Viernes 30 de julio de 2021

En 2020 "extrañamos no poder celebrar con la comunidad", admitió Mons. Lozano

  • 31 de diciembre, 2020
  • San Juan (AICA)
El arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), monseñor Jorge Eduardo Lozano, realizó un balance de lo vivido en la Iglesia argentina en 2020.
Doná a AICA.org

Con una descripción del cambio de las rutinas de la Iglesia en la Argentina y en su diócesis, monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), realizó un balance del año 2020.

“En marzo nuestras agendas y proyectos elaborados cuidadosamente se estrellaron contra la pared de la pandemia que aún nos tiene sumergidos en la incertidumbre. Se nos planteó un escenario para el que no estábamos preparados. No contamos con un período de meses de capacitación e imaginación de esta nueva realidad que irrumpió sorpresivamente”, comenzó diciendo el prelado.

Tomando a la Iglesia como la presenta el papa Francisco en coherencia con el Concilio Vaticano II, el secretario del Celam dijo que “es más que una institución orgánica y jerárquica, porque es ante todo un pueblo que peregrina hacia Dios. Es ciertamente un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional”.

Este año, “tuvimos que ser más sobrios en las perspectivas y expectativas de metas a lograr, y redimensionar o postergar nuestros planes y proyectos. Un aspecto positivo es que este tiempo ayuda a purificar las intenciones, los compromisos, la mirada desde la fe”, describió el prelado.

Monseñor Lozano indicó que es bueno tomar las tres funciones o dimensiones clásicas: Kerigma (profeta), liturgia (sacerdote), diaconía-servicio (rey). Sobre la catequesis dijo que, si bien se impuso lo virtual, “lo presencial es irreemplazable”; “se suprimió la tarea misionera casa por casa o en lugares públicos” y destacó que la formación online “fue un muy buen intento para no quedar cruzados de brazos”; igualmente las líneas telefónicas de contención y escucha que se pusieron a disposición en muchas diócesis.

“Extrañamos -prosiguió- no poder celebrar con la comunidad los sacramentos y compartir otros espacios de oración. Suspendimos y postergamos procesiones y fiestas patronales multitudinarias”, y destacó el “gran avance en la virtualidad”, con el que “la Iglesia se desplazó del templo a la familia y a grupos de amigos”. Y aunque en muchos casos se reanudó la presencialidad con las medidas pertinentes, monseñor Lozano afirmó que la virtualidad “es una realidad que llegó para quedarse y nos exige prestarle la atención adecuada”.

“Otra de las actividades que se ve muy afectada es la atención a los pobres en espacios comunitarios. Se entregan alimentos y ropa, pero no estamos habilitados aún para los talleres de capacitación laboral o grupos de contención afectiva, que constituyen una de las propuestas que más ayudan con vistas a la promoción humana”.

Sin embargo, “se multiplicaron comedores y merenderos para ayudar a paliar en parte la crisis alimentaria”, por el gran crecimiento de la pobreza. En este punto, “se mantuvo en casi todo el país la atención y acompañamiento a quienes sufren adicciones, especialmente por medio del Hogar de Cristo, con dificultades para el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social”, señaló.

Al referirse a la sancionada ley de aborto, monseñor Lozano dijo que “hay mucha gente que está en desacuerdo y que ha manifestado su enojo a través de programas radiales y de los medios de comunicación”. Insistió en que la discusión y aprobación de esta ley, no responde a las necesidades y urgencias de la población en este momento del país.

De cara al nuevo año 2021, el secretario general del Celam animó a tener en cuenta algunos elementos: “El sostenido crecimiento de la pobreza nos plantea un escenario de sufrimiento y riesgos serios de desnutrición infantil, con las secuelas permanentes que se generan. Debemos prepararnos para asistir con talleres de capacitación laboral a quienes sean víctimas del desempleo. El retroceso económico afectará a todos”.

Luego recomendó cuidar “que no se profundice la división entre los argentinos bastante incentivada por sectores de poder”, promoviendo en cambio, “la cultura del encuentro y la amistad social”.

Asimismo, alentó a “reinventarnos en cuanto a modos de participación comunitaria”, por ejemplo, con asambleas diocesanas que fomenten la sinodalidad. Por otro lado, admitió que la Iglesia atraviesa un proceso de repensar la catequesis de niños, de jóvenes y adultos, porque “algunos están agobiados por las exigencias de la virtualidad en el ámbito educativo, y otros sin acceso a la conectividad”. 

La misión precisa “nuevos caminos de presencia en el mundo digital. Esto no como una presencia ocasional sino permanente”, indicó. Mientras que, en el ámbito de la liturgia, “hace falta asumir con mayor claridad la riqueza de la celebración de la fe en la familia. A su vez, promover las celebraciones de la Palabra a cargo de ministros laicos idóneos o diáconos”.

Finalmente, mencionó el proyecto del sostenimiento económico de la tarea evangelizadora, que debió ser interrumpido, pero debe reanudarse. “Confiamos que San Juan Bautista, patrono de nuestra Iglesia sanjuanina, nos revitalice con su fervor apostólico, dando savia nueva a nuestra gente, a nuestros catequistas y agentes pastorales, a nuestros sacerdotes y maestros, para que este tiempo de pandemia que venimos atravesando, y que tiene un desarrollo incierto durante el año que comienza nos encuentre afirmados siempre en la esperanza que no defrauda”, concluyó el prelado.+