Viernes 24 de marzo de 2023

El desafío de caminar juntos: presentaron las conclusiones de la primera etapa del sínodo

  • 14 de octubre, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
La presentación fue encabezada por el presidente de la CEA, quien destacó el "aspecto comunional" de la sinodalidad, que está llamada a ser -subrayó- "el estilo que Dios quiere para la Iglesia".
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Las conclusiones principales de lo trabajado durante la etapa local del Sínodo de la Sinodalidad convocado por el papa Francisco fueron presentadas este jueves durante un acto en la sede episcopal del barrio porteño de Retiro.

La actividad estuvo encabezada por obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Vicente Ojea; el arzobispo de Mendoza y miembro de la Comisión de Animación del Sínodo, monseñor Marcelo Daniel Colombo; y dos integrantes de la comisión de peritos que trabajó durante la etapa de escucha del Sínodo: Isabel Gatti y Guadalupe Morad.

Asistieron el secretario general de la CEA, monseñor Alberto Germán Bochatey OSA; el administrador diocesano de Merlo-Moreno, monseñor Oscar Eduardo Miñarro; sacerdotes, religiosas, miembros de comisiones episcopales, referentes de organismos de la Iglesia, y periodistas.

A través de Zoom, se hicieron presentes en el encuentro monseñor Ángel José Macín, obispo de Reconquista y miembro de la Comisión de Animación del Sínodo; el presbítero Matías Taricco, subsecretario ejecutivo de la CEA, entre otros participantes.

Durante la presentación, se brindaron detalles del modo como se trabajó durante la etapa de escucha, y de los puntos presentados en el documento conclusivo.

"El estilo que Dios quiere para la Iglesia"
Monseñor Ojea destacó el "aspecto comunional" de la sinodalidad, que está llamada a constituirse en "el estilo que Dios quiere para la Iglesia en este tercer milenio".

Dicho aspecto, señaló, "nos une a todos por el bautismo, hace hincapié en el compromiso que tomamos al hacernos hijos de Dios y pertenecer a esta gran familia y aumenta nuestro sentido de corresponsabilidad ante el futuro de la Iglesia; desarrolla el sentido el pertenencia a este cuerpo invitándonos a todos a una mayor participación en su destino e involucrándonos a todos en la misión". En esto consistió la primera etapa de escucha mutua.

En ese sentido, y teniendo en cuenta que "todos los actores son activos según su función", puntualizó que "en el caminar juntos se profundiza esta relación, de algún modo se recupera una Iglesia de relación".

"El pueblo que camina no es un pueblo indiferenciado sino un cuerpo articulado, aprendemos entonces a escuchar al Espíritu escuchando a los hermanos y hermanas; sabiendo que es preciso escuchar antes que actuar para discernir y caminar juntos", afirmó.

Todos llamados a participar
A su turno, Morad detalló el alcance que tuvo esta etapa de consulta, abarcando 71 Iglesias particulares con una escucha abierta y sin prejuicios. El estilo sinodal que se refuerza con esta iniciativa tiene como horizonte ser una Iglesia que camina unida, aseguró, compartiendo ese camino con diferentes confesiones.

Lo que se promueve es el diálogo, la participación y la corresponsabilidad. La sinodalidad, explicó, "está al servicio de la misión de la Iglesia, a la cual todos los miembros están llamados a participar".

Las bases de dicho "caminar juntos", están en la escucha comunitaria de la Palabra y la celebración de la Eucaristía.

Gatti ofreció más detalles de este recorrido que tiene varios desafíos por delante, e hizo hincapié en la deuda de la Iglesia con las periferias. Luego de repasar algunas de las conclusiones, resumió este proceso con una frase contenida en el final del documento de síntesis: "El camino sinodal es un camino lento y muchas veces nos es difícil aceptar los cambios necesarios que descubrimos o entrevemos en la escucha al Santo Pueblo fiel de Dios. Por eso queremos renovar nuestra confianza en el Señor que se acerca y, mirándonos en María, renovar la esperanza. Como ella, también nosotros buscamos guardar y meditar este camino sinodal en nuestras comunidades, salir al encuentro de los demás y proclamar que sólo abriéndonos a Su presencia amorosa podremos renacer una vez más y proclamarlo con alegría".

Tomar la diversidad como oportunidad
Por su parte, monseñor Colombo se refirió a la continuidad de este camino y los desafíos pastorales concretos surgidos de la etapa de escucha. En ese marco, se centró en las diferentes realidades de la Iglesia, y llamó a tomar la diversidad como oportunidad.

El arzobispo mendocino destacó los antecedentes de este camino sinodal: la Conferencia de Aparecida, por un lado; y el magisterio de Francisco -también el gestual- con prioridad en la cercanía y la servicialidad eclesial, y con mirada discipular.

El prelado mencionó el desafío de consolidar el camino en la valoración de la escucha, al igual que elestilo sinodal, y fortalecer la "sinodalidad desde abajo", animando desde ls parroquias el diálogo, el discernimiento pastoral y el crecimiento de la vida eclesial.

También consideró necesaria la "preeminencia de la autoridad del amor y el servicio", y la generación de espacios de diálogo y consulta permanente, con el objetivo de una pastoral más orgánica, en unidad sinodal de todo el pueblo de Dios.

Por otra parte, destacó la importancia de una sinodalidad que no se reduzca a organismos o iniciativas pastorales acotadas, sino como un espíritu, un estilo, una dinámica eclesial permanente. 

Además, se refirió a uno de los aspectos subrayados entre las conclusiones: superar la cultura clericalista, propia no sólo de sacerdotes sino también de laicos, como un modo de vivir la Iglesia autoritario, despersonalizante e infantilizante.

Monseñor Colombo llamó a "no separarnos de la vida cotidiana y hacernos cargo de la fragilidad de la Iglesia y el mundo", y remarcó la necesidad de cercanía y fraternidad; así como de un cambio de lenguaje, con acciones creativas y atrayentes, espacios físicos y actividades de inclusión para impulsar la integración en la diversidad.

Finalmente, hizo hincapié en la valoración de la creatividad y de la participación litúrgica, de la ministerialidad laical en zonas rurales, y de la piedad popular como lugar teológico, destacando la importancia de las procesiones y celebraciones de fe.+