Martes 4 de octubre de 2022

"La corrupción es el mayor problema del país", lamentan los obispos guatemaltecos

  • 21 de julio, 2022
  • Ciudad de Guatemala (AICA)
En su mensaje tras la asamblea de julio, los prelados lamentan que las consecuencias de la corrupción provoquen que Guatemala ocupe el último lugar en América Latina en cuanto a desarrollo humano.
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“El problema de nuestro país es que la corrupción, irresponsabilidad, intereses y miopía política de los funcionarios en todos los órganos del Estado corrompieron el sistema, abusaron de él y crearon un Estado disfuncional incapaz de cumplir su función de atender al bien común”. La consecuencia es que Guatemala ocupa el último lugar en América Latina en cuanto a desarrollo humano”, afirman los obispos de Guatemala al final de su reunión de julio, en su mensaje titulado “La esperanza no defrauda...” (Rm 5,5).

En su mensaje los obispos reconocen que “aunque muchos de los problemas son históricos, agravados por la situación actual, los gobiernos hicieron planes para resolverlos a corto plazo y con fines electorales”.

En su exhortación, la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) escriben que “la época de transición que vivimos está marcada por la pandemia y otros acontecimientos internacionales como la guerra, la crisis económica, las catástrofes naturales... mientras prevalecen hegemonías en la geopolítica que no favorecen el bien común ni el bienestar mínimo de las personas y su dignidad humana”. 

“Guatemala sigue mal y en muchos sentidos se deteriora” afirman los obispos, que prosiguen: “No vemos todavía mayores frutos en la lucha contra la desnutrición infantil, pues se mantienen altos los índices de violencia y no se han promovido políticas reales y efectivas a favor de la población indígena, pero tampoco a favor de la aplicación transparente de la justicia”.

Además, subrayan: “Es necesario ver esta realidad según la fe, los valores evangélicos y la Doctrina Social de la Iglesia. Seguidores del Crucificado, esperando contra viento y marea, queremos ser fieles a la llamada de Dios para construir su reino, sean cuales sean las circunstancias”.

Por ello, el mensaje de la Conferencia Episcopal resalta la esperanza surgida de la Asamblea Eclesial de la Iglesia de América Latina y el Caribe del año pasado, fortalecida por el camino sinodal, por lo que piden “a los ciudadanos creyentes, pertenezcan o no a una organización política del Estado, a que ejerzan con sentido moral y ético sus acciones en el ámbito público”.

Al sector privado le piden que cumpla su función con sentido moral de su conducta y a los ciudadanos que no practican ninguna religión, que tomen conciencia de que “también la responsabilidad ética y moral de sus acciones contribuyen a crear una sociedad próspera e incluyente”. De ahí que exhorten a llevar a cabo actividades o jornadas cívicas para promover la participación ciudadana, la conciencia política y la elección de candidatos idóneos con conciencia social, proyección política, conocimiento de las leyes y valores humanos y cristianos.

Volviendo a la realidad eclesial, los obispos invitan a vivir la dimensión comunitaria de la Iglesia y de la experiencia cristiana del discípulo misionero, que comienza con la presencia en las celebraciones litúrgicas y continúa en la participación en una comunidad, pastoral, movimiento o grupo parroquial. A continuación, exhortan “a trabajar para y con los jóvenes y niños de nuestras parroquias, que son el presente y el futuro de la sociedad y de la Iglesia y por lo tanto, necesitan de una atención pastoral”.

Finalmente, proponen organizar actividades diocesanas y parroquiales de sensibilización, formación, oración, haciendo uso de los medios sociales y digitales, e invitan a recordar que “la verdadera fe cristiana no es sólo implorar la bendición del Dios verdadero, sino que también es trabajar por la justicia y la paz”. Por último, insisten en que “las celebraciones religiosas de cualquier denominación, en los próximos meses, no caigan en la tentación de mezclar propaganda política con aparente oración”.+