Martes 7 de diciembre de 2021

Cafayate celebró a Nuestra Señora del Rosario

  • 7 de octubre, 2020
  • Cafayate (Salta) (AICA)
La comunidad de Cafayate celebró las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora del Rosario y el 51° aniversario de creación de la prelatura. Memoria agradecida de Monseñor Jiménez.
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Con una misa presidida por el administrador apostólico, presbítero Pablo Moreno, y en el marco de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la Iglesia particular, la prelatura de Cafayate celebró el 51° aniversario de su creación. 

Al comienzo de su homilía, el sacerdote recordó al recientemente fallecido obispo prelado: “Me duele la ausencia de nuestro querido padre y amigo monseñor José Demetrio, que el año pasado compartió con nosotros esta fiesta”.

“La Virgen del Rosario tuvo gran influencia en la vida de la Iglesia. Santo Domingo de Guzmán afirmó que la Virgen María se le apareció en 1208 en una capilla,  con un rosario en las manos, que le enseñó a rezarlo y que le dijo que lo predicara entre los hombres, ofreciendo diferentes promesas referidas para quienes lo rezaran, y el santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, la Virgen del Rosario se convirtió en la Virgen de la Victoria”, relató.

“Mucho después, en el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto (atribuida a la Virgen), donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos que invadían Europa denominándola también Nuestra Señora de las Victorias, e invocándola, además, como Auxilio de los Cristianos”, continuó.

“Vinieron luego otras más, por lo que León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió varias encíclicas referentes al rosario y consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de ‘Reina de Santísimo Rosario’ en la letanía de la Virgen. Más tarde, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858, como la de Fátima en 1917 pidieron a sus videntes que rezasen el Rosario para que la Virgen, vencedora de tantas batallas, ayudase al hombre de hoy a vencer las suyas”, agregó.

En ese sentido, destacó que “el rosario es escuela de oración: Hemos rezado el rosario del alba, continuando la ancestral costumbre de nuestra comunidad” y detalló: “El rosario que es la Escuela de María, donde nos enseña a dar gracias por los beneficios de cada día y nos conduce, con la meditación de los Misterios de su Hijo Jesús, amarlo cada día más. María debe alentarnos a responder con fidelidad al Señor, también en este tiempo de pandemia y de dolor”. 

“¡Un tiempo que nos está haciendo reflexionar sobre nuestra ‘nueva cultura’, que ha pretendido construir una sociedad donde el hombre fuera la medida de todas las cosas y que relega a Dios como algo innecesario para la vida e incluso inútil, por no decir dañino, pues se afirma limitar el poder omnímodo del hombre y su autonomía total. Se pretende responder a las verdades del hombre y del mundo con los avances tecnológicos, pero sin dar respuesta al alma humana y a sus interrogantes, sino, más bien, produciendo mayores vacíos y acosando a la persona a la soledad y desesperación”, advirtió.

“Esta pandemia ha tirado por tierra esa pretensión y nos ha obligado a elevar nuestra mirada hacia nuestro Dios, implorando su amparo y protección. Y nos está obligando a recorrer ‘el camino de la cercanía y la cultura del encuentro’. Nadie se salva sólo, todo estamos en la misma barca, el Papa nos invita, en la Encíclica ‘Sobre la Fraternidad y a la amistad social’ a preguntarnos y convertirnos en cercanos a nuestros hermanos, donde estén. Debemos tener, nos pide el Papa, ‘un corazón abierto al mundo entero’, tratando de romper cadenas y evitar grietas, construyendo puentes de unidad y de fraternidad”.

Finalmente, enumeró algunas peticiones a Nuestra Señora del Rosario: “Recemos todos unidos, a los pies de Nuestra Madre, por las familias que crezcan en el amor y el compromiso en la educación de los hijos; para que dé fuerza a los padres para ser los protagonistas en la transmisión de sus valores y su fe, sin dejarse arrebatar por nadie su misión de padres otorgada por Dios. Que se acerquen a Dios, por medio del sacramento del Matrimonio, para constituir familias, pequeñas iglesias domésticas donde esté presente el amor y la fidelidad”.  

“Recemos por los jóvenes para que les dé valor en las pruebas y esperanza en la dificultad; que no permitan que se los ‘atrape’  la mundanidad con el vino y con la droga, menos aún el pecado que les aparta del bien; para que afronten con valentía la solicitud fácil de las pasiones que les hacen esclavos del egoísmo, la sensualidad y la comodidad”, continuó.

“Recemos por los niños, enfermos y ancianos, que sepamos mostrarles con nuestros ejemplos el camino del cariño, la cercanía y el acompañarles en esas etapas de la vida tan delicadas. No le dejemos solos, sepamos estar cerca de cada uno de ellos”, animó.

“Recemos también por los que nos gobiernan: para que no se busquen a sí mismos ni sus intereses, sino, por encima de todo, el bien común, la justicia, la solidaridad y la paz, que ineludiblemente han de estar fundadas en el respeto a la persona y sus derechos”, concluyó.

“De la mano de María, sepamos aceptar la Voluntad del Señor y nos hagamos siempre ‘servidores del Señor’”.+