Miércoles 27 de enero de 2021

Mons. Jurkovic: justicia, dignidad humana y paz están estrechamente unidas

  • 26 de noviembre, 2020
  • Riad (Arabia Saudita) (AICA)
El Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU destacó el camino de la fraternidad como "un criterio eficaz y realista de convivencia".

Monseñor Ivan Jurkovic, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, intervino en Yedda (Arabia Saudita) en la presentación del libro “La promoción del diálogo intercultural e interreligioso como instrumento de paz y fraternidad”, 

El libro, que continúa el recorrido iniciado con la visita del Jeque Muhammad bin Abdulkarim Al-Issa, secretario general de la Liga Musulmana Mundial, al Papa en el Vaticano hace tres años, y con el histórico viaje del cardenal Jean Louis Tauran a este país, aborda tres temas principales: la fraternidad humana, la justicia y el diálogo como instrumento de paz.

Invitado por la Liga Musulmana Mundial y la Universidad de la Paz de las Naciones Unidas a trabajar en esta publicación y en este panel de discusión, el arzobispo Jurkovic explicó cómo sus primeras reflexiones se dirigieron al Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia Común, firmado por el papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, en Abu Dhabi, el 4 de febrero de 2019. 

Esta declaración histórica no sólo reúne a personas de diferentes nacionalidades, culturas y creencias, sino que también nos invita a “considerar y tratar a todos los seres humanos como hermanos y hermanas”.

Al vivir en sociedades multiculturales y multirreligiosas, en las que “las diferencias se viven muy a menudo en términos de conflicto”, subraya el prelado, uno se da cuenta de que “la hermandad es esencial”, como ya lo subrayó San Pablo VI. Y “hoy, más aún a través de la última encíclica del papa Francisco 'Fratelli tutti', la fraternidad no se evoca como una aspiración abstracta y consoladora, sino como un criterio efectivo y realista de convivencia”.

El reconocimiento de la hermandad recíproca -observa monseñor Jurkovic- tiene la capacidad de cambiar, de anular el conflicto y de convertirse en un mensaje fuerte, con valor religioso e incluso político, además de llevar directamente a la reflexión sobre el significado de “ciudadanía”. Todos somos hermanos y hermanas y por lo tanto todos ciudadanos con iguales derechos y deberes.

Pero como señaló el jeque Al-Issa durante su visita a Ginebra -dice el prelado- “la paz no puede lograrse sin una justicia total, la justicia abstracta sólo puede conducir a una falsa paz”.

Cuando la justicia triunfa, la paz reina y cuando la justicia es ofendida, la paz también es puesta en peligro.

Puesto que todos compartimos la misma naturaleza humana y, por tanto, la misma dignidad, la justicia exige el respeto de los derechos de cada persona. Y “el respeto de la dignidad humana es sólo el primer pilar, aunque esencial, para construir una base sólida para el diálogo, primero intercultural y luego interreligioso”, afirma monseñor Jurkovic. 

“No puede haber diálogo si no se respeta la dignidad humana en primer lugar. Cuando se protege la dignidad humana, los hombres y mujeres son libres de dedicarse con libre conciencia a la búsqueda de la Verdad”.

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Tolerancia religiosa y libertad religiosa
El observador permanente de la Santa Sede ante la ONU también distingue entre la tolerancia religiosa y la libertad religiosa. 

“Cuando la tolerancia se basa en el respeto mutuo de la dignidad humana, puede ser un paso importante para garantizar la paz entre los pueblos. Sin embargo, la simple tolerancia no es suficiente. Esto se debe a que la tolerancia, en sí misma, tiene la connotación negativa de “soportar” o “sufrir” con el otro, en lugar de apreciar las diferencias y expresar el respeto mutuo por las religiones de cada uno. Por lo tanto, es más fructífero facilitar las relaciones entre las tradiciones religiosas basadas en el concepto más dinámico de la fraternidad mutua.

La aceptación y la tolerancia derivan de un conocimiento más profundo del otro, que sólo es posible mediante el diálogo. Sin diálogo no se pueden eliminar eficazmente las barreras del prejuicio, de la sospecha y de la incomprensión, y para que el diálogo enriquezca a ambas partes, debe haber una actitud mutua de dar y tener, por lo tanto, el deber de escuchar lo que el otro dice. 

“Cada persona es portadora de la dignidad humana y brilla 'un rayo de esa Verdad que ilumina a todos los hombres'“, siendo los seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Forman parte del plan de Dios y, “por lo tanto, no deben ser privados en modo alguno de su humanidad, que es la fuente de su dignidad, ni de su derecho a buscar y expresar la verdad”.

La dignidad humana es la premisa que permite el diálogo entre las diferentes culturas (incluso las no religiosas), y “el fruto del diálogo es la unidad entre los pueblos y la unión de los pueblos con Dios, que es la fuente y el revelador de toda la Verdad y cuyo Espíritu guía a los seres humanos en la libertad cuando se encuentran con toda honestidad y amor”.

Por último, monseñor Jurkovic invitó a no perder de vista los principios que nos unen en el plano espiritual y recordó que “la paz no es un sueño ni una utopía; la paz es posible”. 

Sin embargo, su construcción no debe confiarse únicamente a las instituciones políticas, a las mesas de negociación, sino que debe estar enraizada en las relaciones cotidianas, de modo que “nos permitan mirar y tratar a cada persona como una verdadera hermana o un verdadero hermano”. 

Porque sólo con este tipo de fraternidad podremos superar “el egoísmo individual que entra en conflicto con la posibilidad de las personas de vivir en libertad y armonía”. 

Todos nosotros, “los cristianos, los musulmanes y todos los creyentes”, estamos llamados “a ofrecer nuestra particular contribución a una civilización de paz y encuentro”, concluyó el prelado. +