Lunes 15 de agosto de 2022

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Jornada Mundial de los Pobres

Mensaje de monseñor Marcelo Julián Marghi, obispo de Avellaneda-Lanús, con motivo de la V Jornada Mundial de los Pobres (14 de noviembre de 2021)

Por quinto año consecutivo, nos unimos a toda la Iglesia en esta Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco bajo el lema: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7).*  

En su mensaje, el Papa nos advierte sobre el crecimiento desproporcionado de la pobreza a nivel mundial en el último tiempo, en parte debido a la pandemia y sus dolorosas consecuencias; un aumento que, previsiblemente, se acentuará aún en los próximos meses. «Es urgente dar respuestas concretas —escribe el Papa— … La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura» (Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres, 5).  

Desde nuestro lugar, quisiéramos agradecer de modo especial a quienes, a lo largo y a lo ancho del territorio diocesano de Avellaneda Lanús, durante estos largos meses, no cesaron de asistir a los pobres en sus necesidades más urgente de abrigo, alimentación y medicamentos. Comedores comunitarios, merenderos, noches y ollas de la caridad, paradores, bancos de medicamentos, roperos comunitarios, y tantas otras iniciativas solidarias han sido, en el silencio del servicio discreto, la voz y el testimonio de la iglesia de la caridad que nunca calla.  

Y al mismo tiempo quisiéramos, junto al Papa Francisco y a todas las comunidades eclesiales en el mundo, unirnos por la visibilización de los pobres. Si la pobreza crece, ha de crecer también nuestra sensibilidad y nuestra solidaridad con los pobres. Afirma el Papa: «Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy» (Mensaje, 9).  

En Argentina también celebramos hoy una jornada democrática, ejerciendo el derecho popular a elegir a sus legisladores. Los animo fervorosamente a la participación considerando los necesarios caminos de verdad, justicia y paz que nuestro pueblo necesita para encarar la reconstrucción de post pandemia. En muchos sentidos este es un tiempo inédito: inédito por todo lo que hemos vivido; inédito por las consecuencias dramáticas que la pandemia ha dejado y por las desigualdades ya existentes que ha puesto aún más de manifiesto; inédito también porque, tras la pandemia, el camino que tenemos por delante resulta en gran medida desconocido y nuevo. Por lo pronto, llegamos a vislumbrar que afrontar sus desafíos es tarea que nos comprometerá a todas y todos y que nos llama, ahora más que nunca, a una renovada generosidad y a una esperanza activa, perseverante y creativa. El crecimiento alarmante de la desocupación, las dificultades para asegurar la subsistencia cotidiana en las familias, la pérdida del poder adquisitivo del salario marca la vida de miles de hermanas y hermanos de nuestro pueblo. Ya desde ahora, no podemos hacer la vista a un costado, ni velar sólo por nuestros propios intereses. Un cambio de mentalidad, una nueva solidaridad con los dolores y esperanzas de quienes más sufren, un compromiso activo en la promoción de la vida digna, resultan hoy indispensables. La reconstrucción post pandemia nos convoca a todos y todas.  

Mons. Marcelo Julián Marghi, obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda, 14 de noviembre de 2021