Martes 29 de noviembre de 2022

El Papa a los consagrados: Cuiden y hagan crecer su vocación con "corazón orante"

  • 2 de diciembre, 2017
  • Daca (Bangladés)
Después la visita que el papa Francisco realizó, en la mañana de este sábado 2 de diciembre, a la Casa de las Misioneras de la Caridad en Daca, el pontífice se dirigió a la iglesia del Santo Rosario, catedral de la arquidiócesis de Chittagong, para el encuentro que mantuvo con cerca de 1.500 sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados, seminaristas y novicias, a los que animó a "cuidar la vocación que hemos recibido, como se cuida a un niño, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana".
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Después la visita que el papa Francisco realizó, en la mañana de este sábado 2 de diciembre, a la Casa de las Misioneras de la Caridad en Daca, el pontífice se dirigió a la iglesia del Santo Rosario, catedral de la arquidiócesis de Chittagong, para el encuentro que mantuvo con cerca de 1.500 sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados, seminaristas y novicias, a los que animó a "cuidar la vocación que hemos recibido, como se cuida a un niño, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana".

A su llegada, el Santo Padre ingresó al templo acompañado por el Obispo de Khulna, monseñor Romen Boiragi, el párroco y el presidente de la Asociación de Religiosos de Bangladés.

Después del canto de bienvenida y el saludo del arzobispo de Chittagong, monseñor Moses M. Costa CSC, un sacerdote, un misionero, una monja, un religioso y un seminarista dieron su testimonio al Santo Padre.

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Seguidamente el pontífice entregó el discurso escrito que había preparado para la ocasión para que sea leído después y les dirigió unas palabras improvisadas.

El Santo Padre reflexionó sobre un episodio de la vida de Isaías: "En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel, y ese brote crecerá y crecerá y llenará con el espíritu de Dios, el espíritu de sabiduría, de ciencia, de piedad, de temor de Dios".

El Papa señaló que Isaías "describe ahí lo pequeño y lo grande de la vida de fe, de la vida de servicio de Dios" y pidió aplicarlo a la vida diaria del consagrado.

Recordó que donde hay un brote antes había una semilla, "una semilla sembrada por Dios, y es Dios la que la hace crecer. ?¿Y yo qué tengo que hacer??. ?se preguntó el Pontífice? Regarla para que crezca y llegue a la plenitud del Espíritu".

Para regar esa semilla, "hay que cuidarla, y cuidar el brote cuando empieza a crecer", indicó.

"Cuidar la vocación que hemos recibido, como se cuida a un niño, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana. Si en nuestra comunidad, si en nuestros presbiterios falta esa dimensión de ternura humana, el brote queda chiquito, no crece y se seca. Cuidar con ternura, porque cada hermano del presbiterio, cada hermano de la Conferencia Episcopal, cada hermano o hermana de mi comunidad religiosa, cada hermano seminarista es una semilla de Dios, y Dios la mira con ternura de Padre".

No obstante, Francisco advirtió contra la "otra semilla", la sembrada "por el enemigo, de noche, y entonces se corre el riesgo de que la buena semilla quede ahogada por la mala semilla. Qué fea que es la cizaña en los presbiterios. Qué fea es la cizaña en las Conferencias Episcopales. Qué fea la cizaña en las comunidades religiosas o en los seminarios".

Por ello, animó a estar atentos, "a ir viendo cómo crece el brote de la buena semilla y cómo se distingue de la mala semilla y de la mala hierba".

En este sentido, subrayó que "cuidar es discernir, darse cuenta de que si la riego cada día, la planta crece bien, y si la descuido, crece mal. Solamente se discierne cuando uno tiene un corazón orante. Cuidar es orar. Es pedirle a quien plantó la semilla, a Dios, que me enseñe a regarla".

En su discurso, el Santo Padre también advirtió contra los "enemigos de la armonía" en las comunidades religiosas, y citó una que, según advirtió, es la peor de todas: "el chisme".

"Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos de los otros, pero no decírselo a él. Decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo. Un ambiente en el que no hay paz, hay división", aseguró.

Francisco comparó el hablar mal de los demás con el terrorismo: "¡Es terrorismo! Porque el que va a hablar mal de otro, no lo dice públicamente. Y el que es terrorista no dice: ?soy terrorista?. El que va a hablar mal de otro va a escondidas, tira la bomba, y se va. Y la bomba destruye. Cuando tengas ganas de hablar mal de otro, muérdete la lengua. Lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana".

Por el contrario, sugirió dos maneras de actuar cuando alguien ve un defecto o algo que debe corregirse en un hermano o una hermana: "Puedes, si es posible, decírselo en persona, cara a cara. Y si, por prudencia, no se lo puedes decir, díselo a quien pueda poner remedio, y a nadie más. En privado, con caridad".

El Papa se detuvo en este aspecto y lamentó: "¡Cuántas comunidades he visto destruirse por el espíritu del chisme! Por favor, muérdanse la lengua bien".

Por último, el Santo Padre animó a tener alegría, porque "sin alegría no se puede servir a Dios". "Da mucha pena cuando uno encuentra sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas, Obispos, amargados. Alegría, alegría en los momentos difíciles. Esa alegría que, si no puede ser risa porque hay mucho dolor, es paz".

Al término de sus palabras y luego de una oración mariana, el rezo del Padrenuestro y la bendición final, Su Santidad visitó el cementerio parroquial de la antigua iglesia del Santo Rosario, donde bendijo las tumbas de los misioneros y fieles solícitos que sirvieron a esta Iglesia local.+

» Texto de las palabras improvisadas del papa Francisco

» Texto completo del discurso del Papa a los consagrados

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