Lunes 4 de julio de 2022

Mártires del Zenta: datos poco conocidos del jesuita Juan Antonio Solinas

  • 2 de junio, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
Los aporta el provincial de la Compañía de Jesús, padre Rafael Velasco, al trazar una semblanza de quien será beatificado el 2 de julio en Orán, y ponerlo como ejemplo inspirador para los jesuitas.
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A raíz de la beatificación de los Mártires del Zenta, el padre Rafael Velasco SJ, provincial de la Compañía de Jesús (Provincia Argentino-Uruguaya), hizo una semblanza –con datos poco conocidos- del misionero jesuita Juan Antonio Solinas, quien será proclamado beato el 2 de julio junto con el presbítero Pedro Ortiz de Zárate en la diócesis de Orán.

“De Juan Solinas conocemos poco. Sabemos que nació en Cerdeña y que luego de ordenado fue enviado a ‘las misiones’ en América”, reconoció, y destacó el testimonio de un contemporáneo que decía: “Era ayuda para los pobres, a los que proveía sustento y vestido: médico para los enfermos, que curaba con gran delicadeza; y universal remedio de todos los males del cuerpo. Por esto los indios lo veneraban con afecto de hijos”. 

“Se sabe que evangelizó las misiones guaraníes y que luego fue enviado a evangelizar en la zona del Zenta, actual Orán, donde fue martirizado. Juan Solinas escribió a los jesuitas explicando su deseo de ir a los indios vilelas: ‘Toda esta gente unida y que viene poco a poco, se muestra satisfecha no sólo porque cree en las verdades que le hemos presentado, sino también porque está convencida de que nosotros nos quedaremos con ellos y no los abandonaremos, ni mucho menos los obligaremos, como pasó hace diez años, a ir a las tierras de los españoles. Al contrario los evangelizaremos y convertiremos en su mismo territorio, y les daremos los alimentos necesarios y todos los otros beneficios posibles. ¡Que Dios tenga cuidado de nosotros!’”. 

El padre Velasco puntualizó: Fue con el padre Ortiz de Zárate (diocesano) y fundaron la Misión de San Rafael, con la idea de evangelizar desde ahí a los pueblos aborígenes de la región. 

En octubre, los dos sacerdotes y algunos acompañantes estaban en una capilla en las cercanías del río Bermejo y del río Santa María, esperando una caravana que traía provisiones desde Salta. Con los sacerdotes estaban dos españoles, un mulato, un negro, una mujer indígena, dos niñas y dieciséis aborígenes. Querían redirigir la ruta de la caravana para que no asustase a los aborígenes de San Rafael. 

Entonces se presentaron unos 500 aborígenes con armas y pinturas. Unos 150 eran tobas. El resto eran guerreros mocovíes con 5 caciques. 

Durante unos días los rodearon. Los misioneros les ofrecieron regalos, vestidos y alimentos, y los aborígenes respondían con sonrisas, pero sin dejarles moverse, como si esperaran más refuerzos. Un cacique amigo, de los mataguayos, advirtió en secreto a los sacerdotes que iban a ser asesinados.

La mañana del 27 de octubre de 1683 los sacerdotes oraron y celebraron misa. Después hablaron de Dios con sus asediadores, en tono amistoso. 

Por la tarde, los asediadores, al parecer azuzados por hechiceros de sus clanes, cargaron con flechas, lanzas, garrotes y macanas, contra los misioneros y todos sus acompañantes y los mataron. Un aborigen de la misión pudo escapar a caballo y contar lo sucedido. Cuando llegaron tropas españolas desde Salta, el sargento mayor Lorenzo Arias quería atacar y matar a los culpables, pero el padre Diego Ruiz que le acompañaba lo impidió argumentando: "Hemos venido a convertir infieles, no a matarlos". 

Tras la descripción de lo que marca la historia, el provincial jeusita destacó: “Hoy la Iglesia beatifica a este compañero nuestro y al padre Ortíz de Zárate”. 

“Es bueno recordar -como lo hace por lo general la imaginería- a sus compañeros y compañeras de martirio, de los que se sabe muy poco (18 en total)”, explicó, y subrayó: “Ellos -aunque no son beatificados oficialmente- también dieron testimonio de la fe en Jesucristo ante quienes descargaron sobre ellos su odio y violencia”.

“El testimonio de los mártires es un aliento y a la vez un aguijón. Los mártires nos enorgullecen pero también nos incomodan: han llevado hasta el extremo el Amor de Dios, dieron la vida incluso por aquellos que los mataban. Pusieron por obra el amor de Jesús nuestro Maestro, que murió dando vida”, sostuvo.

El provincial jesuita expresó un deseo: “Quiera Dios que honremos esa sangre derramada con nuestro recuerdo, nuestra oración y nuestra ‘determinación deliberada’ de seguir a Jesucristo ‘vistiendo su misma vestidura y librea… como sea la vía que lleva a los hombres a la vida’”. 

“Consta que dada la magnitud del trabajo apostólico Ortiz de Zárate y Solinas pidieron al provincial otro misionero más. Explicando el perfil que debía tener dicen: ‘primero, debe ser totalmente desprendido del mundo y bien resuelto en los peligros y dificultades; segundo, su caridad debe ser suma, para nada miedoso, con un rostro alegre, un corazón amplio, sin escrúpulos impertinentes, porque debe tratar con gente desnuda... Su Reverencia no debería enviar a quien no tuviera tales cualidades, porque sería más un peso que una ayuda’”. 

“Perfil exigente. Que nuestro compañero, el beato Juan Solinas y sus compañeros intercedan por nosotros para que aspiremos a ser esa clase de jesuita, y pidámosle que envíe ese perfil de compañeros a nuestra Provincia”.

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