Lunes 4 de julio de 2022

La UCA presentó el informe "La pastoral migratoria frente a la crisis pandémica en Sudamérica"

  • 16 de junio, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
Impulsado por la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, destaca buenas prácticas a favor de los desplazados durante la crisis sanitaria.
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El Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó el Informe Pastoral 2020: La pastoral migratoria frente a la crisis pandémica en Sudamérica. 

Expusieron el doctor Diego Ferreyra, director de la investigación; la licenciada María Delfina Camusso, coordinadora; y el equipo de investigadores.

A través de una investigación cualitativa, donde se entrevistaron más de 50 instituciones de la Iglesia Católica vinculadas al tema migratorio en la región, se detectaron, analizaron y sistematizaron bajo el formato de Buenas Prácticas las principales acciones de asistencia y acompañamiento a migrantes, refugiados, desplazados internos, desplazados climáticos y víctimas de trata desarrolladas durante los meses de marzo y diciembre 2020, en el contexto de la pandemia Covid-19.

Impulsado por la Sección Migrantes y Refugiados (M&R) del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, este Informe es parte de una iniciativa más amplia desarrollada en cuatro regiones: África, Europa, Centroamérica-México-Caribe y Sudamérica.

En la región de Sudamérica su realización estuvo a cargo de un grupo de investigadores del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), y abarcó a la Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Durante la investigación, se identificaron un total de 217 Buenas Prácticas, de las que se seleccionaron 40 para desarrollar y presentar en este Informe, agrupadas según su contribución a alguno de los cuatro verbos que ordenan las acciones de la pastoral migrante: Acoger, Proteger, Promover e Integrar.

Resumen Ejecutivo
Durante 2020 y como consecuencia de la pandemia, la situación de vulnerabilidad de los migrantes se intensificó en toda la región. Se presentaron mayores flujos de migración ilegal, significativa pérdida de ingresos, aumento de desalojos, y se limitó aún más el acceso a los servicios básicos tales como la salud y educación, así también la pandemia complicó las posibilidades de inserción laboral. En paralelo, la capacidad de acción de las organizaciones se vio altamente limitada por el confinamiento y el cumplimiento de los protocolos Covid-19. 

En un inicio, y ante el desconcierto y desconocimiento, gran parte del accionar se enfocó en la acogida del migrante y en asistir en las situaciones de urgencia generadas por la pandemia. Luego, y a medida que transcurría el tiempo, las organizaciones lograron implementar nuevos proyectos o readecuar antiguos para continuar brindando asistencia a la población migrante, especialmente a través de la entrega de información en torno a cuidados de la salud, y la promoción de opciones para la generación de ingresos.  

La adaptación de las tareas a las nuevas realidades, la búsqueda de cooperación y articulación con otros actores, así como la innovación fueron características de las Buenas Prácticas que se repitieron a lo largo de la investigación en los distintos países.  

En la región hubo coincidencias en que uno de los principales desafíos de los migrantes fue conseguir un lugar donde vivir, lo cual implicaba que muchos buscaran vivir juntos para abaratar costos. Esto es un punto relevante teniendo en cuenta las recomendaciones para evitar el contagio del Covid-19. Las casas de acogida existentes se vieron obligadas no sólo a replantear su modo de funcionamiento y administración, sino también a desarrollar algunos cambios edilicios e incorporación de wifi para poder adaptarse a la situación. Así, la tecnología se destacó como una gran herramienta, lo que permitió continuar con el acompañamiento y ampliar la capacidad de asistencia (por ejemplo, mediante la implementación de plataformas de atención online y talleres virtuales de formación o enseñanza de idiomas). En la contracara, el acceso a la misma se presentó como una barrera que limitó las posibilidades de acción.  

Otro dato relevante y recurrente fue la referencia a la salud mental, de los migrantes y de los agentes pastorales, como un nuevo desafío que tuvieron que abordar en el marco de la pandemia. Así en varios países se reforzaron los servicios de atención psicosocial y se implementaron talleres de resiliencia y fe. 

Muchas de las organizaciones manifestaron la importancia de abordar la situación desde un enfoque de sostenibilidad, no sólo brindando asistencia humanitaria, sino también otorgando información y herramientas para que los migrantes puedan autoabastecerse e integrarse a la población local. 

En esta línea, otro de los aspectos innovadores y que contribuyeron a un alto impacto positivo de las Buenas Prácticas fue la incorporación de “facilitadores interculturales”, sujetos migrantes que actuaban como mediadores con el fin de que el idioma no sea una barrera en el acceso a la atención y además para generar confianza para que efectivamente accedan a estos espacios.  

En cuanto a los principales aprendizajes, se destaca la importancia de abordar a la población migrante no como una comunidad homogénea, dado que existen hacia dentro diversos niveles de vulnerabilidad que afectan principalmente a las mujeres, los niños, ancianos, personas con discapacidad y pueblos originarios. En particular hacia las mujeres, se evidenció que existe una demanda diferencial: el impacto que tienen en su hogar como cuidadoras se ve fortalecido a través de proyectos que fomenten su bienestar integral y la generación autónoma de sus ingresos.  

En el plano de la gestión, la pandemia brindó una oportunidad para desarrollar y mejorar la articulación institucional, entre las diversas áreas hacia el interior de las organizaciones y entre organizaciones de la Iglesia Católica del mismo país.  

Finalmente, tanto en los intercambios virtuales como en la selección final de las Buenas Prácticas, se puede reconocer como centro y motor del accionar el reconocimiento y fortalecimiento de la dignidad de la persona, a través del fortalecimiento de la fe, la autoestima, la alegría y la esperanza. Ello pudo verse en todas las acciones desempeñadas, desde la entrega de productos de limpieza, el acceso a un espacio de descanso hasta el trabajo para la promoción y protección de derechos básicos, como pueden ser el acceso a la educación o la salud.  

A lo largo de todo el periodo analizado, probablemente el más duro e incierto de la pandemia Covid-19 por la falta de información y la radicalización de actitudes de discriminación y xenofobia hacia el migrante, estas Buenas Prácticas dan cuenta del trabajo de la Iglesia para mantenerse cerca, adaptarse y encontrar alternativas que permitan continuar con la acción pastoral, brindando asistencia y acompañamiento tanto espiritual como material.  

Acceso al Informe Pastoral 2020: La pastoral migratoria frente a la crisis pandémica en Sudamérica.+