Martes 22 de septiembre de 2020

Consagración episcopal de monseñor Jorge Esteban González

  • 16 de septiembre, 2020
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
En una celebración sin fieles, el nuevo obispo auxiliar de La Plata, monseñor Jorge Esteban González, fue ordenado obispo por las manos del arzobispo platense, monseñor Víctor Fernández.

El 15 de septiembre, el nuevo obispo auxiliar de La Plata, monseñor Jorge Esteban González, fue consagrado obispo por las manos del arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández.

La celebración se llevó a cabo en la catedral Inmaculada Concepción, sin presencia de fieles debido a las medidas sanitarias en respuesta a la pandemia. Fueron coconsagrantes el obispo emérito de Bahía Blanca, monseñor Guillermo José Garlatti; el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel AntonioMestre; y el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Alberto Germán Bochatey OSA.

Sólo estuvieron presentes un reducido número de sacerdotes y seminaristas, su familia y unos pocos laicos representando al pueblo e invitados especialmente. El resto de la comunidad pudo acompañar la misa de consagración por las redes sociales. 

Pequeños pero elocuentes símbolos unieron profundamente la celebración a un nuevo aniversario de la Pascua del padre Kentenich: la casulla con la cruz de la unidad que vistió el nuevo obispo era un regalo enviado desde Milwaukee por el fundador a monseñor Plaza con ocasión de la bendición del Santuario de La Plata; y el cáliz utilizado en la eucaristía también fue un regalo de Kentenich al papa Pablo VI en su retorno de los Estados Unidos.

En su homilía, monseñor Fernández expresó: “Dilexit ecclesiam, significa que Cristo amó a su Iglesia y la lavó con su preciosa sangre. Esos mismos sentimientos serán tuyos pase lo que pase. Y te ordenas porque te lo propuso el papa Francisco y lo hizo para  que lo acompañes en el camino que él presenta en Evangelii gaudium: regreso al corazón del Evangelio, vuelta a lo esencial, al fervor misionero, al sentido comunitario y social. Por eso el amor a la Iglesia tiene que ser también amor a la tierra, amor al mundo, a la sociedad y a las personas. Y ayudar para que la Iglesia pueda conversar con el mundo y que sea capaz de sintonizar con lo que pueda haber en común porque el Espíritu Santo siembra cosas buenas en todas partes con una enorme libertad divina”, manifestó el arzobispo Fernández.

“Más allá de todo lo que vos no puedas lograr ni controlar, lo importante es que te gusta el Evangelio, te gusta la Iglesia madre, te gusta nuestro pueblo argentino, te gusta estar bajo el manto de la Virgen, te gusta esta misión que es una inmensa posibilidad de hacer el bien, así que no te queda más que agradecer a Dios, porque hoy te regala un don de su gracia que viene a fortalecer todo eso que te llena el alma”, continuó.

“Conocemos tu capacidad de trabajo, tu afabilidad, tu buen trato y ofrendamos todo esto a Dios para que se convierta en bendiciones para su pueblo” manifestó el arzobispo platense y pidió al nuevo obispo auxiliar que imite a María “la que tanto amás, que ella te puede enseñar esa confianza receptiva y feliz hasta decir que sí aun entre nubes negras”. 

“Para todos nosotros es un día de alegría esta ordenación. No es un diploma de Jorge en su carrera, el orden sagrado es un don totalmente orientado al bien del Pueblo de Dios, y por eso a partir de hoy habrá más gracia en cada uno de nosotros, para la arquidiócesis de La Plata, para este mundo, y como te dice el papa Francisco se harán más efectivos los dones del Salvador”. » Texto completo de la homilía

Alocución de Mons. González
Luego de los ritos propios de ordenación, el nuevo obispo brindó una alocución con sentidas palabras: “Como lema episcopal elegí de la lectura de los discípulos de Emaús que siempre marcó con fuerza mi vida: ‘Se acercó y caminaba con ellos’. Ese acompañar de Jesús junto a nosotros, da inicio a la imagen de una Iglesia peregrina, en movimiento, llamada a descubrir el rostro de Cristo en la Eucaristía. Camino recorrido con las personas del tiempo de hoy, con sus desafíos, y por qué no con las provocaciones. Se trata de acercarnos con respeto y conocer qué anhelos y necesidades alberga hoy el corazón humano para ser capaces de comunicar con coherencia el mensaje de la salvación como dice Francisco caminar con los otros y entrar en diálogo”.

“¡Magníficat!”, repitió en varias oportunidades el flamante obispo, y así dio gracias por lo que Dios ha obrado en cada uno, por el llamado y la confianza del papa Francisco, por el acompañamiento del arzobispo, por los sacerdotes, por la federación de presbíteros de Schoenstatt, por los laicos; por su madre y su padre que a pesar de su avanzada edad lo acompañaron en este marco. “Magníficat porque este paso lo vivo en un año mariano nacional; nuestra Madre del Cielo no se escondió y sigue obrando en nuestras vidas En lo personal lo vivo como un signo más de amor de María que siempre estuvo a mi lado. Desde mi infancia crecí a la vida de fe en el Pilar junto a una experiencia de Iglesia conciliar. Mi camino vocacional maduró a la sombra del Santuario de la Madre reina y victoriosa tres veces admirable de Schoenstatt. Mi experiencia de padre y pastor de una comunidad se fraguó en unos largos años vividos en el corazón de María en City Bell. Estos últimos años breves e intensos los pasé junto a ella, la que permaneció al  pie de la cruz, la dolorosa y es en su día que como párroco de Nuestra Señora de los Dolores, recibo la consagración episcopal. Gracias Madre”. 

“Finalmente, si de gratitud habla mi corazón, no puedo dejar de mencionar a otro gran compañero de camino; al padre José Kentenich que en un día como hoy hace 52 años, regresaba a la casa del Padre. Su vida animó y motivó mi presbiterado, su amor a María configura mi espiritualidad por eso elijo despedirme poniendo en mis labios una oración nacida en el infierno de un campo de concentración, desde el cautiverio de este hijo de María: “Aseméjanos a Ti y enséñanos a caminar por la vida tal como Tú lo hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz, y alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús. Amén”.+

» Texto completo de la alocución de Mons. González

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