Sábado 29 de enero de 2022

Carriquiry: Los desafíos que la Independencia no resolvió

  • 27 de marzo, 2012
  • Roma (Italia) (AICA)
Al festejar el bicentenario de sus independencias América Latina se halla en una coyuntura histórica muy favorable para remediar tantas ocasiones perdidas. Para ello debe seguir creciendo económicamente sin olvidarse de la equidad social y buscar una unidad continental que le dé autonomía de los poderes económicos transnacionales. El bicentenario nos pone ante los desafíos que la independencia no resolvió". Lo indicó Guzmán Carriquiry, secretario de la CAL, al presentar su libro "El Bicentenario de la Independencia de los Países Latinoamericanos", en la sede del Instituto Italo Latino Americano. Y señaló -además del idioma y los orígenes culturales- la importancia de la fe, la tradición católica que es el mayor tesoro de estos pueblos, un factor central de agregación que permitirá un desarrollo integral.
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Al festejar el bicentenario de sus independencias América Latina se encuentra en una coyuntura histórica muy favorable para remediar tantas ocasiones perdidas. Para ello tiene que seguir creciendo económicamente sin olvidarse de la equidad social y buscar una unidad continental que le dé autonomía de los poderes económicos transnacionales. El bicentenario nos pone delante a un juicio sobre los desafíos que nuestra independencia no resolvió".

Lo indicó el miércoles 7 de marzo el profesor Guzmán Carriquiry Lecour, secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, en la presentación de su libro "El Bicentenario de la Independencia de los Países Latinoamericanos", en la sede del Instituto Italo Latino Americano.

Y recordó la importancia -además del idioma y los orígenes culturales- de la fe, la tradición católica que es el mayor tesoro de estos pueblos, un factor central de agregación que permitirá un desarrollo integral.

El viaje de Benedicto XVI a México y Cuba que se realiza en este contexto invita a "reavivar la tradición católica de nuestros pueblos para que la fe en Jesucristo, por la intercesión de la Virgen tan amada en la preciosa piedad popular, se enraíce cada vez más en los corazones y en la vida de las familias y en la cultura de las naciones".

Estuvieron presentes el secretario general del Instituto Italo Latino Americano, Giorgio Malfatti di Monte Tretto, que recordó "los vínculos de sangre"; el ministro italiano Andrea Riccardi, que elogió los criterios del libro para entender la realidad latinoamericana y el catolicismo como factor unificador; y el obispo argentino monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, quien indicó una lista de reformas urgentes, desde las infraestructuras hasta la equidad que no sea igualitarismo, en un discurso que fue publicado en el diario vaticano L´Osservatore Romano.

"El bicentenario nos pone -indicó Carriquiry- delante a un juicio sobre los desafíos que nuestra independencia no resolvió", por ello la segunda parte del libro está dedicada "a lo que aún tiene que ser realizado", porque "América Latina se encuentra hoy en condiciones muy favorables para afirmar, reafirmar y consolidar su independencia, naturalmente en condiciones de interdependencia, cooperación y solidaridad, en un mundo globalizado".

Para Carriquiry el punto central entretanto está "en la unidad latinoamericana", porque el proceso de independencia produjo fragmentaciones que crearon "dependencia y atraso". Y porque "aislados y divididos no contamos para nada". En cambio sí unidos, porque "tenemos importantes factores y raíces de unidad como el destino histórico, idioma, tradición católica, matriz cultural barroca y criolla, que alimentan el sentimiento de solidaridad".

Y recordó que en el mundo las uniones o confederaciones de Estados dan supremacía a los pueblos que lo realizan.

Estas condiciones que en el período de la independencia no existían, hoy en cambio toman consistencia "gracias a los procesos de integración de los últimos cincuenta años, los que permitieron un salto de calidad".

El profesor uruguayo recordó que Mercosur, Unasur, regionalización o continentalización resultan un paso obligado y oportuno de reequilibrio que le permita a América Latina irrumpir como protagonista en la escena mundial. "Se hicieron pasos de gigantes" aunque se empantanan "cuando se limitan a tratados de libre comercio" o a "palabras retóricas o cumbres políticas".

En ocasión de los bicentenarios se presentan enormes desafíos: "desde la modernización tecnológica de nuestras economías, al combate de la marginalización de los sectores pobres, las crecientes desigualdades, mayor justicia social, participación democrática y credibilidad, así como la violencia e inseguridad promovida por el narcotráfico".

Y recordó que Benedicto XVI "el 12 de diciembre pasado, el día de la Virgen de Guadalupe, patrona de América Latina, presidió en la basílica de San Pedro una misa solemne de fuerte resonancia latinoamericana con motivo del bicentenario", en cuya oportunidad anunció el viaje apostólico a México y Cuba.

Para el profesor latinoamericano "la intención principal del Papa es la de confirmar y reavivar la tradición católica de nuestros países para que la fe en Jesucristo, por intercesión de la Virgen, tan amada en la preciosa piedad popular, se enraíce cada vez más en el corazón y en la vida de las familias y en la cultura de las naciones. No hay que olvidar la originalidad histórico cultural de América Latina, continente en el que aproximadamente el 80% de sus habitantes son bautizados en la Iglesia católica".

"Un patrimonio afectado por la creciente secularización, por el naturalismo religioso, la expansión pentecostal y de algunas formas de sincretismo" al cual la Iglesia responde en la conferencia de los obispos en Aparecida "con una misión continental de nueva evangelización".

Si este patrimonio histórico cultural se perdiera, dijo, América latina "sería aplastada por la cultura dominante de la globalización consumista y por el espectáculo transnacional, tecnocrático, unidimensional y perdería una fuente importantísima de su identidad e independencia espiritual".

Y concluyó recordando que "si la tradición católica cae en desuso, si no se realiza un trabajo de educación en la fe, sin el empuje de una nueva evangelización, y si esta tradición católica no se vuelve el alma y la fuerza propulsora de un auténtico desarrollo y crecimiento de humanidad, quienes perderán serán nuestros pueblos".+