Jueves 2 de febrero de 2023

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"Él me envió..."

Homilía de monseñor Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, durante la Misa Crismal (Catedral de Quilmes, 13 de abril de 2022)

Hermanas y hermanos:

“¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! Es como el óleo perfumado sobre la cabeza, que desciende por la barba –la barba de Aarón– hasta el borde de sus vestiduras” (Sal. 133, 1-2)

Estamos contentos porque nos podemos reunir a celebrar; porque estamos vivos, porque nos pudimos trasladar hasta la Catedral, signo de la unidad del pueblo que camina en esta populosa región del sur de Buenos Aires. Venidos de Berazategui, de Florencio Varela y de Quilmes. ¡Nos sentimos miembros de la Iglesia diocesana de Quilmes!

Venimos con los corazones llenos de emoción acompañando a nuestros diáconos y sacerdotes que renovarán sus promesas; participaremos de la bendición de los óleos para los sacramentos con que Dios acaricia y sana a su pueblo; y regresaremos llevando los óleos y el crisma perfumado a todas las parroquias, haciendo presente el Reino con los mismos gestos, palabras y estilo de Jesús.

Hago presente el saludo del Padre Obispo Luis Stöckler que ayer cumplió años y pensaba acompañarnos hoy. No lo puede hacer por no sentirse bien. Rezamos por él.

Cada año escuchamos estos textos de la Sagrada Escritura. Nos presentan al Ungido, “enviado a llevar la buena noticia a los pobres” (Isaías 61,1); a aquél que “nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre” (Apoc. 1, 5-6). Con toda humildad y coraje Jesús se presenta como el Mesías, el Ungido por el Espíritu, frente a sus paisanos de Nazaret, ”Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc. 4, 21)

En la Misa Crismal del año pasado, en medio del fragor de la pandemia, situándonos en el Camino Sinodal, les presentaba, como un ícono que nos acompañara, este pasaje del evangelio: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor…” (Mc 6, 34)

Hoy damos gracias, porque nos ayudó a estar cerca de todo sufrimiento, a vendar las heridas, a poner el oído a los necesitados de escucha y consuelo, para dar una mano en los centros de asistencia alimentaria, de contención y ayuda de todo tipo. La compasión nos limpió los ojos para ver el dolor de nuestro pueblo y acompañarlo en sus angustias y necesidades. Aunque distantes por los cuidados sanitarios, con nuestros templos semiabiertos, mantuvimos nuestros corazones abiertos de par en par para hacernos uno con el dolor y el padecimiento de los demás. A la vez que experimentamos el alivio producido fundamentalmente por una vacunación efectiva y al alcance de todos, también hemos experimentado el dolor profundo de las heridas que la muerte ha causado en las familias y comunidades. Hoy, queremos traer a nuestro altar, particularmente, a los diáconos y sacerdotes que vivieron su pascua en este último año: Diácono Nicolás Sarriés (16/4/21); diácono Hernán Jorge Rollano (11/5/21); diácono Omar Marucco (6/4/21). El P. Leonardo SALA (4/9/21); el P. Enio Cargnello (20/12/21); el P. Nicasio Aníbal “Poroto” Alegre (25/1/22); el P. Francisco urbanija (7/4/22) y el P. Ulrich Theodor Timpte (8/4/22)

Todas y todos seguimos caminando en sinodalidad, siendo parte de la Iglesia universal convocada al Sínodo por el Papa Francisco. El 19 de marzo, en la Casa Santo Cura Brochero realizamos el Primer Encuentro del Camino Sinodal, convocados por el lema: “De qué vienen hablando por el camino”. (cfr. Lc. 24, 13)

Todas las comunidades parroquiales de la Diócesis, durante este tiempo, van replicando ese encuentro, de una manera creativa, para que las personas de nuestros barrios y ciudades, cualquiera sea su procedencia, su edad, sus actividades o trabajos, puedan ser escuchados.

“Él me envió...” dice Jesús. Es lo que puede decir cada uno de nosotros cristianos, ungidos del Señor. ¡Cuánto más los diáconos y sacerdotes! somos enviados. Somos una misión, más que “tener” una misión. Discípulos misioneros de Jesús. Al modo de Jesús, con su estilo.

“Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él” . Fijémonos en Jesús, ayudados por los evangelios. No se puede comunicar de cualquier manera la Buena noticia de Dios. Jesús lo hacía con un estilo inconfundible. Jesús acoge, escucha, acompaña. No parece preocupado por la moral, sino por el sufrimiento concreto de cada persona. No se lo ve obsesionado por defender su doctrina, sino atento a quien no sabe cómo vivir bien, sanamente. Tantos pasajes del evangelio corroboran esto. No lo vemos en son de conquistar gente. No impone ni presiona a nadie. Él propone un camino. Tira la semilla generosamente. Sabemos que ya no somos una iglesia “poderosa, segura, autoritaria, que pretende, aunque sea secretamente, imponerse a todos (cfr. Pagola ”El camino abierto por Jesús”, pg. 290-291) Cada vez será más inútil endurecer nuestra predicación o intensificar nuestras condenas. Tendremos que seguir aprendiendo de Jesús a “recibir la vida como viene, escuchar y acompañar”. Descubriremos que el Evangelio lo comunican los creyentes en cuya vida resplandece el amor compasivo de Dios. Sin esto, todo lo demás es inútil. Nosotros tenemos el ejemplo claro y providencial del P. Obispo Jorge Novak ¡siervo de Dios con todas las letras!

Agradezco de corazón a ustedes, queridos diáconos, a sus esposas y familias, que hasta con riesgo de sus vidas, no se cansan de vivir su diaconía, sirviendo de corazón. Tenemos a Hernán como ejemplo, que realmente dio la vida por los pobres. Gracias al Instituto Diaconal, que se las ingenió para seguir brindando sus servicios. Pronto tendremos la ordenación de nuevos hermanos. ¡GRACIAS!

A ustedes, queridos sacerdotes, les agradezco también su ministerio que en este tiempo de pandemia demostraron el amor a la gente, cuidando a todos, particularmente a los más desprotegidos, y buscando por todos los medios posibles que la comunidad tuviera el alimento de la Palabra, pero también, en muchos casos, para que tuvieran el pan de la mesa, porque la falta de trabajo y la enfermedad, dieron un golpe duro a la economía frágil de nuestra gente. Procuremos en este tiempo recrear el Encuentro del pasado 19 de marzo, con los instrumentos que nos facilita la Comisión para el Camino Sinodal. Es un humilde camino, pero con la fuerza dinamizadora del Espíritu de amor que, como el aceite, suavemente se derrama y obra en el corazón de todos los creyentes.

Hermanas y hermanos de todas las comunidades: Gracias por estar aquí. Gracias a todos por la oración que nos fortalece y nos anima. Gracias por tantos gestos de amor con el que construyen el Reino de Dios cada día, de mil maneras diferentes, con constancia y con generosidad. En medio de tantos dolores y padecimientos de todo tipo, ustedes y cientos de miles de personas, dan muestras de fortaleza, sobrellevando con dignidad y paciencia tantas cruces, y haciendo lo indecible para ganarse el pan de cada día y cuidar a los suyos con afecto, sacrificio y bondad. De esa manera imitan tan claramente a la Virgen María que “sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura” (EG 286) ¡GRACIAS!

Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes