Lunes 4 de julio de 2022

El Papa: "No existe una auténtica promoción humana sin anuncio del Evangelio"

  • 15 de marzo, 2017
  • Ciudad del Vaticano
"La credibilidad de la Iglesia pasa por el camino del amor misericordioso y de la compasión abiertas a la esperanza y esta credibilidad también depende del testimonio personal, ya que no se trata solamente de reencontrar a Cristo en los pobres, sino que los pobres perciban a Cristo en ustedes", escribió el papa Francisco en el mensaje ?publicado hoy- que envió a los miembros de la Asociación Internacional de Caridades (AIC), -la rama más antigua de la Familia Vicentina-, con motivo de los 400 años de fundación de ese organismo.
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"La credibilidad de la Iglesia pasa por el camino del amor misericordioso y de la compasión abiertas a la esperanza y esta credibilidad también depende del testimonio personal, ya que no se trata solamente de reencontrar a Cristo en los pobres, sino que los pobres perciban a Cristo en ustedes", escribió el papa Francisco en el mensaje ?publicado hoy- que envió a los miembros de la Asociación Internacional de Caridades (AIC), -la rama más antigua de la Familia Vicentina-, con motivo de los 400 años de fundación de ese organismo.

El pontífice recordó en su mensaje a AIC la bula de convocación del año jubilar en la que manifestaba el deseo de que "los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!" y los invitó a seguir este camino.

"Si están enraizados en la experiencia personal de Cristo ?subrayó Francisco- podrán contribuir también a una cultura de la misericordia, que renueva profundamente los corazones y abre a una nueva realidad".

El Santo Padre recordó al fundador de las primeras Cofradías de la Caridad, San Vicente de Paúl, y señaló que "nacen de la ternura y de la compasión del corazón de Vicente por los más pobres, a menudo marginados o abandonados en los campos y en las ciudades. Su trabajo, con ellos y por ellos, quería reflejar la bondad de Dios con sus criaturas. Veía a los pobres como representantes de Jesucristo, como miembros de su cuerpo sufriente; era consciente de que los pobres, también ellos, estaban llamados a construir la Iglesia y, a su vez, a convertirnos".

El Santo Padre recordó que Vicente de Paúl, había confiado el cuidado de los pobres a los laicos, especialmente a las mujeres, y que este compromiso por los pobres se asienta en la confianza en la Providencia de Dios.

"¿Qué es la Providencia si no el amor de Dios, que actúa en el mundo y solicita nuestra cooperación?", explicó Francisco, y los animó a acompañar a la persona en su integridad, prestando especial atención a las precarias condiciones de vida de muchas mujeres y niños.

Seguidamente el pontífice los exhortó a tener una vida de fe. "La vida unida a Cristo, nos permite percibir la realidad de la persona, su dignidad incomparable, no como una realidad limitada a los bienes materiales, a los problemas sociales, económicos y políticos, sino verla como un ser creado a imagen y semejanza de Dios, como un hermano o una hermana, como nuestro prójimo del que somos responsables", escribió el Papa.

Para "ver" estas pobrezas y acercarse a ellas, no basta seguir grandes ideas sino vivir el misterio de la Encarnación, ese misterio tan amado por San Vicente de Paúl, misterio de ese Dios que se abajó haciéndose hombre, que vivió entre nosotros y murió "para levantar al hombre y salvarlo".

"No son solo hermosas palabras ?se lee en el mensaje del Papa- ya que se trata del propio ser y acción de Dios. "Este es el realismo que estamos llamados a vivir como Iglesia. Este es el motivo por el cual no existen una promoción humana ni una liberación auténtica del hombre sin el anuncio del Evangelio porque el aspecto más sublime de la dignidad humana se encuentra en esta vocación del ser humano a la comunión con Dios".

"Confiándolos a la intercesión de la Virgen María, y a la protección de San Vicente de Paul y de Santa Luisa de Marillac", el papa Francisco les envió su bendición apostólica y les pidió que recen por él.

Los orígenes de la Asociación Internacional de Caridades (AICA) se remonta a 1617, año en que San Vicente de Paúl reunió en Châtillon les Dombes, en Francia, a un grupo de señoras, estructurando de esta forma las primeras iniciativas de asistencia a las familias necesitadas de la parroquia. De esta experiencia nacieron distintos grupos que rápidamente se difundieron en Europa y sobrepasaron sus confines. En 1971 con la idea de reunir a todos estas Cofradías nacionales en el mismo espíritu vicentino, se crea la Asociación Internacional de Caridades. Reconocida por la Santa Sede como asociación internacional de fieles.

Las voluntarias de la AIC no se limitan a responder a las necesidades materiales de los pobres, sino que los acompañan también espiritualmente ayudándoles a recuperar dignidad, esperanza, confianza en sí mismos y a integrarse en la sociedad.

La AIC está presente en 51 países distribuidos del siguiente modo: África (6), Asia (6), Europa (14), Norteamérica (13), Sudamérica (10).

Las asociaciones miembros de la AIC gestionan casas para ancianos, escuelas de formación profesional, cooperativas de alimentación; organizan cursos de alfabetización; financian la construcción de escuelas; apoyan proyectos para el acceso al trabajo de grupos con dificultad; actúan en el ámbito de la educación y de la formación de mujeres marginadas.

La sede central se encuentra en Luvain-la-Neuve, en Bélgica y su página web: www.aic-international.org, está disponible en tres idiomas: inglés, francés y español.+