Jueves 18 de julio de 2024

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150° Aniversario de la fundación de Mar del Plata

Homilía de monseñor Ernesto Giobando SJ, administrador apostólico de Mar del Plata, en la misa de acción de gracias por el 150° aniversario de la fundación de la ciudad de Mar del Plata (Iglesia Catedral, 10 de febrero de 2024)

Esta lectura del Evangelio, escuchándola aquí en Mar del Plata, creo que nos conecta inmediatamente con este Señor que camina a orillas del mar. Y que cuando ve a Pedro y otros pescadores, los invita a que vuelvan a echar las redes mar adentro.

Esta palabra de Jesús, “navega mar adentro y echen las redes”, es una invitación en esta mañana para todos los que queremos habitar, vivir y trabajar en esta bellísima ciudad de Mar del Plata. A cada uno de nosotros el Señor nos dirige esta invitación: “navega mar adentro y echa las redes”.

¿Qué significa navegar mar adentro? Si le preguntamos a nuestros pescadores van a dar una respuesta inmediata: “es animarse a salir de la orilla; es ir a lo profundo”. Y cuando uno está mar adentro se da cuenta de lo que significa estar en ese lugar bastante lejos de la orilla con la única seguridad que da la embarcación y los otros compañeros de trabajo, de navegación, cada uno en su lugar.

En un barco cada uno tiene su tarea. No puede uno hacer lo que le toca al otro, porque sino se hunden. Y cuando Pedro y los demás pescadores ven que las redes están llenas, llaman a otros para que los acompañen a sacar las redes. Es una tarea en común, una tarea solidaria. Y esto es lo que nos puede ayudar en esta mañana, pensar cómo fue construida esta ciudad. No fue con el esfuerzo de uno, sino de miles.

Hace poquito que estoy en Mar del Plata -tres semanas- y una cosa que me viene como imagen es que esta ciudad trabaja para que millones descansen. Es una ciudad donde los argentinos vienen a descansar, a tomarse unos días -cada vez menos días, pero vienen igual- a pasar aquí su descanso, sus vacaciones. ¡Familias enteras!

Y la ciudad trabaja para que aquellos que vienen a descansar se vayan un poco más felices en sus vidas. Por eso se llama “la ciudad feliz”. Una ciudad feliz que implica mucho esfuerzo e implica desafíos porque la felicidad no es algo que se alcanza en tres días: la felicidad implica mucho trabajo.

Esta ciudad que cumple 150 años, un número ya muy redondo y de mucho tiempo, como sabemos fue fundada en base a una misión jesuita -la misión en la Laguna de los Padres, Nuestra Señora del Pilar de los Puelches-. Esos jesuitas que vinieron a misionar estas tierras y de acá salieron para el sur. Esos jesuitas que dejaron sus tierras para poder traer el Evangelio a estas tierras.

Y esta celebración está enmarcada dentro de la beatificación del cardenal Eduardo Pironio, que estuvo en Mar del Plata como obispo y estuvo en los 100 años de la ciudad, dejándonos unas reflexiones bellísimas que les invito a leer. Y también tiene el contexto esta celebración de la canonización de Mama Antula.

Y ¿por qué traigo a referencia esto? Porque Mar del Plata desde sus inicios fue fundada también en la confianza en Dios y en los santos. Aquellos fundadores eran cristianos y no querían una ciudad que solo sea para un progreso indefinido, sino que querían fundar esta ciudad en los valores cristianos. Por eso es que Santa Cecilia, San Pedro, son patronos en esta ciudad, y los jesuitas trabajaron para dejar aquí la semilla del Evangelio y todos los demás obispos, sacerdotes, laicos, religiosos, construyeron con su aporte y su fidelidad esta ciudad y la sociedad civil.

Las Fuerzas de Seguridad, las Fuerzas Armadas, nuestros políticos y gobernantes, las asociaciones, constituyen el entramado de esta ciudad que quiere crecer, que quiere abrirse cada vez más a todos aquellos que quieren no solo venir unos días sino habitar como ciudadanos.

Ayer bendiciendo en la puerta de la Catedral una señora me dijo “rece padre para que se cumpla nuestro sueño, queremos venir a vivir en Mar del Plata.” También son “colonos” que quieren venir a trabajar, a dar su aporte, a disfrutar también de estas bellezas naturales que Mar del Plata nos da.

Hemos pedido en la oración, recién, por nuestra ciudad y para que el Señor nos conceda no solo prosperidad sino también justicia, paz, y podemos agregar trabajo para todos, honestidad en los que llevamos adelante distintas responsabilidades en esta ciudad. Que entre todos podamos ayudar a los que están hoy más desfavorecidos.

Lamentablemente Mar del Plata tiene también un índice muy alto de pobreza, de desempleo, de falta de vivienda. Esto no tiene que ser como una tarea para los que vendrán. Esto tiene que ser una tarea nuestra. Así como los fundadores pensaron en algo grande -no pensaron un puertito chiquito para ir a pescar, pensaron una ciudad grande, pujante- nos toca ahora tratar de solucionar los problemas que nos duelen, tratar de hacer de la política algo honesto y que a todos nos implique: no solo a los que tienen un cargo sino que todos formamos parte de la ciudad, de la polis. Pidamos esta gracia.

Hoy tocó lluvia y los actos van a quedar reducidos. ¡Bendita lluvia porque la estábamos pidiendo!, porque el país necesita de esta agua para que nuestros campos que tantos frutos dan, sigan acompañando el crecimiento de nuestra Argentina.

Y hoy reunidos, rezando juntos, pidamos por nuestra patria, para que salgamos adelante. Vamos a salir adelante solo con diálogo y grandeza de corazón. No nos quedemos en el “chiquitaje” de las cosas que a veces nos ahogan. Pensemos en grande y hagamos de esta ciudad lo que quisieron sus fundadores: una ciudad tan grande como estas playas y tan cercana a aquellos que buscan mejorar sus vidas.

Que la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, nos acompañe en esta tarea. Damos gracias por los 150 años de Mar del Plata.

Mar del Plata, 10 de febrero de 2024.
Mons. Ernesto Giobando SJ, administrador apostólico de Mar del Plata