Viernes 28 de enero de 2022

La diócesis de Catamarca cerró el año dedicado al Beato Fray Mamerto Esquiú

  • 12 de enero, 2022
  • El Suncho (Catamarca) (AICA)
Los actos centrales fueron en El Suncho y presididos por el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc.
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Al cumplirse el 10 de enero el 139° aniversario de la muerte del beato Fray Mamerto Esquiú, la diócesis de Catamarca clausuró el año dedicado a reflexionar sobre su valiosa figura y fecundo legado.

Este tiempo jubilar había sido convocado por el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, el 10 de enero de 2021, año en que la Argentina y el mundo vivió la beatificación del fraile franciscano.

Los actos centrales comenzaron en la tarde del lunes en la localidad catamarqueña de Esquiú, desde donde partió la peregrinación con las imágenes del Beato y de las santas patronas de algunas comunidades de la parroquia San Roque, de Recreo.

 

Al llegar al paraje El Suncho, donde el beato murió, los peregrinos fueron recibidos con los sones de la Banda Militar Coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos, del glorioso 5° de Caballería, Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 5 General Güemes “Los Infernales”, de la provincia de Salta. Seguidamente las autoridades civiles y eclesiásticas presentes colocaron una ofrenda floral en el monolito.

La misa fue presidida por monseñor Urbanc y concelebrada por el vicario general de la diócesis, presbítero Julio Murúa; el párroco anfitrión, presbítero Domingo Chaves; los sacerdotes del clero catamarqueño Ángel Nieva, Santiago Granillo, Marcelo Amaya, Juan Marcos Bellomo y Ramón Carabajal; de Tucumán, Francisco Urbanc y Charbel Chain, párroco de Nuestro Señor del Milagro y San Marón de la Iglesia Católica de Rito Maronita; y Sergio Lamberti, párroco de la Inmaculada Concepción de Frías, Santiago del Estero.

Participaron autoridades civiles locales y de departamentos vecinos, policiales y devotos y peregrinos que llegaron a este lugar de devoción al Beato Esquiú.

“Bienvenidos a esta celebración con la que terminamos este año de honras en honor de Fray Mamerto Esquiú, nuestro querido Beato”, expresó monseñor Urbanc al comienzo de su homilía. 

Tras presentar las intenciones especiales de esta Eucaristía, rogó que “por la intercesión del beato Mamerto Esquiú, pronto podamos tener un nuevo milagro y así alegrarnos de que pertenece al grupo de los santos con la canonización, y de esa manera entra formalmente en el Calendario Universal de la Iglesia”.

Asimismo, expresó la alegría y la gratitud a Dios “por este regalo tan grande que nos ha hecho”, trayendo a la memoria otro acontecimiento importante como fue el Año Mariano Nacional 2020, afirmando que “Tatita Dios nos hizo un cambio. Nos preparábamos para el IV Congreso Mariano Nacional, pero tuvimos la beatificación de Fray Mamerto Esquiú. Y estamos muy contentos”. 

En este sentido, monseñor Urbanc destacó el “gran trabajo realizado durante dos meses: agosto y septiembre, en que se animó a todo el país con distintos temas. Se superó el millón de personas que siguieron de una u otra manera el Congreso -espacio de animación y encuentro virtual-, mucho más que si hubiera sido presencial”.

Tomando el texto del Evangelio referido al inicio de la predicación de Jesús, el prelado afirmó que “cuando Juan Bautista es tomado preso por Herodes, Jesús comienza a predicar invitando a la conversión, porque el ser humano tiene que volver a Dios. Y esta predicación que hacía Jesús es la misma que hacía el beato Mamerto Esquiú. Si hay un tema que es central en la vida de Mamerto es Jesucristo… Es el tesoro que ocupa su corazón. Y él desde niño hizo esa opción porque es lo que vivió en su hogar de un modo extraordinario, y hoy nos congratulamos de que sea beato”.

Luego de reflexionar acerca del llamado que hace Jesús a Pedro, Andrés, Santiago y Juan, monseñor Urbanc dijo que “Jesús necesita colaboradores y hoy nos mira a nosotros para ver quién está dispuesto a dejar todo por anunciar el Reino”, tal como lo hizo con “los 12 y después también con otros discípulos que lo seguían en esta tarea. Hoy tiene que suceder otro tanto”, como “sucedió en el tiempo de Fray Mamerto que también llamó y tuvo sus colaboradores estrechos que lo acompañaron en la hermosa misión que tiene el fraile, el sacerdote, el obispo”.

“Si uno cree que Jesucristo es realmente Dios tenemos que dejarlo todo”, pero “lo más grave que le está pasando a la humanidad es que está el pecado, que es la ruptura de la comunión con Dios, y si uno rompe la comunión con Dios está muerto”, enfatizó, a la vez que llamó a que “no lo sigamos a Jesús de lejos, hay que acercarse, no le tengamos miedo al fuego del amor de Jesús, vale la pena que nos queme. Jesús nos quiere cerca de la luz para que vayamos y demos testimonio de él, para que construyamos el Reino, para que haya muchos que se decidan por él”.

El pastor diocesano señaló que “si hay algo que debemos aprender de Mamerto es su coherencia. Obró en la política, pero no se dejó ensuciar por ella, incluso se fue desencantando, se sacrificó mucho porque él estaba en la verdad de Jesús, y no podía permitir que intereses mezquinos vayan por encima del bien común”.

“Mamerto Esquiú es propuesto como modelo de vida no sólo para los catamarqueños sino para todos los argentinos, porque puso en el centro a Jesucristo. Siempre anunció a Jesús que le iba iluminando la decisión de cada día; iluminando en ese diálogo que había que hacer con la cultura, la política, la economía, con las otras religiones, porque Cristo marca un antes y un después de los seres humanos aquí en la tierra, y nosotros tenemos que afianzar esta verdad”.

Monseñor Urbanc invitó a pedirle a Fray Mamerto que “cuando Jesús nos mira a la cara y nos dice: ‘Vení, quiero que estés conmigo’, dejemos todo, porque hacemos el mejor negocio de nuestra vida porque llegará el día de la muerte y tendremos que dejar todo”.

“Si entendemos eso, la sociedad va a cambiar mucho”, concluyó el obispo catamarqueño.

Hacia el final de su predicación recordó algunas anécdotas que resaltan la humildad del beato Mamerto Esquiú, a quien le pidió “que nos enseñe a ser humildes y a seguir siempre a Jesús”.

Concluida la celebración eucarística, se realizó una procesión alrededor del predio de El Suncho.

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