Lunes 4 de julio de 2022

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Cuerpo y Sangre de Cristo

Homilía de monseñor Han Lim Moon, obispo de Venado Tuerto, en la solemnidad del Corpus Christi (20 de junio de 2022)

Amar: ¿entregas lo que tienes o también a ti mismo?
¿Te repartes entre los que amas?

Dicen que, en una tribu de África, donde un misionero brindó todo los mejor de sí mismo a ellos, al final de su vida también accedió a la costumbre que ellos tenían: cuando muere alguien muy querido, creman su cuerpo, luego trituran sus huesos y, por último, lo untan con banana y lo comen hasta consumirlo todo. Esta costumbre nos ayuda a comprender mejor el Evangelio de hoy.

Jesús enseña, cura y alimenta a la gente y así brinda todo lo mejor que tiene Él a favor de la multitud, eran 5000 hombres. Pero, cuando una persona ama al extremo a los demás, no sólo basta dar lo que tiene, sino que quiere darse a sí mismo, en pedazos, partiendo y repartiéndose a todos. Seguramente esta lógica la entienden muy bien los padres que se reparten por sus hijos.

Y este milagro del evangelio de hoy es la introducción y el anticipo de lo que Jesús va a dar al final de su vida, su Cuerpo y Sangre. Así lo hizo el jueves santo en la Última Cena por amor a todos los hombres. Esta es la expresión máxima de su amor. Además, Él nos pide en cada Misa: “Hagan esto en memoria mía”. Y al obedecer su mandato multiplicamos su Cuerpo hecho Pan para que todos los hombres lo coman y vivan eternamente.
En esta fiesta de hoy haremos la procesión con Jesús Eucaristía, quien sale a buscar a todos los hombres a quienes ama. Es decir, el Amor sale a buscar a sus amados que somos todos.

Ahora, a todos nosotros, que formamos parte del Cuerpo del Señor por el Bautismo y que reforzamos nuestra comunión con Él a través de la Eucaristía, Él nos invita a recibir su amor y, a su vez, a amar a todos los hombres como Él. Y, por ser parte suya, nos llama a convertirnos en pan repartiéndonos a todos para que lo coman a Él.

Para esta multiplicación de los panes, el Señor necesita colaboradores bien dispuestos a hacer lo mismo que Él: no solo entregar el evangelio, sino dar la propia vida (cf. 1 Tesalonicenses 2, 8). Dar todo lo que tenemos y todo lo que somos por los demás. Él necesita, al menos, algunos voluntarios valientes para su multiplicación de panes para la vida eterna de todos los hombres.

Entonces, hoy, Jesús, que ama a todos los hombres sale a recorrer nuestra ciudad. Por un lado, para mostrar su amor, que se hizo Pan para darle la vida eterna a todos. Por eso, Él dijo: “El que me come, vivirá eternamente”. Y, por otro lado, para buscar colaboradores que hagan lo mismo que Él, que lo imiten: ser pan para ser “comidos” por los demás. Justamente, mi escudo episcopal expresa estos dos aspectos: Jesús partido y repartido entre la multitud, que nos invita a hacer lo mismo que Él.

Por eso, Jesús dice: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Apocalipsis 3, 20).
¿Quieres abrir la puerta de tu corazón para recibirlo? ¿Y quieres ser mensajero de su Buena Noticia de amor recorriendo la ciudad en busca de todos los hombres para que lo reciban todos?

Le pedimos a la Virgen María y a San José que nos ayuden a recibir a Jesús y su amor y a darlo a luz a todos los hombres. Amén.

Mons. Han Lim Moon, obispo de Venado Tuerto