Sábado 23 de octubre de 2021

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Acolitado de Martín Ugolini

Homilía de monseñor Hugo Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje, en la misa de acolitado de Martín Ugolini (Villa de Soto, 14 de agosto de 2021)

Me da gusto estar con ustedes, sumarme a la devoción que ustedes tienen por san roque, pedirle de modo especial por la salud de todos, la salud corporal y la salud del alma. Me sumo a la oración de ustedes por los enfermos y de aquellos que cuidan a los enfermos en estos tiempos han dado testimonio de lo que significa ser hermanos, ser pueblo, luchar juntos. Los equipos sanitarios son uno de los tantos que trabajan entre nosotros.

Hoy día estamos celebrando las vísperas de la Asunción de la Virgen al cielo. Por eso me gustaría ahora referirme a Dios que ha hecho en ella grandes cosas. Ustedes y yo sabemos que cuando alguien ama se hace presente. Que es propio del amor la presencia y que eso siempre alegra el corazón, la alegría que es fruto del amor es lo más hermoso que podemos experimentar en la vida, no la alegría esa que fabricamos a la fuerza. La alegría que se experimenta espontáneamente y que es la presencia del fruto de aquel que nos ama. Esto lo experimentó de un modo especial la Virgen. Dios presente porque nos ama, eso es la Misa, eso es la Eucaristía, el amor de Dios hecho presencia.

La cruz es signo de que Dios nos quiere siempre. Él nos ha querido, es el signo del amor más grande que ha tenido el mundo, porque es el amor de Dios hecho presente en su hijo encarnado y muerto en la cruz. Si la cruz es el signo de que Dios nos ha amado siempre desde antes que existiéramos, si la cruz es el signo del amor de Dios que será eterno, que no se acabará nunca, eso es la cruz con Cristo con los brazos extendidos.

Si la cruz es este signo tan elocuente y hermoso, la Misa actualiza ese momento de la cruz en el hoy para nosotros. La Misa es tomar conciencia, dejarse abrazar por el amor de Dios que busca hacerse presente. Si no tenemos ganas de ir a Misa, nos perderemos ese abrazo. Es el día para dejarse abrazar por Dios, eso es la Misa. Tener la experiencia de que el amor de Dios es actual, no es cosa del pasado, no es solo una promesa de futuro, es hoy. Digo esto porque ahora vamos a instituir a Martín como servidor del AMOR DE DIOS hecho presente en la Eucaristía. Servidor del amor de Jesucristo en la cruz y hecho actual cada vez que se celebra en la Eucaristía, cada vez que se lo adora, se lo distribuye y se lo lleva a los enfermos, servidor del amor de Dios hecho presente, actual, cercano.

Pero hace falta tener atención porque el amor de Dios que es inmenso, que es inconmensurable, es un amor que se hace frágil. Dios tiene otros modos de actuar a los modos humanos, el amor inconmensurable de Dios se hace frágil en el vientre del niño que se gesta en María. Entonces para servir al ministerio de la Eucaristía hace falta tener la capacidad de descubrir que el amor Inmenso y poderoso de Dios es muy humilde.

Martín se te llama a comprometerte con el servicio al altar, esto significa se te llama a transformar tu mente y corazón para descubrir que el poderoso amor de Dios se hace frágil para poder llegar a cada uno de nosotros. Por eso descubrirás que se te invita en este ministerio que recibís de camino al sacerdocio: ¡No a lucirte vos! A servir, el que se tiene que lucir es Dios, no quienes nos ordenamos de cura, diáconos, obispos. No es un llamado a lucirse, es un llamado a abajarse para servir al amor de Dios que quiere hacerse cercano y presente en la vida de la gente. Por eso es tan hermoso ser cura, y es importante que descubramos a qué hemos sido llamados, vos, Martín, te has comprometido hace algunos años a ser públicamente candidato que se forma para recibir el Orden sagrado, significa que te has comprometido a ser un servidor público de Jesucristo, ¡no solo en lo secreto de tu habitación, sino públicamente!

Y eso es para siempre, serás para siempre un hombre que confiesa la fe en el amor de Dios, después te has comprometido a hacer de la Palabra de Dios el centro de tu vida, para siempre te has comprometido que la palabra de Jesús será el centro de tu vida y hoy te vas a comprometer a ser un servidor para siempre de la Eucaristía.

La Iglesia con su sabia pedagogía te va llevando a que camines comprometiéndote para siempre con la gente, para siempre con la palabra, para siempre con la Eucaristía, para que un día la entrega sea definitiva y el obispo te ordene presbítero. Pero esto requiere un andar, un dejarse acompañar, un discernir, me alegra celebrar este que a la vez te empuja a seguir trabajando con los dones de Dios y compromisos tuyos al estilo y con el sello del Cura Brochero.

Me han dicho que los soteños no tienen conciencia de que el Santo Brochero anduvo por acá, porque su búsqueda de hacer el tren tenía este punto de partida. Cuando le dieron el ok para el tren, acá lo celebraron, le regalaron una lapicera hermosa que el cura dijo: “la voy a usar cuando el tren venga”. Me contaron que se hospedaba en Estación Soto, que pasaba días y celebraba Misa acá. Este lugar, Villa de Soto ha sido un espacio visitado y trabajado por el Cura Brochero ¿se dan cuenta lo que significa esto en la historia del amor de Dios que se hace presente? Lo que significa esto a la hora de algún día promover el turismo religioso de Soto.

Brochero sabía que el servicio de Dios en el altar se continuaba con el servicio a Jesús en los pobres, en los enfermos, que Jesús que se hace presente por amor en el altar quiere ser amado en los más débiles! Y no se entiende entonces un cura sentado aquí y olvidándose de los Cristos sufrientes que tienen todas las comunidades. Que todo sea para Gloria de Dios que es lo mismo que decir que todo sea para el bien de la gente, para que la gente tenga vida.

Mons. Hugo Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje