Domingo 29 de enero de 2023

Falleció Amado Melin, un laico comprometido con la misión en los medios

  • 10 de octubre, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
Tenía 82 años y fue conocido por su apostolado en los medios de comunicación. Siempre buscó "ir más allá en la transmisión del mensaje evangélico". Falleció en Buenos Aires.
Doná a AICA.org

Sentido dolor ha provocado en la comunidad de la parroquia María Madre del Redentor, México 2745, en el barrio porteño de Balvanera-Once, el fallecimiento, acaecido ayer, domingo 9 de octubre, de Amado Melin, un feligrés activo y solidario, que desplegó un intenso apostolado personal y a través de la radio parroquial en los últimos veinte años. (FM parroquial 105.1 MHZ / www.fmparroquial.com.ar

Sus restos mortales son velados hoy en Tres Arroyos 1510, del barrio porteño de La Paternal. A las 14.30  habrá una misa de cuerpo presente en la parroquia María Madre del Redentor, México 2745. Más tarde, sus cenizas  reposarán en la basílica del Espíritu Santo, parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.

Melin falleció a los 82 años, habiendo estando afectado de cáncer de páncreas y siendo operado recientemente por una caída doméstica en el área de traumatología del hospital de Clínicas.

Su espíritu apostólico y singular manifestación expresa de su fe, así como su genuino interés por el bien de los demás, le hicieron granjear la amistad del personal médico y de enfermería, de otros pacientes y sus familiares. Toda conversación era para él motivo de hablar de Cristo y de la Virgen, de la vida eterna, estando siempre dispuesto a aceptar y unirse a la voluntad de Dios. 

Tras la última operación traumatológica estaba desde fines de septiembre en su departamento en la zona de Once, bien rodeado del afecto de la comunidad, que se organizó para acompañarlo, atender a sus necesidades y mantener un servicio de enfermería.

Melin desempeñó su apostolado en los medios de comunicación. Bregó por la existencia de radios católicas, a principios de los años noventa, junto a la abogada doctora Vilma Nora Alí y el ingeniero Guillermo Cravena. Siempre permaneció atento a ese tema, al buen uso de los medios que la Iglesia podía contar para la evangelización para manifestar la presencia de Dios en la vida de la sociedad. Una santa impaciencia parecía moverlo para buscar ir siempre más allá en la transmisión del mensaje evangélico. 

Además de su tarea en grabaciones radiofónicas y audiovisuales, basadas sobre su amplio conocimiento técnico, se desempeñó como fotógrafo profesional -en actos sociales, casamientos, bautismos-, tarea que se vio limitada casi por completo durante el aislamiento por el coronavirus y el tiempo posterior, con limitación de sus recursos económicos.

Siempre mantuvo su programa de radio, "El hombre y la eternidad", cuyo nombre daba idea de su propósito primordial. Era un apóstol de aire profético, atento a decir la verdad en honor a Dios antes que a aguarla para no malquistarse con nadie. En ese sentido, aun desde una radio parroquial se permitía llamar la atención para advertir filialmente a autoridades eclesiásticas y civiles de temas que estimaba que merecían corrección. No temía poner a cada uno frente a sus responsabilidades ante el Señor.  

Desde joven participó en más de veinte largos campamentos en el sur del país, junto con sacerdotes jesuitas, especialmente con el padre José Àlvarez S.J. Iban al predio de la Universidad del Salvador en Villa Mascardi. Intrépido trepador de las montañas, afrontó aludes y tormentas siempre con ímpetu juvenil, hasta hace muy pocos años. 

También era afecto a la bicicleta y otros deportes hasta que su estado de salud le fue impidiendo esas actividades en el último tiempo, teniendo que usar andador y silla de ruedas en los últimos meses, lo que aceptó con espíritu de purificación y sin perder su buen humor. Siempre alegre, afecto al canto y a las manifestaciones de júbilo agradecido por los bienes recibidos del Señor. 

Instantes antes de su fallecimiento, recibió serenamente la unción de enfermos y la comunión sacramental, que le administró su párroco y amigo, el presbítero Ricardo León.+ (Jorge Rouillon)