Lunes 25 de octubre de 2021

Conversatorio sobre adicciones: Llaman a ser una Iglesia sin miedo y más cercana

  • 28 de agosto, 2021
  • Buenos Aires (AICA)
En el proceso de escucha de la Asamblea Eclesial del Celam, los Hogares de Cristo realizaron un conversatorio sobre el papel de la Iglesia en poblaciones populares que enfrentan las adicciones.
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En el marco del Tiempo de Escucha de la Asamblea Eclesial convocada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) el viernes 27 de agosto se llevó a cabo el Conversatorio: ¿Cómo ser una Iglesia en salida que acude al encuentro con poblaciones populares que enfrentan el desafío de las adicciones?

Entraron en fructífero diálogo y puesta en común de sus experiencias Gabriela Gómez Castillo, de la arquidiócesis de Montevideo, Uruguay;  el padre David Solano Chaves MSC, de la Asociación Casa Hogar San José, arquidiócesis de San José, Costa Rica; el presbítero Benjamín Ossandón Lira, sacerdote diocesano de Santiago de Chile, director de la Pastoral Nacional de alcoholismo y drogadicción (Panad) y director del Policlínico de Adicciones Obispo Enrique Alvear (Padea); y María Elena Acosta, referente de la Familia Grande Hogar de Cristo, Argentina.

Moderó la charla el padre Carlos “Charly” Olivero, párroco de San Roque González y compañeros mártires de Villa Palito, de la diócesis de San Justo, y miembro de la Familia Grande Hogar de Cristo.

El secretario general de Celam, monseñor Jorge Eduardo Lozano, envió su apoyo a través de un video animador.

El presbítero Olivero planteó una pregunta: "¿Tiene sentido hablar de una Pastoral de Adicciones y consumos problemáticos en la Iglesia, tiene que estar subsumida en otras Pastorales, cómo debería ser esta Pastoral?".

Al respecto, expuso: "Después de escucharlos podemos decir que, para establecer una Pastoral de Adicciones, nos encontramos con una serie de dificultades porque no va a ser como otras Pastorales. Y dada su complejidad, lo primero es pensar la escucha y la sensibilidad".

¿Qué puede aportar la Iglesia?
"¿Cómo sensibilizamos la Iglesia, cómo la Iglesia se va poniendo en sintonía de escucha y de encuentro con estas personas que están sufriendo a causa de estos problemas? Demos un pasito hacia adelante: ¿Qué puede aportar la Iglesia? Porque algo va aportar la neurociencia, algo la sociología, también la medicina y la psicología y nosotros, ¿qué sumamos?", planteó.

El sacerdote se refirió a dos claves: el vínculo con Dios, por un lado, y la reconstrucción del tejido social a través de la comunidad. "Y dos líneas fuertes: la concepción antropológica cristiana lo que tiene consecuencias en nuestras acciones (nosotros no damos por perdida a ninguna persona, nuestro amor no está condicionado) combinada con la multidisciplinariedad. Esta es la mesa sobre la que armamos nuestro rompecabezas. Y la otra línea es la Iglesia en salida, la familia que abre su mesa y se hace comunidad. Es decir, una implicancia de la Iglesia, no tanto en la respuesta específica sino como lugar donde volvemos a vincularnos con otras personas y a reconocernos hombres y mujeres dignos", consideró.

En ese sentido, advirtió que la Iglesia debe "perder el miedo a acercarse" para poder "reconocer en el otro a nuestro hermano".

Acompañar con mirada más amplia
A su turno, Gabriela Gómez Castillo consideró que para responder a la problemática del consumo de drogas "no se puede mirar solo desde lo sanitario o lo social", sino que deberían confluir una multidisciplinariedad de acciones.

"Estuve en dos lados de esta realidad: como hacedora de políticas públicas en la materia hasta hace dos años y desde el abordaje particular que tenemos como Iglesia católica. Cuando contemplamos y abrazamos al otro vemos que no se trata solo de ‘consumo de drogas’; es el consumo más las varias inequidades, la exclusión social, la falta de herramientas educativas, el entramado social-familiar roto", testimonió. Al respecto, expresó: "La Iglesia es ‘rica’ en acompañar, solo es cuestión de ampliar la mirada."

"Aprendamos a escuchar. No es fácil acompañar en territorio por la complejidad del entramado. ‘Estar roto’ es una frase muy real: muchas veces nos encontramos con muchas piezas para recomponer, unir, zurcir, limar. En mi país estamos poniendo en el centro de la discusión a la persona y eso implica considerar los derechos humanos, las asimetrías educacionales y asistenciales", exhortó.

"Lo primero que nace en nuestras comunidades es decir: ‘no tengamos miedo a lo diferente’. Hay caricaturas muy instaladas en la sociedad y es difícil separar una cosa de la otra. Ante esto tenemos la opción de convertirnos. Este tema no es solo para los expertos sino que es el encuentro de la Iglesia que sale a buscar a aquel que quedó al costado del camino", aseguró. "Y hay silenciamiento de esta realidad. Lo que no nos gusta lo tapamos. También es importante trabajar la comunicación hacia adentro y hacia afuera para construir un lenguaje, suavizar las visiones de nuestros contextos".

David Solano Chaves, por su parte, destacó la realidad que se vive en Costa Rica: "La Pastoral de Adicciones se ha ido abriendo paso en la vida eclesial de la arquidiócesis de San José. Aquí trabajamos juntas la Pastoral de Personas en situación de calle con la de Adicciones. Los destinatarios de nuestro trabajo son prioritarios, pero no siempre sucede lo mismo a nivel diocesano o parroquial. Esto es parte de camino que hay que ir andando, dándole autoridad y autonomía al trabajo diario."

"En el contexto pandémico la lista de espera de varones que buscan atención en nuestros centros ha crecido mucho. Sus historiales están marcados por la marginalidad y la exclusión", relató. Ante esto, consideró que en la Pastoral de Adicciones "tendríamos que comenzar por dos ejes: nuestra sensibilidad frente al otro y la conversión de nuestros modos de relacionarnos".

"Además del sentido de comunidad, como Iglesia podemos aportar sentido de humanidad y la relación con lo sagrado, con Dios, experiencias de espiritualidad. Veo este último desafío como para todo ámbito", expuso. "Es un desafío volver carne y hueso nuestra antropología cristiana como Iglesia en salida".

Pasar con Jesús de la muerte a la vida
Desde Chile, Benjamón Ossandón Lira añadió: "La Iglesia da familia, da vínculo que reconstruye y es desde donde se puede volver a empezar a caminar y adonde también se puede llegar. Siempre me ha impresionado mucho al escuchar a los jóvenes que han hecho este camino de recuperación y rehabilitación que dicen ‘yo estaba muerto y volví a nacer, resucité’", relató.

En ese sentido, afirmó que ser cristiano "es pasar con Jesús de la muerte a la vida. La experiencia de una vida nueva, no solamente dejando atrás la droga, sino empezar a vivir una vida verdaderamente humana y por eso también divina."

Ante la realidad de las adicciones, consideró que la Iglesia puede "dar amorosidad que otros dispositivos no pueden y también esperanza como sentido de vida que conecta con nuestra experiencia cristiana de una manera extraordinaria".

Hacer un lugar en la mesa, acercarnos, abrazar
María Elena Acosta compartió su testimonio como miembro de la Familia Grande Hogar de Cristo. "Cuando vemos a los chicos y chicas rotos sabemos que necesitan reunirse en comunidad", afirmó. "La Iglesia ofrece la comunidad con una mirada amplia, de misericordia y con una presencia cercana. Los chicos y chicas en los barrios populares tienen esa mirada desde la vida parroquial, enseguida se identifican con el cura, con el centro barrial."

"La Iglesia los invita a ser familia. Estos chicos son huérfanos de amor. La Iglesia lo ofrece y nos encontramos con un Jesús vivo, cercano, pobre", valoró. "A veces vivimos con una fe acartonada, adentro de los templos y parroquias, y no nos animamos a salir, a dar un pasito más hacia afuera. Nos quedamos con ‘le doy de comer’ pero no le hacemos un lugar en la mesa", advirtió.

"En el Evangelio, Jesús nos muestra con simples gestos cómo tenemos que vivirlo. Pensaba en la parábola de la mujer encorvada. Jesús la ve, la abraza, la toca, se agacha, y eso es lo que nos falta ver. Acercarnos, abrazar. Así es como Jesús nos invita a salir", animó.

Al referirse a las "3C": Capilla, club, colegio, aseguró que en los barrios populares, son lugares que llegan antes que la pipa a la mano de un pibe. "Esto es excelente. Tenemos que seguir poniendo la mirada en la prevención, en llegar antes. Como sociedad y como Iglesia venimos llegando tarde en un montón de cosas. La droga nos dio una paliza terrible últimamente, se nos metió por todas las grietas que teníamos y nos fue ganando. Es tiempo ahora de trabajar en comunidad y hacer lugares para llegar antes", sostuvo.

La actividad se llevó a cabo vía streaming a través del canal de YouTube de la Familia Grande Hogar de Cristo, donde quedó alojado como material de consulta.+