Sábado 15 de mayo de 2021

Ceica: En Pascua, es posible una Vida Nueva

  • 26 de marzo, 2021
  • Buenos Aires (AICA)
"La Pascua está llamada a ser una celebración gozosa y esperanzada, un anuncio entusiasta y un compromiso de solidaridad con nuestros hermanos más necesitados", recordó la organización ecuménica.
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La Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina (Ceica) recordó que "a partir de la Pascua es posible esperar un mundo nuevo porque en Cristo, el Hijo de Dios que asumió nuestra condición humana, se da el comienzo de una Vida Nueva".

"A la Pascua la celebramos en lo concreto de nuestra historia que hoy nos muestra circunstancias y heridas que dañan la dignidad de la persona humana que ha sido creada a 'imagen y semejanza' de Dios", subrayó la entidad ecuménica en su mensaje pascual.

"No podemos desde la fe estar ajenos al dolor y a la vergüenza de la pobreza; a la gravedad de la pandemia con la que convivimos junto a la incertidumbre sobre su futuro; al flagelo de la inseguridad que no encuentra una respuesta que dé soluciones justas y caminos de recuperación; a la injusticia de la vulnerabilidad de la niñez como al avance de la droga; a la violencia a la mujer y al drama social del femicidio; al delito de la corrupción que degrada y empobrece a la sociedad", puntualizó.

Ceica quiso llegar con su mensaje de Pascua a las comunidades y hombres y mujeres de buena voluntad, para decirles: "Es posible una Vida Nueva porque Dios no nos abandona, nos ha enviado a su Hijo que desde su Resurrección permanece vivo y nos acompaña como principio de renovación espiritual y camino de un mundo nuevo".

Firman el mensaje el presidente de Ceica, monseñor José María Arancedo, arzobispo emérito de Santa Fe de la Vera Cruz, y su vicepresidente, monseñor Crisóstomo Ghassali. 

Texto del mensaje
Queridas hermanas y hermanos en Cristo:

La fe cristiana nos introduce en el conocimiento e intimidad con Cristo, fuente de una Vida Nueva. Esta verdad, que celebramos en la Pascua, nos llena de gozo y responsabilidad, ella nos hace discípulos de Jesucristo y nos lleva a manifestar este acontecimiento con alegría y esperanza a todas nuestras hermanas y hermanos. Por ello, a partir de la Pascua es posible esperar un mundo nuevo porque en Cristo, el Hijo de Dios que asumió nuestra condición humana, se da el comienzo de una Vida Nueva. Esta verdad central de la fe nos enseña que el misterio del hombre solo se ilumina a partir de Cristo, es Él, el que nos abre a una esperanza que no defrauda, que el mundo no conoce, pero reclama y necesita. Así, el don de la fe que hemos recibido nos urge a una conversión que dé sentido a nuestras vidas y nos haga testigos ante el mundo.

A la Pascua la celebramos en lo concreto de nuestra historia que hoy nos muestra circunstancias y heridas que dañan la dignidad de la persona humana que ha sido creada a “imagen y semejanza” de Dios. No podemos desde la fe estar ajenos al dolor y a la vergüenza de la pobreza; a la gravedad de la pandemia con la que convivimos junto a la incertidumbre sobre su futuro; al flagelo de la inseguridad que no encuentra una respuesta que dé soluciones justas y caminos de recuperación; a la injusticia de la vulnerabilidad de la niñez como al avance de la droga; a la violencia a la mujer y al drama social del femicidio; al delito de la corrupción que degrada y empobrece a la sociedad. A estos hechos cercanos, le debemos agregar las persecuciones religiosas y guerras, especialmente en Medio Oriente, donde hermanos cristianos padecen por la confesión de la fe. Sabemos que el mal no tiene la última palabra. Por ello, esta realidad de sombras, debe ser iluminada con la luz de Cristo, principio de esa Vida Nueva llamada a sanar la condición humana herida por el pecado, pero que siempre conserva su dignidad como obra de Dios. La Pascua, que es la respuesta de Dios al hombre que ha creado y lo ama, está llamada a ser una celebración gozosa y esperanzada en nuestras comunidades, un anuncio entusiasta y un compromiso de solidaridad con nuestros hermanos más necesitados. La Pascua nos hace testigos de esta Vida Nueva en Cristo.

Queridas hermanas y hermanos, queremos desde la CEICA llegar con este Mensaje de Pascua a nuestras comunidades y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para decirles que es posible una Vida Nueva porque Dios no nos abandona, nos ha enviado a su Hijo que desde su Resurrección permanece vivo y nos acompaña como principio de renovación espiritual y camino de un mundo nuevo.+