Jueves 1 de diciembre de 2022

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Fiesta de San Cayetano

Homilía de monseñor Adolfo Armando Uriona FDP, obispo de Villa de la Concepción de Río Cuarto, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2022)

Queridos hermanos:

Con sentimientos marcados por la fe y la esperanza nos encontramos hoy una vez más convocados por San Cayetano para pedirle que interceda ante nuestro buen Padre Dios a fin de que no nos falte el Pan y el Trabajo.

Algunos, tal vez, han venido a agradecerle porque lo tienen; otros, quizás, han venido con angustia a solicitar su poderosa intercesión ante la Providencia de Dios para conseguirlo. 

En estos momentos son tantas personas en nuestra patria que carecen de estos elementos fundamentales para la vida: “el pan y el trabajo”; el pan que sustenta la existencia y el trabajo que la hace digna de acuerdo al mandato del Creador.

Pedir por el trabajo es pedir que todos los trabajadores y trabajadoras tengan derecho a vivir dignamente del fruto de sus esfuerzos cotidianos. Decíamos los obispos: ¿Cómo no pedir a San Cayetano ese bien esencial de que todos los varones y las mujeres de buena voluntad puedan vivir dignamente del fruto de su trabajo?... 

Como peregrinos también suplicamos el pan de cada día, como nos enseñó Jesús a hacerlo oración cuando enseñó a sus discípulos el Padrenuestro. El pan que alimenta nuestra vida y que diariamente se hace más inalcanzable a causa de la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria. ¿Cómo no pensar en la cantidad creciente de hermanos y hermanas que se acercan cotidianamente a Cáritas pidiendo un bolsón o a los comedores, en los adultos mayores que no pueden comprar sus medicamentos, en las familias cuyos ingresos son cada vez más escasos?...

 San Cayetano tiene la misión de llevarnos a Cristo, el Buen Pastor que se ocupa de su rebaño que somos nosotros… Rebaño que en estos momentos experimentamos la dispersión, la falta de rumbo a causa de esta crítica situación social que padecemos. Perdamos cuidado que el Señor no nos abandona sino que nos busca, para apacentarnos y para ello se vale de sus mediadores como lo es este santo, a quien venimos confiados con nuestras penas y dolores.

 También la Palabra de Dios nos recuerda que el mismo Hijo de Dios quien vino a compartir lo nuestro, al final de nuestra existencia vendrá a juzgarnos por las obras que hayamos realizado o no. El juicio no consistirá en preguntarnos cuánto dinero hemos acumulado o si fuimos personas importantes o nos destacamos por la fama, sino que nos preguntará cómo hemos vivido en el amor, un amor auténtico, concreto y real manifestado en la ayuda brindada a los más pequeños, a los más necesitados. 

“Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba de paso y me alojaron, desnudo y me vistieron…” 

Y a los que hicieron esto los premiará “con el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo” y, a su vez, castigará a los que encerrados en su egoísmo y comodidad ignoraron o se olvidaron de sus hermanos en necesidad. 

Que al venir a celebrar a San Cayetano, pidamos que esta Palabra interpele la conciencia, penetre corazón y así, como argentinos, busquemos superar los propios intereses y dejemos de lado los enfrentamientos que no conducen a nada. Conscientes de que “nadie se salva solo”, busquemos fomentar el diálogo con los otros, aún con los que piensan distinto, y así construir una auténtica patria de hermanos.

Es cada vez más necesario generar proyectos comunes que lleven a una auténtica solución a nuestros problemas, pensando particularmente en los que más sufren las consecuencias de esta crisis. Así aparecerá en nuestro horizonte la paz y la amistad social, que están incluidas en ese pedido sencillo y a la vez fundamental que siempre le hacemos a San Cayetano: “que haya paz, pan y trabajo”.

Mons. Adolfo Armando Uriona FDP, obispo de Villa de la Concepción de Río Cuarto