Jueves 11 de agosto de 2022

Día de las Misiones: Pauline Jaricot, un ejemplo para el mundo de hoy

  • 21 de octubre, 2021
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Durante la presentación del Día Mundial de las Misiones, que se celebra el 24 de octubre, Mons. Giampietro Dal Toso recordó a la futura beata como modelo de misionera.
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Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tuvo lugar la conferencia de presentación del Día Mundial de las Misiones, que se celebra el 24 de octubre de 2021, y cuyo tema es "No podemos callar lo que hemos visto y oído".

Durante la presentación intervinieron el cardenal Luis Antonio G. Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; monseñor Giampietro Dal Toso, presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y subsecretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y la hermana Alessandra Dalpozzo, madre general de las Franciscanas Siervas de María.

La inspiración misionera de Paulina Jaricot
Durante la presentación de la Jornada Mundial de las Misiones, hoy en el Vaticano, monseñor Giampietro Dal Toso realizó una reflexión sobre la figura de Paulina Jaricot -fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe-, cuya beatificación se llevará a cabo en 2022 en el contexto de importantes aniversarios.

El próximo año, de hecho, se celebrarán varios aniversarios ligados al mundo misionero: los 400 años de la Congregación de "Propaganda Fide", los 200 años de la fundación de la primera obra misionera, la Obra de Propagación de la Fe; los 100 años de la elevación a rango pontificio de tres de las cuatro Obras.

Monseñor Dal Toso recordó que Paulina Jaricot será beatificada el próximo 22 de mayo en Lyon y quiso destacar tres aspectos de su carisma. 

El primero es el hecho de que sólo tenía 23 años cuando fundó lo que más tarde se convertiría en la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe: “Este es uno de esos ejemplos que demuestran cómo la verdadera inspiración encuentra un lugar en la Iglesia, quizás precisamente porque llega de una mujer. No hay que olvidar que en ese mismo siglo XIX hubo un enorme florecimiento de institutos religiosos femeninos dedicados a escuelas, orfanatos, catequesis, misiones y hospitales, y en este caso también se trata de una mujer pero que nunca entró en un convento”.

El segundo aspecto –continuó- es que para comprender plenamente a Paulina Jaricot es necesario “partir de su inquietud misionera” y no olvidar sus fundaciones de círculos de oración para la misión, el Rosario Viviente, la Obra de Propagación de la Fe, el intento de construir una fábrica ideal para satisfacer las necesidades espirituales y promover la dignidad de los trabajadores de la época. 

El arzobispo además añadió que “todo lo hizo para evangelizar su entorno francés y apoyar la misión en un momento de fuerte descristianización tras la Revolución Francesa. En definitiva, creo que podemos decir que quería implicar a todos en la misión en tierras lejanas para evangelizar en tierras cercanas”.

Por último, pero no menos importante, el tercer aspecto de Paulina es que “era una semilla de la que brotó un gran árbol -dijo monseñor Dal Toso, añadiendo-, no sólo es excepcional por la santidad de su vida, sino por la grandeza de los frutos de su obra. Puso en marcha un verdadero movimiento misionero espiritual gracias a la Obra de la Propagación de la Fe, que tuvo una difusión inmediata y capilar, también porque se basó en un sistema simple pero ingenioso: grupos de 10 personas, que luego se reunían de 100 en 100 y después de mil en mil con un responsable en cada nivel”.

La Obra fue rápidamente reconocida por el papa Pío VII y en 1825 el Rey de Francia la puso bajo su protección con un regalo de 4.000 francos. En 1822 recaudó 22.915 francos, pero en 1838 ya había recaudado 1.343.000 y dos años más tarde 2,5 millones, el 45% de los cuales se recaudaron fuera de Francia, mientras que el boletín de la Obra cuadruplicó su tirada en sólo cinco años, alcanzando los 40.000 ejemplares en 1830, sin contar las traducciones. 

A este respecto monseñor Dal Toso comentó: “Puedo decir sin dudar que la contribución de las Obras, que nacieron de esta intuición, fue esencial para la historia de las misiones en los siglos XIX y XX, porque involucró a la base de los fieles católicos y los ayudó a sensibilizarse sobre la misión”.

Un carisma que sigue dando frutos
No es sólo un trozo de historia, sino la vida que continúa hoy: el arzobispo recordó que en 2021 la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe apoyó 893 circunscripciones eclesiásticas en territorios de misión con una contribución para gastos corrientes e invirtió más de 10 millones de dólares en la formación de catequistas, mientras que la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol financió la formación de 76.541 seminaristas en 746 seminarios. 

En 2000 nació una nueva asociación pública de fieles en la diócesis de Caserta, que se inspira en ella.

El presidente Dal Toso concluyó recordando que todo esto fue posible gracias al apoyo de los Papas, que promovieron regularmente el carisma de las Obras Misionales Pontificias, y citó lo que el papa Francisco escribió en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de 2021 y en el emitido en 2016, con motivo del 90 aniversario de la Jornada. 

En particular, recordó que se destinó todo el Fondo Universal de Solidaridad, constituido por las ofrendas de las comunidades católicas de todo el mundo, para ayudar a las comunidades cristianas necesitadas y dar fuerza al anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. “No dejemos de realizar también hoy - exhortó el papa Francisco en 2016 - este gesto de comunión eclesial misionera”.+