Lunes 20 de septiembre de 2021

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Consuelen al pueblo. Preparen el camino al Señor

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, en el segundo domingo de Adviento (Parroquia Inmaculado Corazón de María, Coquimbito, Maipú, 6 de diciembre de 2020)

En este Domingo de Adviento, el Señor nos invita a escuchar su propuesta a través de Isaías y de Juan el Bautista: Prepararle un camino en nuestras vidas. Despojados de un lenguaje grandilocuente, ambos hombres de Dios nos ayudan a descubrir el significado del desierto y a prepararnos para afrontarlo.

Si el desierto nos habla de dificultades, carencias, desorientación, angustia e incertidumbre, él también nos desafía a definirnos, a hacer opciones y tomar aquellos caminos que nos lleven al encuentro del Señor.

Isaías en la 1ra. Lectura (40, 1-5. 9-11) nos llama a consolar al pueblo afligido en su dolor: el Señor está cerca. Anticipándose largamente a lo que hemos vivido este largo y doloroso año, como a aquellos primeros destinatarios, Dios nos invita al consuelo esperanzado. Nuestro garante viene a rescatarnos y llega para salvarnos. Se trata de hacerle lugar, de prepararle el camino. En nuestras omnipotencias y falsas seguridades, nos hemos creído no necesitarlo, y lo hemos complicado todo, haciéndonos el centro y la única referencia de todo y de todos…. Dios viene y queremos salir a su encuentro. En el desierto de nuestros fracasos, de nuestros dolores y de nuestras fragilidades, nos sentimos llamados a buscar la salida, abriendo el camino al Señor.

En la Carta del Apóstol Pedro hay una invitación a la espera del Día del Señor en que vendrá a nosotros de un modo pleno y definitivo. Por eso es necesario estar bien preparados, haciendo de nuestra existencia una ofrenda agradable a Dios, intachable e irreprochable, como nos dice el mismo autor sagrado.

Una vez más volvemos a la figura del Bautista, para encontrar en él un testigo de lo que vendrá, un hombre esperanzado en las promesas de Dios, un discípulo anticipado del Reino que nos interpela con su austeridad de vida, con la profundidad de su mirada y con la autenticidad de su sí a Dios que le hace reconocer su propio lugar en el Plan de Salvación, sin proclamarse más de lo que es, ni buscar un lugar que no le pertenece. El Bautista es ejemplar para nosotros porque nos invita a reconocer con humildad que tenemos una misión, pero no somos nunca Mesías, que tenemos mucho para dar pero que no somos omnipotentes y que se trata de abrirle el camino a Dios sin ser obstáculo para nadie.

En este Adviento, con Isaías y Juan el Bautista, abramos nuestros corazones a los caminos de Dios, dejando de lado las vueltas y los temores, las complicaciones con que hemos llenado nuestro corazón y la cerrazón de nuestro espíritu al Dios vivo y verdadero que viene a nuestro encuentro.

En este contexto de esperanza puesta en Dios que viene, la realidad política de nuestro país nos llena de dolor con una propuesta que oscurece el horizonte, al plantearse la introducción de la ley que legaliza el aborto libre y gratuito. A contramano de la lucha por la vida que nos unió a todos a lo largo de este año tan difícil, se nos insiste en un proyecto de ley que busca asegurar derechos mientras, en cambio, niega el derecho a la vida de los más indefensos que moran en el seno materno y pone serias trabas al ejercicio de la objeción de conciencia al profesional que pueda expresar de esta manera su disenso. Recemos por nuestros gobernantes, por los legisladores y por quienes ejercen las máximas responsabilidades ejecutivas, para que no tomen el lugar de Dios adjudicándose la autoridad para rechazar vidas en nombre de una pretendida ampliación de derechos que lejos de ello, nos lleva como sociedad a la desesperanza y la irracionalidad.

Mons. Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza