Martes 29 de noviembre de 2022

El papa Francisco beatificó a Pablo VI

  • 20 de octubre, 2014
  • Ciudad del Vaticano
En la mañana de este domingo 19 de octubre, en la santa misa con ocasión de la conclusión del Sínodo extraordinario sobre la familia, el papa Francisco beatificó a su predecesor Giovanni Battista Montini -Pablo VI. Ante unos setenta mil fieles que colmaban la Plaza de San Pedro, el Santo Padre anunció que la fiesta litúrgica del nuevo papa beato será el 26 de septiembre, fecha de su nacimiento. El papa emérito Benedicto XVI, que fue creado cardenal por el nuevo beato, participó de la celebración.
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En la mañana de este domingo 19 de octubre, en la santa misa con ocasión de la conclusión del Sínodo extraordinario sobre la familia, el papa Francisco beatificó a su predecesor Giovanni Battista Montini -Pablo VI. Ante unos setenta mil fieles que colmaban la Plaza de San Pedro, el Santo Padre anunció que la fiesta litúrgica del nuevo papa beato será el 26 de septiembre, fecha de su nacimiento. El papa emérito Benedicto XVI, que fue creado cardenal por el nuevo beato participó de la celebración.

Durante la santa misa, el Papa usó la casulla que Pablo VI recibió como regalo en ocasión de su 80 cumpleaños y utilizó un cáliz del papa Montini. La reliquia que se presentó en el momento de la beatificación es la camisa impregnada con su sangre, de la ocasión del atentando que sufrió en el viaje apostólico a Manila en Filipinas, el 28 de noviembre de 1970.

Al iniciar la celebración eucarística, el postulador leyó la biografía del siervo de Dios Pablo VI. A continuación, Francisco pronunció en latín la fórmula de beatificación. Al finalizar sus palabras, los fieles aplaudieron y se quitó la tela que cubría el tapiz con la imagen del nuevo beato. Una imagen en la que se lo ve de cuerpo entero, con los brazos abiertos y alzados y encima de los típicos "sanpietrini" romanos.

Homilía del Santo Padre
Acabamos de escuchar una de las frases maes famosas de todo el Evangelio: "Dar al Ceesar lo que es del Ceesar y a Dios lo que es de Dios".

Jesues responde con esta frase iroenica y genial a la provocacioen de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, queriean hacerle el examen de religioen y ponerlo a prueba. Es una respuesta inmediata que el Senñor da a todos aquellos que tienen problemas de conciencia, sobre todo cuando estaen en juego su conveniencia, sus riquezas, su prestigio, su poder y su fama. Y esto ha sucedido siempre.

Evidentemente, Jesues pone el acento en la segunda parte de la frase: "Y [dar] a Dios lo que es de Dios". Lo cual quiere decir reconocer y creer firmemente ?frente a cualquier tipo de poder- que soelo Dios es el Senñor del hombre, y no hay ninguen otro. Eesta es la novedad perenne que hemos de redescubrir cada diea, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.

¡Eel no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostraendonos y llevaendonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre "nuevos". Un cristiano que vive el Evangelio es "la novedad de Dios" en la Iglesia y en el mundo. Y a Dios le gusta mucho esta "novedad".

"Dar a Dios lo que es de Dios" significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su Reino de misericordia, de amor y de paz.

En eso reside nuestra verdadera fuerza, la levadura que fermenta y la sal que da sabor a todo esfuerzo humano contra el pesimismo generalizado que nos ofrece el mundo. En eso reside nuestra esperanza, porque la esperanza en Dios no es una huida de la realidad, no es un alibi: es ponerse manos a la obra para devolver a Dios lo que le pertenece. Por eso, el cristiano mira a la realidad futura, a la realidad de Dios, para vivir plenamente la vida ?con los pies bien puestos en la tierra? y responder, con valentiea, a los incesantes retos nuevos.

Lo hemos visto en estos dieas durante el Sienodo extraordinario de los Obispos ?"sienodo" quiere decir "caminar juntos"?. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traiedo aquie a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesues. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espieritu Santo que guiea y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido.

Por el don de este Sienodo y por el espieritu constructivo con que todos han colaborado, con el Apoestol Pablo, "damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones" Y que el Espieritu Santo que, en estos dieas intensos, nos ha concedido trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad, acompanñe ahora, en las Iglesias de toda la tierra, el camino de preparacioen del Sienodo Ordinario de los Obispos del proeximo mes de octubre de 2015. Hemos sembrado y seguiremos sembrando con paciencia y perseverancia, con la certeza de que es el Senñor quien da el crecimiento.

En este diea de la beatificacioen del papa Pablo VI, me vienen a la mente las palabras con que instituyoe el Sienodo de los Obispos: "Despuees de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los meetodos de apostolado a las mueltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad" (Carta ap. Motu proprio Apostolica sollicitudo).

Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apoestol incansable, ante Dios hoy no podemos maes que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profeetico testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.

El que fuera gran timonel del Concilio, al diea siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: "Quizaes el Senñor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Eel, y no otros, es quien la guiea y la salva". En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduriea y con visioen de futuro ?y quizaes en solitario? el timoen de la barca de Pedro sin perder nunca la alegriea y la fe en el Senñor.

Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la "sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misioen de Cristo", amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea "al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvacioen"
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