las actividades de la Iglesia se dedican a proyectos de promoción humana integral: desde la educación a la asistencia sanitaria, pasando por la atención a las personas más frágiles. Pero también se ocupa de la vida de fe, que se realiza a través del pre-catecumenado, el catecumenado, la vida litúrgica y la catequesis permanente”, señaló monseñor Marengo.

El cardenal italiano explicó, además, que Mongolia vive en un permanente diálogo interreligioso que “siempre marcó la experiencia eclesial en el país. La Iglesia se encuentra en una situación de absoluta necesidad de relaciones con los fieles de otras tradiciones religiosas”.

La Iglesia católica en Mongolia
El cristianismo llegó por primera vez a Mongolia a través de los nestorianos de antigua tradición siríaca, entre los siglos VII y X. Sin embargo, a lo largo de los siglos siguientes la presencia del cristianismo fue discontinua.

El catolicismo romano se introdujo en el siglo XIII, durante el Imperio mongol. Según el testimonio del fraile franciscano italiano Giovanni di Pian del Carpine, enviado por el Papa Inocencio IV a la corte del Khan en 1245, la antigua capital imperial, Karakorum, era una ciudad cosmopolita y multirreligiosa, y allí estaban presentes los nestorianos.

Por otra parte, el primer misionero católico al que se le permitió entrar en el territorio fue el sacerdote dominico francés Barthélémy de Crèmone, que llegó a Karakorum en 1253, durante una misión diplomática en nombre del rey de Francia.

El cristianismo desapareció del territorio con el fin del dominio mongol en el Lejano Oriente, y reapareció cuando comenzó la actividad misionera en China, a mediados del siglo XIX .

En 1922, el Papa Pío XI erigió la misión sui iuris (“Misión por derecho propio” ) de Mongolia Exterior. Su territorio abarcaba la actual República de Mongolia, y fue tomado en parte del territorio del vicariato apostólico de Mongolia Central, en China (actualmente diócesis de Chongli-Xiwanzi), rebautizado en 1924 como misión sui iuris de Urga .

Tras el establecimiento, en ese mismo año, de la prosoviética República Popular de Mongolia, toda presencia cristiana quedó completamente eliminada.

Tras el fin del régimen comunista y la transición de Mongolia a la democracia, a principios de la década de 1990, se estableció la libertad religiosa, lo que permitió el regreso de los misioneros católicos al país.

En 1992, la recién creada República de Mongolia, nacida de la Revolución Democrática de 1990, estableció relaciones diplomáticas con la Santa Sede, y se creó la misión sui iuris de Ulan Bator, encomendada a los Misioneros del Inmaculado Corazón de María (CICM), de la congregación conocida como Misioneros de Scheut.

La misión fue dirigida desde el principio por el misionero filipino Wenceslao Padilla (fallecido en 2018), designado por el papa san Juan Pablo II en 2002 como vicario apostólico y, luego, como prefecto apostólico de Ulán Bator en 2003.

Cuando los tres primeros misioneros de la comunidad de Scheut llegaron a la capital de Mongolia en 1992, ni un solo católico residía en Mongolia, y el trabajo para la implantatio Ecclesiae (" establecimiento de la Iglesia") tuvo que empezar de la nada, en medio de dificultades lingüísticas y culturales.

Su labor apostólica, y la de las demás congregaciones religiosas que la siguieron, fue sostenida económicamente por la Iglesia coreana y ha dado frutos, como lo indica el lento pero constante aumento de los conversos al catolicismo en el país de mayoría budista, y el interés mostrado por un número creciente de jóvenes católicos mongoles por el sacerdocio y la vida consagrada.

En efecto, en 1995 sólo había 14 católicos mongoles. Los datos más recientes, de 2023, sitúan el número actual de católicos en unos 1.500, distribuidos en ocho parroquias y una capilla, sobre una población total de unos 3,5 millones de habitantes. Están atendidos por un obispo, 25 sacerdotes -entre ellos dos mongoles-, seis seminaristas, 30 religiosas, cinco religiosos y 35 catequistas, todos ellos de unas 30 nacionalidades diferentes.

Como explica el cardenal Marengo, perteneciente a los Misioneros de la Consolata, la historia de la Iglesia en Mongolia en estas tres décadas se puede dividir, a grandes rasgos, en tres fases.

El primer período, de 1992 a 2002 (cuando la Misión fue elevada por el papa san Juan Pablo II a vicariato apostólico), estuvo marcado por pequeños pero significativos avances, sobre todo en el campo del desarrollo humano.

La segunda década, por su parte, vio la formación de las primeras comunidades cristianas locales; mientras que la tercera década estuvo marcada por la ordenación del primer sacerdote étnicamente mongol, el padre Joseph Enkhee-Baatar, en 2016.

En 2020, ya había un instituto técnico católico, dos escuelas primarias, dos guarderías, una clínica médica que ofrece tratamientos y medicamentos a los indigentes, un centro para discapacitados y dos institutos que acogen a personas mayores abandonadas y pobres.

Cada parroquia también ha iniciado proyectos caritativos que se suman a los de Cáritas Mongolia, abriendo comedores sociales e instalaciones de lavado, y organizando cursos vocacionales para mujeres.

La labor de la Iglesia es apreciada por las autoridades locales, lo que ha contribuido a consolidar las buenas relaciones entre Ulán Bator y la Santa Sede.+