Viernes 17 de septiembre de 2021

"No hay dispositivos que den respuestas inmediatas a la droga"

  • 21 de agosto, 2015
  • Rosario (Santa Fe) (AICA)
El presbítero José María "Pepe" Di Paola, coordinador de la Comisión Nacional de Drogadependencia, visitó la ciudad y disertó allí sobre el drama del consumo de estupefacientes y el narcotráfico. El sacerdote llevó un mensaje de esperanza a pesar de que, en su opinión, "en la Argentina no hay dispositivos que den respuestas inmediatas" a este flagelo social.
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El presbítero José María "Pepe" Di Paola, coordinador de la Comisión Nacional de Drogadependencia, visitó la ciudad y disertó allí sobre el drama del consumo de estupefacientes y el narcotráfico.

El sacerdote llevó un mensaje de esperanza a pesar de que, en su opinión, "en la Argentina no hay dispositivos que den respuestas inmediatas" al tema del narcotráfico. Luego de brindar una conferencia en el Teatro de Empleados de Comercio, el cura villero habló en el arzobispado de Rosario y valoró el "despertar de la Iglesia" en este tema a través de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.

¿Formar parte del equipo de sacerdotes para las villas de emergencia marcó definitivamente tu vida religiosa?
- Yo creo que fue un momento muy importante que no había pensado, porque yo era un sacerdote de una parroquia común de barrio y de pronto, si bien tenía ese carisma de trabajar con los niños, con los jóvenes, de ser una opción por los pobres, la villa es un lugar donde podés cumplir todo esto. Dos carismas eran fuertes en mi vocación, y los pude desarrollar como cura diocesano.

Somos curas villeros, tenemos ese nombre gracias a la designación del padre Mamerto Menapace, ese monje criollo que es tan simpático para transmitir verdades tan lindas. Nos dijo que éramos curas villeros y explicó que no era porque nacimos en la villa, ni porque convalidemos todo lo que está en la villa, sino porque vivimos junto a los villeros y han adoptado esa cultura y tratan de destacar y rescatar aquellas cosas buenas y también de ayudar en las cosas que no van bien. Así que esto de ser cura villero significa compartir la villa en el día a día.

¿Cómo viviste las amenazas a tu vida, a raíz del documento en donde hablaban ustedes de una región tomada y asolada por los narcotraficantes? ¿Cuál fue el consejo del papa Francisco, que en ese momento era tu obispo?
- Realmente fue un momento muy difícil que me marcó, porque no quería dejar la parroquia, la villa en donde estaba. Pero la amenaza del narcotráfico puede provocar un daño a la gente que está trabajando con vos, un catequista, un asistente social o los mismos jóvenes pueden correr peligro por el simple hecho de querer quedarse uno ahí.

Entonces llamé a Bergoglio, que siempre me dio un apoyo muy grande y tenía mucha cercanía conmigo, con los curas, con la gente de la villa y estaba muy implicado en todo nuestro planteo de la Iglesia. Le dije «mire jefe, me parece que me tengo que correr de esto, dar un paso al costado», y me contestó «vos sos el que estás ahí, vos sos el que podés medir el termómetro del lugar, ver el pulso de la situación». En ese momento decidí correrme, porque estaba funcionando bien la parroquia y el dispositivo de recuperación de adictos. Entonces quise salvar eso y es cuando me voy a Santiago del Estero.

Francisco tuvo una cercanía especial con la población paraguaya, de alguna forma surgida a partir de la historia que conoce de los habitantes de la villa?
- Para él fue muy interesante este planteo de parroquia dentro de la villa, y acompañó mucho y venía seguido, no solo a las fiestas patronales, también en otros momentos, en los retiros espirituales para hombres, para mujeres. Entonces se fue generando un vínculo muy grande entre él y la gente del barrio, que en un 90 por ciento son paraguayos, y así conoció su idiosincrasia.

¿Qué le pasa cuando vuelve a la villa después de tantos años y ve que algunas obras continúan en pie?
- La verdad que me llena de alegría, también tuvo que ver Bergoglio, que me permitió sugerir quien fuera el párroco, los curas que estaban conmigo se quedaron y eso permitió que hubiera una continuidad, las actividades siguieron su curso y la gente está participando plenamente de la parroquia. Eso a uno lo alegra, lo malo es cuando uno visita un lugar donde hubo mucha vida y a lo mejor después no pasa lo mismo.

En ese momento teníamos un grupo de hombres que vivían en la calle, con jornadas de invierno muy frías, y decidí dejarlos dormir adentro de la iglesia. Y surgieron historias muy divertidas y complicadas, venían las mujeres a rezar a las 8 de la mañana y se tenían que ir antes, yo les había dicho que estaba prohibido tomar adentro de la iglesia, al principio pensaba que estaban cumpliendo y después encontraba atrás de las imágenes religiosas una caja de tetrabrick .

Y bueno, lo que hicimos entre los vecinos fue arreglar una casa y empezó la historia de mucha gente que vivió en la calle dentro de la villa y que pudo tener un hogar, pudo tener una mesa donde compartir la comida con otros, la misa, y muchas cosas los han dignificado.

Después hicimos otra casa para aquellos que ya no querían tomar, para los que querían dar un paso más, entonces teníamos dos casas, una para aquellos que estaban en la calle y otra para los que querían mejorar su situación aún más: querían no tomar, ir al médico, seguir un tratamiento, tantas cosas que hemos logrado a través de la gente que fue colaborando y mejoramos la vida de muchos de ellos.

¿Estás al tanto del grave problema del narcotráfico en la provincia de Santa Fe y en Rosario? ¿Cuál el mensaje que dejás para personas que están atravesando momentos difíciles teniendo en cuenta tu experiencia?
- Yo creo que el mensaje tiene que ser de esperanza a pesar de que en la Argentina no hay dispositivos que nos den respuestas inmediatas a esto. Son décadas donde no se han hecho las cosas como se debieran, no solo en Rosario sino en todo el país. Pero veo como un despertar de la Iglesia, grupos de sacerdotes, religiosos y laicos van tomando este desafío desde la iglesia.

Acá en Rosario, desde el obispo hasta las distintas vocaciones van tratando de dar respuestas a esta problemática de las drogas y eso es muy bueno, porque hay cosas que dependen del Estado sin dudas y otras de la sociedad civil, que cuanto más se organiza es la que puede dar una respuesta más rápida e inmediata a este flagelo.

¿Donde te refugiás vos, como hombre y ser humano, ante tanto dolor que viste, experiencias de muerte, de violencia?
- Hubo muchos momentos traumáticos en la vida: muchos de los chicos que estuvieron con nosotros hoy están muertos por sobredosis, por la violencia o porque ellos han matado? ¡cómo la vida, que es lo más hermoso que nos ha regalado Dios, se viola constantemente! La droga hizo que el futuro de muchos chicos quedara diluido.

Lo importante es estar siempre en un contacto profundo con Dios y con la convicción que uno lleva. Saber que, como decía la Madre Teresa, si salvás a uno, estás salvando a la humanidad.

¿Estás de acuerdo en bajar la edad de imputabilidad? ¿Cuál sería en tu opinión el sistema más adecuado para poder lograr una reinserción en la sociedad de estos chicos?
- En principio no estamos de acuerdo en bajar la edad de imputabilidad. Nosotros pensamos en quienes son los que facilitan las drogas y las armas, siempre se toma el tema por el final y hay que agarrarlo por el principio. Entonces nos preguntamos quién pone el arma y la droga en manos de un chico de 14 años. ¿Qué estará pasando en la Argentina que, en vez de una pelota de fútbol o un libro, un chico tenga un arma o un porro? Me parece que las penas más contundentes tienen que ir para aquellos que les dan esto a los chicos, sean quienes sean. En definitiva siempre se ataca la consecuencia pero no el origen.

¿Cómo has visto la situación del Sedronar?
- Durante años y años no se han hecho las cosas como corresponden y ante la magnitud del problema, si se sinceraran todas las fuerzas políticas, no solamente tal o cual gobierno, se darían cuenta de que no hay dispositivo suficiente a lo largo del país para responder al problema de la adicción.+