Lunes 22 de abril de 2024

Francisco: "El migrante es Cristo que llama a nuestra puerta"

  • 11 de mayo, 2023
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En un mensaje publicado hoy para la 109ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que tendrá lugar el domingo 24 de septiembre, el Papa reflexiona sobre la "libertad de migrar o quedarse".
Doná a AICA.org

“Libres de elegir si migrar o quedarse”, es el título del Mensaje -publicado hoy por la Oficina de Prensa de la Santa Sede- del papa Francisco por la 109ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 24 de septiembre. 

Al explicar el tema elegido, escribe el Santo Padre que “Libres para irse, libres para quedarse” fue el título de una iniciativa solidaria, impulsada hace algunos años por la Conferencia Episcopal Italiana, como respuesta concreta a los desafíos de las migraciones actuales. 

“Escuchando regularmente a las Iglesias particulares –continúa Francisco– pude comprobar que la garantía de tal libertad es una preocupación pastoral difusa y compartida”. 

Luego, recuerda que “la huida de la Sagrada Familia a Egipto no fue fruto de una libre elección, como no lo fueron muchas de las migraciones que marcaron la historia del pueblo de Israel. El acto de migrar debería ser siempre una elección libre, pero en realidad, aún hoy, en muchos casos no lo son. Los conflictos, los desastres naturales o, simplemente, la imposibilidad de llevar una vida digna y próspera en su patria obligan a salir de allí a millones de personas”.

¿Qué podemos hacer, qué no debemos hacer?
Continuando con su mensaje, reflexiona que “los migrantes huyen por la pobreza, el miedo, la desesperación. Para eliminar estas causas y así poner fin a las migraciones forzadas, es necesario el compromiso común de todos, cada uno según sus propias responsabilidades; según este compromiso, que empieza por preguntarnos qué podemos hacer, pero también qué debemos dejar de hacer”.

“Debemos hacer todo lo posible para detener la carrera armamentista, el colonialismo económico, el saqueo de los recursos de otros pueblos, la devastación de nuestra casa común”, prosigue Su Santidad.

“Para hacer de la migración una opción verdaderamente libre -afirma Francisco-, es necesario esforzarse por garantizar a todos una participación igualitaria en el bien común, el respeto a los derechos fundamentales y el acceso al desarrollo humano integral. Solo así será posible ofrecer a todos la oportunidad de vivir con dignidady realizarse personalmente y en familia”.

Las responsabilidades
Al afirmar que es claro que la principal responsabilidad es de los países de origen y de sus líderes, recordó que, por otro lado, estos "deben estar en condiciones de hacerle frente, sin verse despojados de sus propios recursos naturales y humanos", y sin injerencias externas encaminadas a favorecer los intereses de unos pocos. E incluso cuando las circunstancias permitan elegir entre emigrar o quedarse, será necesario, en todo caso, asegurar que esta elección sea considerada y analizada con claridad, para evitar que muchos hombres, mujeres y niños caigan víctimas de peligrosas ilusiones o de traficantes sin escrúpulos”. 

“Es necesario, se lee en el Mensaje, un esfuerzo conjunto de cada país y de la Comunidad Internacional para garantizar a todos el derecho a no tener que emigrar, es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en su propia tierra”

Al explicar sobre la corresponsabilidad de todos los Estados, ya que aquello consiste en un bien común que va más allá de las fronteras nacionales, afirmó: “Como los recursos mundiales no son ilimitados, el desarrollo de los países económicamente más pobres depende de la capacidad de compartir que se pueda generar entre todos los países. Mientras este derecho no esté garantizado –y queda un largo camino por recorrer al respecto– aún habrá muchos que tendrán que irse de sus países en busca de una vida mejor”.

El migrante es Cristo que llama a nuestra puerta
Después de recordar las palabras del Evangelio de san Mateo (“Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me visitaste, estuve en la cárcel y viniste a visitar"), dijo Francisco: “Estas palabras suenan como una admonición constante para reconocer en el migrante no sólo a un hermano o hermana en dificultad, sino a Cristo mismo que llama a nuestra puerta”.

“Por eso –sostiene el Papa–, mientras trabajamos para que toda migración sea fruto de una libre elección, estamos llamados a tener el mayor respeto por la dignidad de todo migrante; y esto significa monitorear y gestionar sus flujos de la mejor manera posible, construyendo puentes y no muros, ampliando los canales para una migración segura y regular”. 

Francisco concluyó su mensaje recordando el camino sinodal actual de la Iglesia: "El camino sinodal nos lleva a ver, en las personas más vulnerables, entre ellas muchos migrantes y refugiados, especiales compañeros de viaje, a quienes debemos amar y cuidar como hermanos y hermanas, ya que sólo caminando juntos podremos llegar lejos y alcanzar la meta común de nuestro camino”.+

» Texto completo del mensaje la Jornada del Migrante y Refugiado