Jueves 29 de septiembre de 2022

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Virgen de La Cobrera

Homilía de monseñor Gabriel Bernardo Barba, obispo de San Luis, en la misa en honor a la Virgen María de La Cobrera (3 de septiembre de 2022)

Estamos en este lugar Dónde debemos aprender a escuchar el silencio. Quizá no hoy porque hay mucha gente… pero cuando volvamos y estemos solos… podremos disfrutar ese silencio exterior que nos lleva a un silencio interior que quita los ruidos interiores que favorezcan escuchar lo que Dios nos quiere decir.

La virgen María ha sido maestra de escucha, ha sido maestra del silencio. Ella misma ha aprendido a escuchar la voz de Dios.

Nosotros venimos aquí, convocados por María a este lugar llamado La Cobrera.

He tenido la suerte de conocer muchos lugares de Argentina, particularmente en el norte. Algunos de ellos a 4.000 y 5.000 metros de altura. He podido compartir en esas tierras la cultura propia del altiplano que llevan naturalmente a un encuentro con el Creador. Son lugares propicios para la contemplación, para el silencio interior para escuchar la voz de Dios. Como aquella montaña citada desde el A.T. el Oreb, donde los profetas encontraban a Dios. Y he podido vivir esa fuerte experiencia de encuentro de una naturaleza que “eleva”, que favorece el encuentro con lo religioso.

Seguramente muchos podrán llegar a este lugar para escuchar la voz de Dios por medio de María. Venimos por María, al encuentro de Dios, para llevarlo en nuestro corazón, para expresarle muestras dolencias, para dejar aquí a los pies de María nuestras enfermedades, para poner aquí nuestras inquietudes que nos hacen daño. Lo que nos preocupa…, y también lo que nos anima…

En este lugar, por medio de María debemos encontrarnos con Jesús. Llegar a Él. Escuchar atentos qué nos dice…, qué nos pide…; muchos de ustedes hacen años que se acercan hasta aquí, ya lo han hecho tantas veces…

Hoy, primero rezamos juntos el Santo Rosario, luego hemos peregrinado como Pueblo de Dios. Como Pueblo que comparte su fe. Un Pueblo que no está solo, que juntos peregrinamos a la casa del Padre. Y ahora compartimos el Misterio más profundo de nuestra Fe, la Eucaristía.

En las lecturas de hoy escuchamos:

Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos…
¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto? (Sab 9,13-18)

Tenemos certeza de nuestras fragilidades. Y cada uno sabe lo que va viviendo en su corazón. ¡Por eso estamos aquí…! Queremos por medio de María fortalecer nuestras rodillas vacilantes…, necesitamos de la Sabiduría que solo Dios nos puede dar.

Por eso venimos confiados.

Respecto al Evangelio que acabamos de escuchar Lucas (14,25-33):

Sin duda es un pedido muy exigente que hace Jesús a sus Discípulos. Tan solo pensemos cuánto amamos a nuestras familias y seres queridos, a los propios hijos…, qué más para una madre o un padre que el amor a sus hijos…; sin embargo, Jesús nos dice que para ser sus Discípulos, tenemos que tener por Él un amor mayor aún. Por sobre todas las cosas, como nos lo enseñan los mandamientos.

Venimos aquí porque tenemos FE y debemos crecer en la fe. Siempre…, permanentemente...; CONFIAR en Dios. Porque confiamos en María, confiamos en Dios. Como lo hizo ella. Ella es nuestra maestra y modelo.

En este mismo texto del Evangelio, se nos habla de “cargar la cruz” para ser sus discípulos.

María desde que escuchó las palabras del Ángel en la Anunciación asumió la cruz de la incertidumbre y del dolor. Y salió al encuentro de su prima Isabel. Pero, sobre todo, junto a la cruz de Hijo, supo lo que es cargar la cruz hasta el final. Y nunca desfallecer… y nunca perder la fe. Todo lo contario…, desde ese momento es MADRE de TODOS los cristianos…, desde ese momento… es madre nuestra y ya no solo de su Hijo Jesús.

La Cobrera será entonces, un lugar de encuentro con la Virgen, con Jesús y con nuestros hermanos en el camino de la fe. Aquí debemos venir para tomar Gracia, recibir los dones que Dios nos quiera regalar y la fuerza para volver a nuestra realidad cotidiana dispuestos a seguir a Jesús cada día cargando con la cruz que nos haya tocado, para que esta se convierta en un instrumento de vida. Pero también este es un lugar de gozo y esperanza ya que la Virgen es causa de nuestra alegría.

Tenemos que profundizar el camino de la oración y para ello, el rezo del Santo Rosario puede ser el instrumento que fortalezca a nuestras familias de lo que nos angustia, de lo que nos hace daño. Nuestra devoción a la Virgen María se hace oración. Les invito desde aquí a que recen el Rosario familia.

Que el Rosario sea un espacio especial en nuestras familias. Fortaleza para llegar a Dios, mediante los Santos Misterios que vamos contemplado. Nuestras familias pueden ser ESCUELAS de ORACIÓN. Basta el propio ejemplo de cada uno. Papá y mamá, primeros maestros de oración…

Les propongo como familias un objetivo de oración. Algunos podrán rezarlo cada día. A lo mejor otras familias lo harán con más distancia (una vez a la semana…), cada familia sabrá cuál es su tiempo…, sin embargo, lo importante de esto será que el rezo del Rosario sea una oración compartida en muchos hogares. Les aseguro que esto va a cambiar a nuestras familias en el presente y en el futuro. Que no solo cuelgue de nuestros cuellos, o pasee en nuestros autos, sin ser rezados. Están para ser rezados. Ese es su verdadero y más profundo sentido.

Que el rezo del Rosario en familia sea una costumbre para niños, adolescentes y jóvenes y nuestras casas…, un lugar propicio de oración.

El mismo Jesús tuvo un ambiente de familia donde se educó, dónde creció en edad, sabiduría y Gracia. La Sagrada Familia de Nazareth ha sido claramente un lugar, una familia de oración. Nuestras familias deben ser igual que la de Jesús, familia de oración familia donde se llega al encuentro con Dios.

Seguramente volveremos a este lugar…, a La Cobrera muchas veces…

Hoy tiene algo muy especial ya que es la primera vez en que se celebra aquí la Santa Misa.

Quiero acompañarlos y por eso estoy aquí.

Quiero velar para que siempre sea este lugar, un lugar Eclesial. Que nos lleve a estar en comunión con la Iglesia bajo el cayado de Pedro, es decir, bajo el pastoreo de nuestro Papa Francisco. Para ello, yo mismo como obispo de esta Diócesis, y con la ayuda de nuestros pastores, de nuestros sacerdotes que puedan prestar sus servicios ministeriales desde este lugar, iremos acompañando este caminar Mariano.

El pueblo de San Luis, desde hace años que tiene la santa costumbre de las Peregrinaciones y seguramente este lugar será justamente uno de ellos.

María nos lleva a Jesús. ¡Siempre…!

Por esa misma razón deseo que podamos dar continuidad a la celebración de la Misa en este predio y para ello invito a nuestros sacerdotes de San Luis que cuando vengan hasta aquí, ofrezcan a los Peregrinos este alimento que es la Eucaristía y también con generosidad la Gracia del sacramento del Perdón.

Que la Cobrera, por medio de María sea cada vez más, un lugar de bendición y consuelo para cuantos vienen a rezar a la Virgen.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Mons. Gabriel Bernardo Barba, obispo de San Luis