Jueves 30 de junio de 2022

El arzobispo de Mendoza llamó a cuidar la vida de los pueblos originarios

  • 22 de abril, 2022
  • Mendoza (AICA)
En su mensaje para la Semana de los Pueblos Originarios, Mons. Marcelo Colombo invitó a acompañar a estas comunidades, que sufren las maniobras predatorias, en la defensa y cuidado de la casa común.
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El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo, consideró que la Semana de los Pueblos Originarios, que comenzó el 19 y se prolonga hasta el próximo 25 de abril, es una oportunidad propicia para “un compromiso de honor” con estas comunidades, y recordó que el lema es “Biodiversidad y pueblos indígenas. Vida para más vida”.

“El título constituye una invitación a reflexionar sobre el valor del conjunto de las especies y de cada una de ellas, reunidas en ese todo armonioso querido por Dios para el bien de todos los hombres y pueblos”, subrayó en un mensaje.

Tras citar varios puntos de la encíclica Laudato si’, del papa Francisco, sobre esta cuestión, puntualizó que “las comunidades originarias bien saben cuánto incide en sus vidas todo descuido o maniobra predatoria sobre la naturaleza” y advirtió: “Lo pueden constatar palpablemente, y peor aún, lo sufren de un modo inmediato”.

En este sentido, el arzobispo mendocino señaló que el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa) sostiene la importancia de “acompañar a cada pueblo en la defensa, cuidado y abrazo a la variedad de vida que se desparrama por nuestra Casa Común”.

“Cuidar la vida, regalo de Dios, en toda la variedad de su manifestación, desde el ser humano hasta la más pequeña especie vegetal o animal y cada recurso natural, es parte de la misión que nos alcanza como cristianos y de la cual no podemos distraernos”, indicó.

“Con la alegría de la Pascua en nuestros corazones, sirvamos con generosidad a la causa de nuestra Casa común y su biodiversidad constitutiva, haciéndonos eco de todo cuanto contribuya a preservarlas para bien de los hombres y, principalmente de los pueblos originarios”, concluyó.

Texto del mensaje
Queridos hermanos,

En la alegría de la Pascua, seguimos haciendo camino con la Iglesia en la Argentina. Estos próximos días constituyen un compromiso de honor con nuestros hermanos de los pueblos originarios, cuya semana se celebra, organizada por ENDEPA (Equipo Nacional de Pastoral Aborigen), bajo el lema Biodiversidad y pueblos indígenas. Vida para más vida.

El título constituye una invitación a reflexionar sobre el valor del conjunto de las especies y de cada una de ellas, reunidas en ese todo armonioso querido por Dios para el bien de todos los hombres y pueblos. La encíclica Laudato si desarrolla extensamente el tema en los nn. 32-43. Permítanme recordar algunos de esos puntos que puedan ayudarnos a la reflexión de esta semana:

“n. 32. Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva. La pérdida de selvas y bosques implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos sumamente importantes, no sólo para la alimentación, sino también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios. Las diversas especies contienen genes que pueden ser recursos claves para resolver en el futuro alguna necesidad humana o para regular algún problema ambiental.

n. 33. Pero no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales «recursos» explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extingue por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.

35. Cuando se analiza el impacto ambiental de algún emprendimiento, se suele atender a los efectos en el suelo, en el agua y en el aire, pero no siempre se incluye un estudio cuidadoso sobre el impacto en la biodiversidad, como si la pérdida de algunas especies o de grupos animales o vegetales fuera algo de poca relevancia. Las carreteras, los nuevos cultivos, los alambrados, los embalses y otras construcciones van tomando posesión de los hábitats y a veces los fragmentan de tal manera que las poblaciones de animales ya no pueden migrar ni desplazarse libremente, de modo que algunas especies entran en riesgo de extinción (…)”

La encíclica nos ofrece numerosos elementos de comprensión de esta temática que tanto nos involucra y que con frecuencia descuidamos. Los que habitamos las ciudades podemos estar distraídos o despreocupados, imaginando que no nos afecta o no tenemos nada que hacer para afrontar el cuidado de nuestra Casa común y preservarla para las futuras generaciones.

En cambio, las poblaciones rurales y especialmente las comunidades originarias bien saben cuánto incide en sus vidas todo descuido o maniobra predatoria sobre la naturaleza. Lo pueden constatar palpablemente, y peor aún, lo sufren de un modo inmediato.

Algunas organizaciones internacionales que procuran el cuidado de la naturaleza, advierten la íntima relación que la une a la vida y subsistencia de los pueblos indígenas. Por ej. el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) expresa en un documento sobre los pueblos indígenas y la conservación: “Los pueblos indígenas viven en muchas de las áreas importantes de alto valor natural que aún subsisten. Esto es testimonio de la eficacia de los sistemas indígenas de manejo de los recursos. Los pueblos indígenas, sus instituciones representativas y las organizaciones de conservación deben ser por ello aliados naturales en la lucha por conservar tanto un mundo natural sano como sociedades humanas sanas (…) Pero tales culturas acopladas con la naturaleza se han vuelto altamente vulnerables a las fuerzas destructivas relacionadas con el uso no sustentable de los recursos, la expansión de la población y la economía global.” (nn. 1-3 del Preámbulo)

Por eso, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen sostiene la importancia de acompañar a cada pueblo en la defensa, cuidado y abrazo a la variedad de vida que se desparrama por nuestra Casa Común. Así dice su invitación para celebrar esta Semana de los Pueblos Indígenas.

“También hay una relación muy estrecha con nuestra Madre Tierra, porque sentimos y valoramos que nos contiene, sostiene, nos hace trascender a partir de lo que nos brinda desde el monte, desde el río, desde el campo. Todos esos sagrados beneficios que alimentan nuestra alma mediante una nutrición especial de la espiritualidad. No podemos no pensar que al hacerle mal al monte o al río nos estamos dañando a nosotros mismos.” (Testimonio de Juan de Dios López del pueblo Wichi).

Cuidar la vida, regalo de Dios, en toda la variedad de su manifestación, desde el ser humano hasta la más pequeña especie vegetal o animal y cada recurso natural, es parte de la misión que nos alcanza como cristianos  y de la cual no podemos distraernos.

Acompaño material de reflexión preparado para esta Semana por Endepa. Pido especialmente a sacerdotes y responsables de comunidades que puedan compartir estas ayudas a nuestra comprensión de una problemática tan significativa para la vida humana.

Con la alegría de la Pascua en nuestros corazones, sirvamos con generosidad a la causa de nuestra Casa común y su biodiversidad constitutiva, haciéndonos eco de todo cuanto contribuya a preservarlas para bien de los hombres y, principalmente de los pueblos originarios.

Los saludo en Cristo, el buen Pastor resucitado.+