Martes 3 de agosto de 2021

Con una jornada de Adoración Eucarística, Catamarca pidió por el fin de la pandemia

  • 8 de junio, 2021
  • San Fernando del Valle de Catamarca (AICA)
En la Solemnidad de Corpus Christi, la comunidad diocesana de Catamarca dedicó 12 horas de Adoración Eucarística a pedir por el fin de la pandemia.
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En el marco de la Solemnidad de Corpus Christi, el domingo 6 de junio se llevó a cabo en distintos puntos de la diócesis de Catamarca una Jornada de Oración Diocesana para acompañar a los hermanos en esta pandemia.

Durante 12 horas, entre las 9 y las 21, las distintas parroquias transmitieron por las redes sociales las celebraciones de Adoración al Cuerpo y la Sangre de Cristo, con la participación virtual de miles de fieles que de otra manera no hubieran podido asistir a estos actos tan entrañables para su fe.

La celebración central tuvo lugar en la catedral basílica y santuario de Nuestra Señora del Valle. A las 17, el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, presidió la misa, concelebrada por el rector del santuario, presbítero Gustavo Flores, y por los sacerdotes Luis Páez y Juan Orquera. En el transcurso de esta celebración se leyó el decreto refrendado por monseñor Urbanc, por el que fueron designados ministros extraordinarios de la Comunión, laicos -varones y mujeres- que aceptaron prestar este servicio tanto en la catedral como en las parroquias de la diócesis. Estas designaciones son anuales y se efectúan en la Solemnidad de Corpus Christi.

En su homilía, monseñor Urbanc expresó: "Nos hemos congregado en torno al altar para celebrar solemnemente al Santísimo Cuerpo y la Preciosísima Sangre de Nuestro Redentor Jesucristo, la única comida indispensable para la especie humana”.

El prelado lamentó luego que por causa de la pandemia estamos perdiendo “el mayor sentido de la institución de la Eucaristía, que es comer el Cuerpo y beber la Sangre de Jesús, como Él mismo lo ordenó”, y agregó: “Sé que son muchos quienes, con mucho dolor, extrañan recibir este imprescindible alimento dominical para vivir en la Alianza de Dios con la criatura humana”.

Más adelante, afirmó que en la celebración de la Eucaristía “no sólo hacemos memoria de lo que Él hizo por nosotros, sino que lo saboreamos para nunca olvidarnos de lo que Él significa y es para cada ser humano”.

A continuación, siguiendo con la meditación acerca de lo que el Pueblo de Dios celebra alrededor del altar, sostuvo que “la Palabra de Dios escrita, que se proclama en cada misa, nos ayuda a recordar las maravillosas intervenciones de Dios en la vida humana. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos!”.

“La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás. Por eso, en la Biblia el recuerdo del Señor se transmite de generación en generación, hay que contarlo de padres a hijos…”, destacó. “Pero hay un problema, ¿qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? Y luego, ¿cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado?”, cuestionó.

En otro momento de la predicación, repasando situaciones de sufrimiento que padecemos los seres humanos, el obispo manifestó que la Eucaristía "nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas”.

“La Eucaristía nos sana también de esa negatividad que aparece tantas veces en nuestro corazón, que hace aflorar las cosas que están mal y que nos quiere convencer de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos ‘equivocados’… El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad: son enfermedades, infecciones, debilidades. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad”, reafirmó.

"La Eucaristía es el tesoro al que hay que dar prioridad en la Iglesia y en la vida", afirmó, y animó a redescubrir la adoración, "que continúa en nosotros la acción de la misa. Nos hace bien, nos sana desde dentro. Especialmente ahora, en esta pandemia, realmente la necesitamos”.

Monseñor Urbanc concluyó pidiendo “que San José y la Virgen del Valle nos ayuden a redescubrir el valor de este precioso memorial de la Muerte y Resurrección de Jesucristo, con el que actualizamos en nuestras vidas la Nueva y definitiva alianza de amor de Dios Padre con la frágil y siempre necesitada humanidad, obra cumbre la su acción creadora, redentora y santificadora. ¡Fray Mamerto, apasionado adorador de Jesucristo, ruega por nosotros!”. 

Adoración Eucarística
Posteriormente se realizó la ceremonia de Adoración Eucarística con un recorrido por el interior del templo catedralicio, para rendir culto al Santísimo Sacramento en cinco sitiales, mientras se rogaba por el fin de la pandemia, por los enfermos, los fallecidos y sus familias. En el recorrido se iban rezando los misterios Gloriosos del Santo Rosario.

El primer misterio (altar de san José) se rezó especialmente por las familias y por la vida; en el segundo (altar de Cristo Rey) por el cuidado de la Creación; en el tercero (altar de san Fernando) por la ciudad y el compromiso social; en el cuarto (altar de la Virgen del Rosario) se pidió especialmente la intercesión de María, Madre y abogada nuestra, y en el quinto (altar mayor frente al Corazón de Jesús) para que el Señor nos enseñe a ser buenos samaritanos.

Al final de la celebración, se abrió la puerta central del templo y el obispo bendijo, con el Santísimo Sacramento en alto, a la ciudad, la provincia, el país y el mundo en este momento de dolor que se vive por el Covid-19. Los actos litúrgicos fueron transmitidos por las redes sociales de la catedral y del Obispado, con traducción en lenguaje de señas.+