Domingo 14 de agosto de 2022

Mons. García Cuerva instó a "entender la importancia que las cosas tienen y no más"

  • 3 de agosto, 2022
  • Río Gallegos (Santa Cruz) (AICA)
El obispo de Río Gallegos pidió imitar a Jesús, quien "no acumuló nada", e incluso estando en la cruz, "entregó la vida por amor a nosotros".
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En el 18° domingo del tiempo ordinario y a la luz de las lecturas, el obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, se refirió a la vanidad y la avaricia como aquellos pecados de los que "tenemos que cuidarnos”.

“Si tenemos talento o méritos que Dios nos ha regalado es para agradecerlos y ponernos al servicio de los demás, más allá del reconocimiento de los otros”, señaló el prelado, quien recordó que “Jesús, en todo momento, teniendo un don de gente, teniendo ese corazón grande, teniendo esos gestos con los más pobres, ese amor profundo por los que sufrían, esa delicadeza para tratar a la gente, esa firmeza y esa palabra justa para cuando tenía que entrar en debate con los fariseos y los escribas, nunca quiso que lo aplaudan”.

Incluso, continuó, “cuando a Jesús quisieron hacerlo rey, escapa, porque tiene claro que sus talentos son para ponerlos al servicio de la construcción del reino y no para generar una corte de aplaudidores”.

Como segundo punto, el prelado se refirió a lo que el apóstol Pablo decía sobre la idolatría, “pero ya no solamente sobre la idolatría de mí mismo, creyéndome que soy un genio y entonces soy un fanfarrón, un arrogante y un creído, sino que Pablo habla de la avaricia y dice que es una forma de idolatría”.

El avaro, añadió, es alguien que en el fondo “no deja de tener una gran tristeza y una gran angustia existencial, una gran soledad interior que trata de taparla con cosas. Del mismo modo con el vanidoso, que en el fondo creo que tiene una gran angustia y necesita tapar esa tristeza y angustia con aplausos y reconocimiento de otros”.

Monseñor García Cuerva aseguró que “tenemos que aprender a valorar las cosas de acuerdo a lo que valen y si hay algo que nos enseñó la pandemia es que las cosas más importantes de la vida no tienen precio, que el amor, la amistad, la fraternidad, el abrazo sincero no se compran en ningún supermercado ni con muchísimos dólares. Nos ayudó a entender la importancia que las cosas tienen y no más”.

En esa línea, el obispo de Río Gallegos afirmó que “la pandemia también nos ayudó a entender que de nada vale la acumulación de cosas ni los aplausos efímeros porque la felicidad pasa por otro lado”.

“Ojalá que pensando ya hacia dentro de la Iglesia, podamos concretar ese sueño de Francisco, la Iglesia pobre para los pobres. Una Iglesia que no busca aplausos y que no se cree que tiene demasiados méritos, una Iglesia humilde y sencilla, la Iglesia de Jesús, una Iglesia que no acumula”, deseó.

Finalmente, recordó que “Jesús no acumuló nada”, e incluso estando en la cruz, “entregó la vida por amor a nosotros”.+

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