Viernes 22 de octubre de 2021

Misa reunió a muchos fieles al cumplirse un año de la beatificación de Mama Antula

  • 30 de agosto, 2017
  • Buenos Aires (AICA)
La beata María Antonia de San José fue recordada el domingo 27 de octubre al cumplirse un año de su beatificación en una misa en la basílica de Nuestra Señora de la Piedad, donde reposan sus restos. Presidió la misa el obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario de la zona Flores, monseñor Ernesto Giobando S.J, quien expresó: "Le pido a Dios en este día que la devoción a María Antonia se grabe en nuestros corazones y sepamos difundir su obra".
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La beata María Antonia de San José, a quien también llaman Mama Antula, fue recordada el domingo 27 de octubre al cumplirse un año de su beatificación en una misa en la basílica de Nuestra Señora de la Piedad, donde reposan sus restos.

Presidió la misa el obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario de la zona Flores, monseñor Ernesto Giobando S.J, quien expresó: "Le pido a Dios en este día que la devoción a María Antonia se grabe en nuestros corazones y sepamos difundir su obra".

La misa fue concelebrada al concluir una procesión que partió de la Catedral de Buenos Aires y recorrió caminando muchas cuadras con una imagen de la beata.

Varios centenares de fieles llenaron todos bancos del templo y muchos de ellos quedaron de pie en los pasillos laterales.

Concelebraron la misa el párroco de la Piedad, presbítero Carlos Raúl Laurencena; el párroco de la parroquia de San Miguel, presbítero Luis Marcelo Iglesias, y el presbítero Raúl Canali, capellán interno en la parroquia Santa María.

Ataviados con sus togas moradas y cuerdas trenzadas blancas participaron numerosos miembros de la Cofradía del Señor de los Milagros, devoción arraigada en la comunidad de residentes peruanos. Había también integrantes de la Sociedad Hijas del Divino Salvador, fundada por la beata, y representaciones de los colegios que tienen a su cargo.

En la homilía, monseñor Giobando comentó el Evangelio en que Simón Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, confiesa que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesucristo le dijo que sobre él edificaría su Iglesia y le entregó sus llaves, asegurándole que las puertas del infierno no prevalecerán sobre Ella.

Monseñor Giobando estimó que Pedro fue comprendiendo esto a través de los años, sobre todo después de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre María y los Apóstoles, y subrayó que la comunidad cristiana lo tiene como garantía de la fe en Jesús.

La Iglesia es peregrina, dijo, y mientras caminamos por esta tierra necesitamos de esta garantía para que la caridad sea lo central, el fundamento. El Papa ejerce el primado de la caridad más que el poder según los criterios de este mundo, afirmó.

Animó a rezar por la Iglesia y por el Papa, que tiene fuerza interior para enfrentar las extremas dificultades del mundo actual. Y al agradecer a Dios por tener a María Antonia en los altares, dio gracias al papa Francisco por la beatificación.

Monseñor Giobando leyó un escrito del obispo de Buenos Aires Sebastián Malvar y Pinto, franciscano, quien señalaba cómo examinó y observó cómo se desempeñaba María Antonia cuando llegó a Buenos Aires con el deseo de difundir los ejercicios espirituales de San Ignacio. La hizo esperar y ella "no se turbó ni se desalentó". En agosto de 1780, decía, se abrieron los ejercicios en esta ciudad de Buenos Aires. Y años después señalaba que ellos habían dado tanto fruto y aprovechamiento espiritual de las almas "que nos tiene llenos de gozo".

También leyó monseñor Giobando una carta de la beata del 26 de mayo de 1785 a un sacerdote jesuita. Respondía a una pregunta sobre los principios de esos ejercicios, y decía que "sólo Dios lo sabrá cómo me entró tan fuertemente esta inspiración". Y señalaba cómo estaba cargada de trabajo "que me parece cada noche que me muero".

La misa fue acompañada por numerosos cantos, incoados por un coro. La entrada de la procesión en la iglesia se hizo cantando a "María Antonia misionera y no menos peregrina". En las oraciones de los fieles, se pidió que no exista más violencia ni división y que todos trabajen por el bien común. Y al presentar las ofrendas, se presentó también el anhelo de tener a María Antonia como santa.+ (Jorge Rouillon)