Viernes 1 de marzo de 2024

Recordó la UCA a su ex vicerrector Ernesto Parselis

  • 25 de julio, 2023
  • Buenos Aires (AICA)
En la iglesia del Corazón de Jesús, en Puerto Madero, el vicerrector, Pbro. Gustavo Boquin, presidió una misa por quien fue profesor y autoridad en esa casa de estudios, fallecido el 14 de julio.
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El licenciado Ernesto Parselis, que fue vicerrector y secretario académico de la Universidad Católica Argentina (UCA), fue recordado por esa casa de estudios en una misa concelebrada el jueves 20 de julio en la iglesia del Corazón de Jesús, en el campus de Puerto Madero.

Presidió el oficio el presbítero Gustavo Boquin, vicerrector de Integración, y concelebraron dos profesores de esa casa de estudios: el presbítero Fernando Ortega, capellán del Instituto para la Integración del Saber, y el padre dominico Jorge Scampini O.P.

Parselis, fallecido el viernes 14 de julio, dedicó gran parte de su vida a la UCA, desde sus comienzos junto al primer rector, monseñor Octavio N. Derisi, en una valiosa y reconocida trayectoria.

Asistieron a la misa el rector, doctor Miguel Ángel Schiavone, varios decanos de facultades y numeroso personal de la UCA, que conoció al licenciado Parselis, trabajó con él y apreció tanto su competencia y dedicación profesional como su calidad humana.

Estuvieron presentes su esposa, Irene Pikutis, y varios familiares; entre ellos, sus dos hijos: Martín (ingeniero, educador y artista) y Verónica (licenciada en Filosofía y artista visual), ambos profesores en la UCA y en otras instituciones de educación superior.

En representación de la agencia AICA asistió el administrador, Eduardo Woites; durante muchos años hubo un contacto muy estrecho entre el director de AICA, Miguel Woites, y el licenciado Parselis. Además de su respectiva actuación en instituciones de la Iglesia ambos habían coincidido en la parroquia Madre de Misericordia, perteneciente al obispado de Avellaneda-Lanús.

En la misa se recordó que la colectividad lituana sentía profundamente la pérdida de Parselis, quien participó activamente de sus actividades en esa parroquia.

Del padre Boquin
El padre Boquin recordó a quien compartió la vida en la Universidad “con tareas que lo llevaron una y otra vez a buscar la concordia, a buscar la paz, siempre caracterizado por una palabra amable, paciente, capaz de recrear la fraternidad, el entendimiento. Y uno puede preguntarse por esos frutos que uno veía en su actuar, en su trabajo, ¿de dónde venían? Sin duda, de vivir una vocación como la matrimonial, como la familiar, donde vio que el Señor lo llamaba: formó una familia donde encontraba seguramente su paz, su tranquilidad, su regocijo. Pero toda persona tiene también una dimensión que es absolutamente íntima, que es donde llega Dios”.

Señaló cómo el Señor, quien dijo “Vengan a Mí los que están fatigados y abatidos que Yo los consolaré”, lo sostuvo frente a tantas adversidades. El padre Boquín dijo que el Señor lo llevó a preguntarse por las preguntas fundamentales de la vida (“recordemos su vocación de filósofo, sus estudios”). Y después tuvo que poner eso en práctica, llegar una y otra vez a recrear el espíritu de la Universidad y trabajar con personas distintas. “Es un arte saber caminar con cada rector, en el ritmo de cada uno”.

Finalmente expresó: “Pedimos al Señor, que lo enriqueció con estos dones, que a él que fue un buen amigo lo colme de gozo, con el don de la vida, de la paz. Como decía la primera lectura, ya no solamente a Ernesto lo llama con el nombre “Yo soy el que soy, soy el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo” sino que le ofrece entrar en esa dimensión profunda, en esa familiaridad que tienen las personas de la Santísima Trinidad… Así, con esa imagen familiar, Jesús habla de la casa adonde todos estamos llamados y donde cada uno tiene su morada; allí Ernesto alcance plenamente su condición de hijo de Dios.”

A los familiares, les transmitió el consuelo de saber que la vida es más fuerte que la muerte y como dice San Pablo, el amor no pasa jamás, permanece para siempre. Así el afecto familiar alcanzará su plenitud en el reino de los cielos. Los animó a vivir con la esperanza sabiendo que un día nos vamos a encontrar, que “un día vamos a celebrar el domingo sin ocaso, la fiesta que no tiene término”.

Su trayectoria
Ernesto José Parselis nació el 9 de octubre de 1940, en Buenos Aires.

Sus padres eran lituanos. Realizó sus estudios primarios en el Colegio de la Parroquia lituana Madre de Misericordia (Avellaneda). Allí vivió su infancia, fue monaguillo y jefe scout. Fundó, asimismo, el centro de graduados del colegio. Toda su vida estuvo vinculada a la Comunidad Lituana de la Argentina representando los valores humanistas y reivindicando sus raíces culturales. Hablaba perfecto el lituano y transmitió a sus hijos y nietos las tradiciones fundamentales del país báltico, junto con Irene Pikutis, su esposa y compañera durante 60 años -también descendiente de padres lituanos-.

Su formación secundaria se desarrolló en el Seminario Metropolitano de Devoto y luego viajó a Roma. Estudió en el Angelicum, Universidad Pontifica de Santo Tomás de Aquino, en donde se recibió de licenciado en Filosofía, con el reconocimiento de Magna cum Laude. Siendo aún muy joven, en un acto en Roma, conoció a Monseñor Octavio N. Derisi.

Al regresar a la Argentina, convalidó su título en la UCA y comenzó a ejercer la docencia universitaria, siendo aún rector Mons. Derisi. Monseñor Guillermo Blanco (que sucedió a Derisi en 1980) en 1984 convocó a Parselis a acompañar su gestión como secretario académico de la Universidad. A partir de allí estaría vinculado a los cargos de gestión en la Universidad Católica Argentina hasta el año 2016 (como secretario académico, vicerrector y director de asuntos institucionales). Fue así colaborador directo de los siguientes rectores de la UCA: Mons. Blanco, Mons. Domingo Basso, Mons. Alfredo Zecca y Mons. Víctor Manuel Fernández.

En 2016 Parselis fue homenajeado por la Universidad, que designó con su nombre una sala de reuniones preparada para recibir a visitantes ilustres, contigua al Auditorio San Agustín en el Campus Puerto Madero.

Su recuerdo está no sólo en la sala de la Universidad que lleva su nombre, sino en quienes valoran su dedicación paciente y honesta a la UCA y a otras instituciones de educación superior, como, por ejemplo, la Facultad de Filosofía de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), de la que fue decano durante varias décadas. Su vida y ejercicio profesional fue testimonio de aquel proyecto liderado por Mons. Derisi y Mons. Blanco, ambos del ámbito de la filosofía, y estuvo marcada además por su cercanía con la obra y el espíritu de los padres dominicos. (Jorge Rouillon)