Viernes 22 de septiembre de 2023

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Misa en la casa histórica de los amigos del Cura Brochero

Homilía de monseñor Hugo Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje en la casa histórica de los amigos del Cura Brochero (Panaholma, 16 de noviembre de 2022)

¿A qué hemos venido hoy a este lugar? ¿Qué pedimos a Dios en esta Misa? ¿Qué hacía aquí el Santo Cura Brochero? ¿Qué significó esta casa en su vida y en su servicio pastoral?

Según el testimonio de Zoraidita Recalde, hija de Romualdo Recalde (hermano de Erasmo) y de Felisa Sosa, el Señor Brochero “frecuentaba asiduamente la casa… e incluso tenía una habitación expresamente reservada”.

La testigo recuerda la presencia y la persona del Santo Cura que falleció cuando ella tenía 15 años. Aquí el Cura rezaba: “en su propia casa lo ha visto entregado a la oración y a veces cuando se le requería solía contestar: voy una vez que termine mis rezos” testimonia para la causa de canonización.

En esta casa solían lavar, arreglar y atender su ropa: “(…) Sr. Brochero ¿y aquella camisa nueva que usted poseía? Ya la di a otro que estaba más necesitado que yo” respondía Brochero.

Erasmo y Zoraida tuvieron alguna militancia política con Ramón J. Cárcano y con los Juárez que supieron estar varias veces en esta casa, cuenta Zoraidita. También aquí se relacionó Brochero con políticos liberales de la época que tuvieron dificultades con la Iglesia de aquellos tiempos.

Sabemos por el Cura Brochero que casó en Panaholma a Erasmo con Zoraida y “ su casa fue mía cómo lo fue la casa de mis padres”, dijo en un famoso discurso con ocasión de un banquete que le ofrecieron a Erasmo y Zoraida. Aquí con ellos disfrutó del descanso, de la mesa compartida, del trato familiar que le dispensaban. Zoraidita cuenta que cariñosamente le apodaban “Tata Cura”.

Él acepta tomar la palabra en nombre del matrimonio en aquella fiesta homenaje porque “lo estrechan las fuerzas de la amistad y el agradecimiento”; asegura. Disfruta de la amistad con una de sus muchas amigas y con su esposo.

Don Erasmo que no presta a sus mejores amigos los caballos de carrera para que anden una cuadra, se los ofrece al Cura para ir a confesar enfermos: “como si fueran caballos de diario”, dice Brochero. En esta casa, ya muerto el Cura Brochero, “siempre había la piadosa costumbre, después del rosario en familia, rezar un Padre Nuestro por él”.

¿Que hemos venido a hacer nosotros con esta casa? A rezar, y unidos pedir a Dios que nos ayude a golpear las puertas que hagan posible su restauración. Apuntalar estas paredes será sostener en alto la obra de Brochero, como bandera del progreso espiritual y material de la zona.

Trabajar por su restauración será favorecer el turismo religioso, y así por el camino de Brochero sostener la fe, promover el trabajo, levantar la esperanza, construir vida digna, edificar la comunidad.

Dios bendiga esta casona hoy en ruinas, Dios bendiga este signo de la memoria histórica del oeste cordobés; y bendiga a las personas capaces de guardar este patrimonio cultural de esta sociedad, y de la Argentina toda.

Mons. Hugo Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje