Viernes 22 de octubre de 2021

El presbítero Olivero compartió su experiencia en cooperativas sociales

  • 19 de julio, 2018
  • Buenos Aires (AICA)
Durante un encuentro llevado a cabo en la Casa de las Cooperativas, el presbítero Carlos Olivero, referente de la cooperativa AUPA (Acompañantes de Usuarios de Paco), habló sobre la importancia de que exista una ley de cooperativas sociales en la Argentina, como reconocimiento a la labor que llevan adelante estas instituciones con los sectores más vulnerables de la sociedad.
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El presbítero Carlos Olivero, de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, en la Villa 21, de Barracas, conocido como el padre Charly, participó del encuentro "Cooperativismo e Inclusión", que se llevó a cabo en la Casa de las Cooperativas, donde destacó la necesidad de que exista una ley de cooperativas sociales en la Argentina.

Además, consideró que este reconocimiento tendría mucho valor para las cooperativas sociales por el rol y labor que llevan adelante estas instituciones con los sectores más vulnerables de la sociedad.

Participaron de la actividad miembros de diferentes cooperativas sociales y de trabajo. Participó también Mónica Poletto, presidenta de la cooperativa italiana "CDO Opere Sociali", quien compartió diferentes experiencias y explicó los puntos que desarrolla la legislación italiana respecto de las cooperativas sociales.

En este marco, el presbítero Olivero, referente de la cooperativa AUPA ?Acompañantes de Usuarios de Paco, contó cómo se fue gestando la cooperativa desde sus inicios, cuando abrieron uno de los centros de rehabilitación y acompañamiento.

Resaltó la importancia que radica en lograr el reconocimiento de las cooperativas sociales como un actor fundamental en la sociedad a la hora del acompañamiento y la reconstrucción del tejido comunitario devastado por las crisis económicas, políticas y sociales que atravesó la Argentina a lo largo de su historia.

Su exposición comenzó con una breve reseña de la Villa 21-24, en Barracas, donde desde hace muchísimo tiempo vienen haciendo un gran trabajo. "Algo estaba cambiando en la cotidianeidad" afirmó, refiriéndose a la llegada del paco que comenzó a distorsionar el paisaje habitual. Ese fue el puntapié para comenzar a caminar la génesis de un proyecto colectivo que hoy es una cooperativa de trabajo.

"Había personas que quedaban en la calle y la villa nunca tuvo gente en esa situación. Fue ahí cuando entendimos que teníamos que hacer algo y abrimos una especie de centro de día", detalló. El funcionamiento del centro fue en principio efímero, porque de alguna manera, repetía el patrón de las instituciones ya existentes.

"Comprendimos que había una complejidad en los problemas que no podíamos abrazar desde las acciones de un centro de día. No alcanzaba con un psicólogo que charlara con un grupo de autoayuda, con un tallercito y un poquito de deportes", reconoció.

Con esta perspectiva, el plan del padre Olivero junto con un grupo de personas que lo acompañaba, fue un poco más ambicioso, porque había cuestiones que "se les escapaban de la mano".

"Las pibas se prostituían porque estaban desesperadas, contraían sífilis, quedaban embarazadas, los pibes no tenían DNI, no lo podían hacer porque tenían alguna causa pendiente. Cuando decidimos abrirnos y acompañar todo tipo de situación, pasamos de tener 15 pibes y pibas, a tener cientos, muchísimos. Sentían que dábamos respuesta a su sufrimiento", explicó.

La organización y el trabajo a diario
Con quienes están todos los días en los Hogares de Cristo, nombre con el que decidieron llamar a sus refugios, los acompañantes de usuarios de paco llevan un trabajo minucioso que los llevó a tener que afrontar otras situaciones. "En 2009 empezamos a encontrar que personas que acompañábamos tenían tuberculosis. No podían entrar a una comunidad terapéutica porque contagiaban, pero tampoco se bancaban el encierro del hospital. Me acuerdo que encontramos a María Elena en un volquete de basura, inconsciente. La llevamos al hospital, tenía tuberculosis y recuerdo que se escapó 7 veces del hospital. Ese año se sumaba la gripe A y la guardia del Muñiz estaba explotada, era muy difícil que te escuchen. El jefe de la guardia me dijo que no la iban a internar porque no valoraban el tratamiento. María Elena paraba en la calle, en un ranchito con otros chicos, también ella y algunos otros fallecieron por tuberculosis años después porque los hábitos del consumo no les permitía continuar con el régimen de la medicación. No iba a la salita todos los días a tomar el medicamento", relató.

Ante semejante contexto, la disyuntiva estuvo en poder encontrar a las personas adecuadas para que acompañen cada caso particular. "Las mismas pibas y pibes que estaban viniendo, que estaban ordenando su vida y resolver algunas cuestiones, resultó que fueron acompañando. Entonces nosotros empezamos a ver que los primeros que habían llegado y aquellos que eran más complejos, pedían la reconstrucción del tejido social que no se resolvía en una institución con especialistas sino con acompañamiento, amor y paciencia".

La cooperativa como abordaje comunitario
La forma de cooperativa fue impulsada por el ?hermanito? Gustavo Barreiro, que ya tenía experiencia en empresas sociales. "Si en la comunidad somos todos y todos somos importantes, en la cooperativa somos todos socios. Bueno, por la luz que traía Gustavo nos metimos en ese baile", bromeó el sacerdote, explicando el paso que tuvieron que realizar para conformarse como cooperativa. "Fue la herramienta más coherente, con la que nosotros estábamos buscando mucho más que lo que podía hacer una fundación o una asociación civil que siempre termina siendo de un dueño", detalló, y lejos de eso, lo que ellos entendían y promovían es que la cooperativa fuese de la comunidad, porque en definitiva, estaban intentando reconstruir el tejido social comunitario.

"La comunidad se reconstruye alrededor de determinados valores: el perdón, la paciencia, el cuidado y el acompañamiento pero también alrededor de la satisfacción de las necesidades, entonces la forma de la cooperativa era cada vez más clara para nosotros". Así fue como hicieron los trámites y el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) les otorgó la matrícula un tiempo después.

Durante su exposición, el sacerdote planteó que si bien la figura de la cooperativa de trabajo es una buena y gran herramienta para llevar adelante el trabajo diario, no termina de ser clara para este tipo de casos, porque "el fin no es el trabajo sino una reconstrucción del tejido social".

Allí, consideró, está el problema real de las instituciones que a veces no se topan o no entienden situaciones tan particulares y complejas como las que se abordan aquí. Por eso, el consenso que se está gestando es el trabajo para lograr una legislación que contenga a este nuevo actor: la cooperativa social, porque el Estado debe hacerse cargo de las personas que están vulneradas socialmente: "Lo que para las cooperativas de trabajo es un fin, para las cooperativas sociales es un medio", concluyó.+