Domingo 26 de septiembre de 2021

El Papa invita a cristianos en Jerusalén a testimoniar el amor mutuo

  • 22 de mayo, 2021
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Videomensaje del pontífice con motivo de la Vigilia Ecuménica de Pentecostés en la iglesia anglicana Christ Church en Jerusalén.
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“Hagan realidad el testimonio de la primera comunidad cristiana, pues la unidad de los cristianos en el amor mutuo hoy es más urgente que nunca”, expresó el papa Francisco en el videomensaje enviado con motivo de la Vigilia Ecuménica de Pentecostés organizada por Charis en la iglesia de Christ Church, en Jerusalén, este sábado 22 de mayo.

El mensaje del pontífice fue escuchado tarde en la Iglesia anglicana de Cristo “Christ Church” en Jerusalén, ante creyentes de diferentes tradiciones cristianas, reunidos en la Vigilia Ecuménica de Pentecostés y difundido por VaticanNews. 

El Papa agradece a la iglesia anglicana por su “hospitalidad”; también agradece “a las personas que hicieron posible esta transmisión”, sin olvidarse de su “hermano y amigo el arzobispo de Canterbury, Justin Welby” y “Charis”, el servicio para la Renovación Carismática Católica, organizador de la vigilia cristiana a través de la Comisión que formaron para este propósito, integrada por cinco católicos y cinco miembros de diferentes iglesias y comunidades cristianas.

“Gracias por haberme escuchado y hecho realidad en esta Vigilia la misión que les encomendé de trabajar por la unidad de los cristianos” expresó el Papa.

El Papa comparte en su videomensaje “lo que hay en su corazón”, pensando en Jerusalén, la ciudad santa para los hijos de Abraham: “Pienso en el relato que describe la comunidad de los creyentes en Jesús: nadie pasaba necesidad porque tenían todo en común. Y el pueblo decía de ellos: Mira cómo se aman. El amor fraterno los identifica. Y la presencia del Espíritu los hace comprensibles”. 

“Esta noche, aseguró el pontífice, resuena en mí más que nunca el "miren como se aman"” y señala que es muy triste cuando se dice de los cristianos: “miren cómo se pelean”. De hecho, pregunta al respecto: ¿Puede el mundo hoy decir de los cristianos, de ellos: “miren como se aman” o pueden decir con verdad, “miren como se odian” o “miren como se pelean”?

¿Qué nos pasó?
Francisco se pregunta también: ¿Qué nos pasó?, pues “hemos pecado contra Dios y contra nuestros hermanos. Estamos divididos, hemos roto en mil pedazos lo que Dios ha hecho con tanto amor, compasión y ternura”. Y consideró el pontífice que “todos” necesitamos pedir perdón, al Padre de todos, y también necesitamos perdonarnos a nosotros mismos. 

En su mensaje el Papa explica que, si siempre fue necesaria la unidad de los cristianos en el amor mutuo, “hoy es más urgente que nunca”. 

Miremos el mundo –destacó– “la peste efectó no sólo de un virus, sino del egoísmo y de la codicia que hacen que cada vez los pobres sean más pobres, y los ricos más ricos” y la naturaleza “está llegando al límite de sus posibilidades por la acción depredadora del hombre”.

Esta noche puede ser una profecía
Por último, el Santo Padre asegura que esta noche “puede ser una profecía”, es decir, “puede ser el comienzo del testimonio que nosotros los cristianos, juntos, tenemos que dar al mundo: ser testigos del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. 

Y exhortó a que hagan realidad el testimonio de la primera comunidad cristiana: “miren como se aman”: “Salgan juntos a contagiar el mundo, dejémonos cambiar por el Espíritu Santo para poder cambiar el mundo” dice el Papa.

“Que así sea”
Antes de despedirse Francisco recordó aquella profecía del gran profeta de Israel: "Sucederá en días futuros, el monte de la Casa del Señor se afianzará en la cima de los montes, se alzará por encima de las colinas. Confluirán en él todas las naciones, acudirán pueblos numerosos. 

Dirán: "Vengan, subamos al Monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos, forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará la espada nación contra nación ni se ejercitarán más en la guerra". “Que así sea” concluyó el Papa.+