Sábado 15 de mayo de 2021

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Toma de posesión del nuevo párroco y del vicario de la iglesia catedral

Homilía de monseñor Gabriel Barba, obispo de San Luis en la toma de posesión del párroco y del vicario de la catedral de San Luis (24 de enero de 2021)

Querida comunidad, en este domingo que el Papa Francisco, pocos años atrás ha dedicado como Domingo de la Palabra de Dios, nos encontramos en esta celebración acompañando el inicio como párroco de esta parroquia Inmaculada Concepción y también Iglesia Catedral de nuestra Diócesis del Pbro. Rafael Espejo. También del padre Ignacio Lucero como vicario parroquial.

Este acto canónico formal de tomar posesión como párroco, lo convierte en el pastor natural y cercano de esta comunidad parroquial. Junto al nuevo vicario, dos sacerdotes puntanos, para esta comunidad.

Ambos dos, han recibido con generosa voluntad la aceptación a mi pedido.

Abre este acto, las puertas a nuevos cambios que se irán realizando a continuación y nos llevará todo el mes de febrero para llegar a cubrir los nuevos nombramientos. Han sido pensados, madurados y sobre todo rezados, a fin de buscar en ellos la voluntad de Dios, para renovar e impulsar con nuevo vigor la tarea evangelizadora en nuestra Diócesis. Que si bien, no se realiza solo desde las parroquias…, sin embargo, desde ellas se marca una fuerte impronta y camino.

Todo cambio implica esperanza por la vida nueva e incertidumbre por lo desconocido. Todo cambio es también una oportunidad para recrear la vida y dejar que Dios nos siga inspirando la bueno y lo nuevo que solo viene de Él. Solo basta saber confiar y ser dóciles a su Espíritu.

Por otra parte, estos cambios de párrocos no dejan de ser sino, parte de la vida normal y cotidiana. Dado que cuando por la imposición de manos de nuestros obispos recibimos el Orden Sagrado del Sacerdocio, lo recibimos no para nosotros, sino para servir a la Iglesia y construir su Reino con docilidad. Y en la Iglesia, por medio de nuestros pastores que actúan siguiendo a Cristo cabeza, Dios nos va hablando y guiando.

La lectura del Evangelio de hoy, al llamar a algunos hombres a dejarlo todo y ser pescadores de hombres nos muestra que, desde el inicio, los que siguen…, los que seguimos a Jesús, debemos tener la libertad de saber dejarlo todo para ser guiados por Él.

Por eso digo, no es nada raro ni novedoso pensar y realizar cambios entre nuestros sacerdotes y sus comunidades. Claramente es parte de la vida de la Iglesia. Es parte de una Iglesia Viva.

Agradezco al padre Daniel Pérez que a lo largo de estos años ha pastoreado a esta comunidad y también le agradezco la docilidad y disponibilidad para su nuevo destino.

A la comunidad parroquial le encomiendo recibir de buen grado a su nuevo párroco, como así también a su nuevo Vicario Parroquial. Qué bueno sería que en todas nuestras parroquias pudiésemos contar con equipos sacerdotales que vivan en comunidad y sean fieles y alegres servidores de sus comunidades. para ello debemos seguir rezando mucho por las vocaciones y apoyando especialmente a aquellos jóvenes que van dejando crecer la escucha desde lo más profundo de sus corazones, atentos al llamado de Dios, de seguir a Jesús más de cerca.

Como siempre digo, demos gracias por el don de tener un seminario propio y trabajemos fuertemente por cuidarlo y sostenerlo a fin de propiciar a través de él el mejor lugar posible para una buena formación como pastores para el pueblo de San Luis.

Poniendo la mirada en las lecturas de hoy…

Jonás es instrumento de Dios invitando a la gran ciudad de Nínive para la conversión.

Y no teme lo imposible y se lanza a la proclamación. Su mensaje se hace creíble y los habitantes de Nínive escuchando el aviso de Dios, por parte de Jonás se convierte y cambia. Nos habla a las claras de que es posible la conversión, por eso la invitación por parte de Dios y que es necesario también ese paso como respuesta personal y social, para una vida nueva.

Siempre el mensaje de Dios es una invitación para ser escuchada, pero, sobre todo, para poner en práctica lo que nos pide.

La sociedad de Nínive se convierte. Y eso fue posible. Este es un gran mensaje de esta primera lectura: una invitación a la conversión que desde lo particular avanza a lo comunitario. Del individuo…, a la sociedad. Del yo…, al nosotros.

Cuánto desearíamos y necesitamos justamente esto: una nueva sociedad que se abra a la conversión y a la vida de Dios desde cada uno de sus integrantes.

En el Evangelio de este domingo, vemos a Jesús que, uno a uno… y paso a paso, va eligiendo a aquellos a los que tendrá a su lado. A aquellos a los que llama para seguir sus pasos…, a predicar junto a Él de un modo particular y cercano. Uno a uno, por sus nombres va eligiendo a los Apóstoles. Y los llamó… y ellos… uno a uno, dejándolo todo, lo siguieron.

A esta elección precedió el anuncio del Reino y la invitación a la conversión:

"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".

Jesús nos marca el “tiempo de Dios”.

Su encarnación es el cumplimiento final de las promesas. En Él, todo se ha cumplido. En Él queda manifiesta en su totalidad la voluntad de Dios: que todos se salven. Pero esa salvación debe ser acogida por la conversión.

Escuchar. Escuchar de verdad. Dejar que la voz de Dios penetre en nosotros. Toque nuestros corazones. Y haga efectiva su obra a través de nuestra conversión reflejada luego, en las obras según el Espíritu.

Los Apóstoles escucharon, como lo hizo todo el pueblo, este primer mensaje y luego el llamado.

Su llamado personal y especial, también supuso la llamada a la conversión. No estaban exentos. Ellos también debieron convertirse.

Y esta llamada a la conversión que escuchamos en las lecturas de este domingo, no es un acto que culmina en una sola vez. En un solo instante o momento…, debe ser un camino de vida. Una actitud siempre dispuesta. El pecado…, la inclinación al mal, la tentación y la debilidad nos acompañan siempre. No es algo solo le pasa al otro.

Y Jesús es nuestra salvación y de Él viene la misericordia y el perdón, que da vida a nuestras sombras de muerte.

Los Apóstoles, protagonistas especiales de la lectura del Evangelio de hoy, reciben este doble mensaje, primero, la llamada a la conversión y luego su vocación de estar junto a Jesús para el anuncio del Reino.

Como decíamos desde el inicio de esta celebración, en este domingo de la Palabra de Dios, dejemos entonces, que esta Palabra penetre en nuestros corazones. Escuchando primero, para responder luego.

Jesús es la Palabra de Dios. El Verbo hecho carne. La Palabra que sale a nuestro encuentro.

Pero esta Palabra, éste Dios con nosotros, dialoga, invita y llama.

Escuchemos qué nos dice, qué nos pide a todos y qué me pide a mí, para seguirlo desde la santidad de cada día.

Seguramente en nuestras casas todos tendremos la Biblia, el libro de las Sagradas escrituras…

Que no sean simplemente un libro que junta polvo en nuestras bibliotecas, sino que sea instrumento en nuestras manos, para que, leyéndola, abramos nuestros corazones para que Dios nos hable.

Desde la catequesis primera, desde la educación en la fe de nuestros niños, pongamos también en sus manos la Palabra y enseñémosle a leerla con interés y con profunda fe, sabiendo que no es ni un libro más, ni una lectura cualquiera, sino que es un especial lugar para inculcar por su medio el estar atentos a lo que Dios nos pide. Incorporemos en nuestra espiritualidad cotidiana y especialmente en la educación en nuestros niños, la afectiva y efectiva lectura atenta de la Palabra de Dios. Que los lleve y nos lleve a escucharlo y seguirlo al igual que lo hicieron los Apóstoles en su particular llamado. Qué hermoso sería que en todas nuestras parroquias contemos con grupos que se reúnan en torno a la Palabra de Dios. Grupos de reflexión bíblica.

Queridos padre Rafael y padre Ignacio, les deseo de corazón que su presencia como pastores de esta comunidad parroquial de la Catedral sea fiel ejemplo de lo que nos invitan las lecturas de hoy. Sean ustedes palabra viva que se hace anuncio no solo con las palabras que salen de sus bocas, sino que se escuche y se haga visible ese mensaje, porque se refleja en sus obras.

Mons. Gabriel Bernardo Barba, obispo de San Luis