Lunes 15 de agosto de 2022

Nuevo equipo de Pastoral Matrimonial en la arquidiócesis de La Plata

  • 28 de junio, 2022
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
El nuevo equipo estará destinado a alentar y acompañar "los esfuerzos que buscan consolidar los matrimonios", expresó el arzobispo.
Doná a AICA.org

La arquidiócesis de La Plata contará desde ahora con un equipo de Pastoral Matrimonial y el arzobispo, monseñor Víctor Manuel Fernández, explicó que este nuevo equipo fue constituido con el objetivo de alentar y acompañar los esfuerzos que buscan consolidar a los matrimonios. 

En la presentación del nuevo equipo, monseñor Fernández brindó las líneas arquidiocesanas que deberán orientar la tarea, y para ello se inspiró fundamentalmente en la encíclica Amoris laetitia y también en las nuevas orientaciones del Dicasterio para los Laicos, la Vida y la Familia. 

En ese sentido, el arzobispo de La Plata puso el acento en dos objetivos muy precisos en los que deberá concentrarse esta nueva Pastoral Matrimonial: “La motivación para valorar la vocación matrimonial, para alentar, entusiasmar a los jóvenes a comprometerse para toda la vida” y “La tarea de acompañamiento de los nuevos matrimonios después de la boda, que incluye eventualmente una ayuda para superar las crisis”. 

El nuevo equipo estará conformado por los siguientes miembros: Guillermo Mariano y Nancy Cachorro, Roberto Breide y Fabiana Galán,  Nestor Svagusa y Nadia Silvana Sosa, Gustavo Gulino y Karin Ballesteros. 

Asimismo, monseñor Fernández propuso las siguientes consideraciones en torno a la tarea del nuevo equipo: 

» Las dos grandes líneas 
Así como ya lo plantearon los Sínodos y el Santo Padre, las nuevas orientaciones del Dicasterio para los laicos, la vida y la familia, para “itinerarios mistagógicos” de la pareja, tienen como novedad que van más allá del llamado “curso” de preparación al matrimonio y destacan dos cosas: por un lado la “preparación remota” que comienza en la niñez y que consiste en una sensibilización progresiva que lleve a valorar hondamente la opción por el matrimonio como vocación a una unión para toda la vida. Esto es cada vez más pertinente debido al número cada vez menor de bodas. Por otro lado, propone un acompañamiento en los primeros años posteriores a la boda y en las crisis, dado que ningún curso podría ser suficiente, y el número de separaciones también lo indica. 

Así se retoma lo dicho claramente por el Santo Padre en Amoris laetitia: 

“Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece” (35). “Es preciso alentar a los jóvenes bautizados a no dudar ante la riqueza que el sacramento del matrimonio procura a sus proyectos de amor” (306)

“Se vuelve imprescindible acompañar en los primeros años de vida matrimonial para enriquecer y profundizar la decisión consciente y libre de permanecer y de amarse hasta el fin” (217). “Los primeros años de matrimonio son un período vital y delicado durante el cual los cónyuges crecen en la conciencia de los desafíos y del significado del matrimonio. De ahí la exigencia de un acompañamiento pastoral que continúe después de la celebración del sacramento” (223).

» El “curso” de preparación inmediata
Es verdad que el Dicasterio ofrece algunas propuestas con respecto a la preparación inmediata, pidiendo que sea más personalizada, más kerygmática, más experiencial. Pero Francisco aclara que no son “fórmulas mágicas” y que deben ser “adaptadas” en cada contexto. El documento destaca que, más que de un curso de preparación se trata de un itinerario catecumenal, que comienza ya en la niñez y que continúa después de la boda.  

Igualmente da sugerencias respecto a lo que sería la preparación próxima o el llamado “curso” de preparación, pero expresa que esta propuesta “no puede ser simplemente impuesta como la única manera de preparar el matrimonio, sino que debe ser utilizada con discernimiento y sentido común, sabiendo muy bien que hay casos en los que el catecumenado matrimonial no podrá o no deberá ser seguido, sino que hay que encontrar otras maneras y formas de preparación al matrimonio” (16). También pide “flexibilidad con respecto a la situación concreta de las diferentes parejas” (18). Lo repite en la conclusión señalando que todo debe ser “adaptado con flexibilidad –en cuanto a los modos y tiempos de realización– a las situaciones concretas de las parejas que tenemos delante, y según las posibilidades concretas de los agentes de pastoral de la Iglesia local”. Por ello, si bien no se propondrá un formato de curso para todas las parroquias, el Equipo de Pastoral Matrimonial de la arquidiócesis podría brindar un auxilio a las parroquias ofreciendo retiros o medias jornadas que puedan apoyar y enriquecer la tarea de preparación de las parroquias.

» Un catecumenudo para suscitar experiencias
El documento del Dicasterio insiste también que la preparación al matrimonio “no pretende ser una mera catequesis, ni transmitir una doctrina. Pretende hacer resonar entre los cónyuges el misterio de la gracia sacramental, que les corresponde en virtud del sacramento: hacer que la presencia de Cristo viva con ellos y entre ellos. Por eso es necesario, con respecto a los que pretenden casarse, superar el estilo de una formación sólo intelectual, teórica y general (alfabetización religiosa). Es necesario recorrer con ellos el camino que los lleva a tener un encuentro con Cristo, o a profundizar en esta relación, y a hacer un auténtico discernimiento de la propia vocación nupcial” (5). Y repite: “no se trata tanto de transmitir nociones o de adquirir competencias, sino de guiar, ayudar y estar cerca de las parejas en un camino que hay que recorrer juntos” (20). Hay que provocar las grandes experiencias que serán el inicio de procesos de crecimiento.+

NOTICIAS RELACIONADAS