Viernes 17 de septiembre de 2021

Mons. Bitar llamó a ser misioneros de la defensa de la vida

  • 29 de diciembre, 2020
  • Oberá (Misiones) (AICA)
El obispo de Oberá, monseñor Damián Bitar, presidió el 28 de diciembre una misa en memoria de los Santos Mártires Inocentes, para rezar especialmente por la vida.
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Con una misa presidida por el obispo de Oberá, monseñor Damián Bitar, en la catedral San Antonio de Padua, la comunidad rezó por la vida el 28 de diciembre, día de los Santos Mártires Inocentes.

“Levántate, toma al niño y a su madre…porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Con esta cita evangélica, el obispo comenzó su reflexión: “Parece mentira que estas palabras del Evangelio pronunciadas hace más de 2000 años en medio del gozo del nacimiento de Jesús, se resignifiquen hoy ante los ‘nuevos Herodes’ obsesionados en aprobar una ley que permita la muerte de niños inocentes engendrados en el seno materno”, expresó.

“Herodes se altera cuando le dicen que ha nacido un rey…Mata el cuerpo de los niños porque a él, el temor de perder el poder le mata el corazón… (Aquí descubrimos una lección: cuando no se adora a Dios, uno se adora a sí mismo; se adora el poder y todo lo que esto arrastra...)”, reflexionó.

“Dice un texto muy antiguo: ‘Aquellos niños sin saberlo, murieron por Cristo. Cuando todavía eran incapaces de hablar de Cristo se convierten en idóneos testigos suyos. Sus cuerpos no tenían aún la fuerza suficiente para la lucha y consiguieron ya la palma de la victoria’”, recordó el obispo, y detalló: “En la numerosa familia de los Santos Niños Inocentes están asociados los que mueren por el aborto provocado, los niños muertos por las guerras y todo tipo de abuso y violencia, los que mueren de hambre y de sed, en estado de abandono y soledad”.

“Hermanos queridos: hoy concluimos el triduo por la vida convocado por la Conferencia Episcopal Argentina, a horas de que el Senado, en un trámite casi ‘exprés’, intente aprobar la ley del aborto en la Argentina. ¡Qué penoso! El Congreso va a cerrar un año signado por la oscuridad (pandemia, pobreza, duelos…) ‘debatiendo’ el quinto mandamiento, intentando aprobar la pena de muerte para los niños inocentes. Lo afirmamos una vez más: la vida no se debate, se defiende, se custodia, lo que se debate es cómo salvar vidas, cómo dignificar la vida de cada ser humano, sobre todo de los más débiles…Es inconcebible que en nombre de los derechos humanos y de la salud pública se eliminen vidas indefensas”.

Recordando las palabras de monseñor Ojea el sábado pasado en la basílica de Luján, manifestó: “Transitamos un momento de la patria en el que necesitamos reconstruir y sanar la crisis socioeconómica, educativa y cultural, fruto amargo de diversas pandemias, pero no podremos construir si se suelta la mano al indefenso, si se desconocen los derechos al más débil”.

“Hoy, 28 de diciembre, vivimos una jornada de oración y ayuno. ¿Por qué oración y ayuno? Porque la oración es la llave que abre el corazón de Dios y tiene la capacidad de derribar muros y de ‘mover montañas’… pero también porque Jesús nos enseñó que ciertos demonios sólo se vencen con ayuno y oración”.

Los demonios, aclaró, “no son el presidente, ni el ministro de Salud, ni los diputados ni senadores que votan a favor del aborto; tampoco los colectivos de mujeres que destilan violencia y  resentimiento. No, no afirmamos que estén ‘poseídos’, pero San Juan en su primera carta nos dice claramente: El que no ama a su hermano, está en tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido”, recordó. “Poseídos no, pero hombres y mujeres con ideologías infectadas por el ‘mal espíritu’ y por la acción del ‘padre de la mentira’, sin duda que sí”.

El obispo aseguró que estamos “ante un problema con un trasfondo que no debemos perder de vista”, porque “la batalla verdadera no es contra personas, la verdadera batalla se libra rn el ámbito espiritual. Lo dice la carta a los Efesios: ‘Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio’”.

“Me trae a la memoria una vez más, la carta que la hermana Lucía (pastorcita vidente de Fátima), le escribía el año 2000 a un cardenal: en esta hora de la historia la batalla decisiva se librará en el campo de la vida y de la familia. Una verdadera profecía”.

Y detallando “algunas señales”, enumeró: “Detrás de la plaga del divorcio que debilita el matrimonio y la familia, del caos afectivo que lastima la vida de jóvenes y adultos, del genocidio silencioso del aborto, del descarte de los jóvenes por el narcotráfico, las adicciones y el desempleo, más el descarte de los ancianos, sin duda se percibe la estrategia del demonio que no descansa para extender por todas partes la cultura de la muerte a través de refinadas colonizaciones ideológicas, intentando en esta etapa de la historia dar un golpe mortal: derribar uno de los baluartes más fuertes de la familia y de la sociedad, herir algo ‘sagrado’: la mujer, su femineidad, la maternidad”.

“Detrás de legítimos derechos y reclamos en defensa de su dignidad se fue camuflando un radicalizado feminismo de género que distorsiona hasta la naturaleza misma. Sirva como ejemplo el triste espectáculo de mujeres de todas las edades festejando y aplaudiendo una ley que les permita matar un niño inocente concebido en su propio seno, tapando -con gritos y violencia-, lo que no se puede tapar: legal o ilegal el aborto mata igual”, sostuvo.

“Todo esto puede llevarnos a exacerbarnos o indignarnos. Se corre el riesgo de tomar las armas de la descalificación y la violencia. No es ese el camino a seguir. Discutimos ideas, no personas. Porque la lucha se libra a otro nivel. De ahí la necesidad de ayuno y de mucha oración”.

“Dios ha nacido. Nadie podrá matar al autor de la Vida. El resucitado vive para siempre. Recibamos al autor de la paz, de esa paz que nada ni nadie nos podrá arrebatar. Y pase lo que pase seamos misioneros, ‘cuerpo a cuerpo’ de la defensa de la vida, venga como venga”.

“¡El amor es más fuerte que la muerte! La debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres y Dios no fracasa. Decía el papa Benedicto: ‘O más exactamente, al inicio Dios fracasa siempre y deja actuar a la libertad del hombre, y ésta dice continuamente ‘no’. Pero la creatividad de Dios, la fuerza creadora de su amor, es más grande que el ‘no’ humano. A cada ‘no’ humano se abre una nueva dimensión de su amor”.

“Virgen Santísima, Madre del Pueblo argentino, tú que eres capaz de transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pocos pañales y una montaña de ternura, te pedimos detengas la mirada sobre los legisladores que tendrán que decidir sobre un tema de delicadeza tan extrema; que puedas provocar una serena reflexión en sus mentes y en sus corazones, que no renieguen de sus convicciones más profundas, para que todos los invitados al banquete de la vida puedan ser recibidos, sin excluir a nadie”, rezó monseñor Bitar.+

» Texto completo de la homilía